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El dolor debajo del sombrero plantea una metáfora lúdica sobre el proceso creativo

Obra de Martín Zapata que se estrenó en la Muestra Nacional de Teatro de 2005 // Se monta en La Capilla con dirección de Carlos Virgen

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▲ La puesta en escena se presenta hasta el 17 de marzo.Foto cortesía de Yazmín Jáuregui
 
Periódico La Jornada
Viernes 13 de marzo de 2026, p. 4

¿Cuál es el destino de los personajes de una obra teatral una vez que han cumplido su misión? ¿Adquieren vida propia, se quedan a la deriva o sólo se desvanecen hasta perderse en el olvido?

Lo anterior es una de las aristas de El dolor debajo del sombrero, obra de Martín Zapata, que, a dos décadas de su estreno en la Muestra Nacional de Teatro de 2005, se presenta hasta el 17 de marzo en el teatro La Capilla (Madrid 13, Coyoacán), los martes a las 20 horas.

La puesta corre a cargo de Trabuco Teatro, en una coproducción con Coctel Producciones Culturales. La dirección escénica es de Carlos Virgen, quien marca distancia del montaje original al conferirle un tono fársico y cinematográfico.

La obra se presta a ese manejo, según el director, pues su entramado es similar al de los filmes Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry, 2004) y ¿Quieres ser John Malkovich? (Spike Jonze, 1999).

Al igual que esas cintas –con guiones del estadunidense Charlie Kaufman–, explica, esta creación introduce al espectador en la mente de sus protagonistas, convirtiendo los pensamientos en un espacio físico que puede ser explorado.

“Es un juego mental: unos personajes que viven en la cabeza de un autor y, de pronto, ante la incertidumbre de su condición y el temor de haber sido abandonados, se preguntan cómo enfrentarán ese vacío en el que los ha dejado su creador”, señala.

“La obra es una metáfora lúdica y conmovedora sobre lo que permanece cuando el creador se ausenta: sus criaturas, solas, habitando un mundo incompleto.”

La historia transcurre en un escenario minimalista donde dos escritores –Daniel y Jeremías– juegan, narran historias y se enfrentan al absurdo de la existencia, atrapados en un limbo teatral. La llegada de Ana, guionista expulsada de la mente de un hombre que ya no escribe, los confronta con su naturaleza: ¿son reales o meras creaciones abandonadas?

“A través del humor, la melancolía y el juego con el lenguaje se exploran el miedo al fracaso, la renuncia a los sueños, la lealtad, la fragilidad del amor y la condición del artista frente a la creación y el abandono”, apunta el director en entrevista.

Con un elenco integrado por Ditmara Náder, Hamlet Ramírez y Horacio Trujillo –quien también participó en aquel estreno hace 20 años–, este montaje es una manera de “jugar con el teatro dentro del teatro”, destaca Virgen.

“Más allá de la relación con el escritor que los creó, ellos mismos son creativos –un dramaturgo, un narrador y una guionista– y tienen miedo a no seguir creando. Encuentran que uno de los medios de encararlo es disfrutar lo que hacen, verlo como un juego. Entonces, hay que seguir jugando y contando historias”, refiere.

“La vida es un juego, el arte también. Decía el filósofo Maurice Merleau-Ponty que el arte es una forma de moverse en el mundo, y creo que en los tiempos que vivimos esa reflexión se vuelve esencial: entender que el arte, la creatividad, es una forma de imaginar horizontes distintos, no sólo a nivel individual, sino también comunitario.”

Acerca de por qué optó por la farsa en esta propuesta, destaca que “el tono juguetón permite entrar a estos temas fundamentales de la existencia humana de manera ligera y accesible”.

En cuanto a lo cinematográfico, considera que ayuda a dar mejor panorama de las situaciones. “Se emplea una corporalidad muy al estilo de Buster Keaton que apuntala esa cuestión fársica. En tanto que para el personaje de Ana, los puntos de referencia son divas del cine clásico al estilo de Audrey Hepburn y Sofía Loren: mujeres inalcanzables, casi semidiosas y muy inteligentes”.

En un sentido más amplio, Virgen busca demostrar con esta obra que “el teatro independiente no necesariamente se empeña en contar temas densos, difíciles o exquisitos, sino que también puede ser muy fresco, divertido y estar en otro tono”.