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Kast asume presidencia de Chile; firma decretos contra migrantes

El ultraderechista promete un gobierno de emergencia con “mano firme” para poner orden al caos

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▲ El mandatario José Antonio Kast y su esposa, María Pía Adriasola, en el balcón del palacio de La Moneda, después de rendir protesta.Foto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 12 de marzo de 2026, p. 27

Santiago. José Antonio Kast, el ultraderechista admirador del dictador Augusto Pinochet e integrista católico, asumió ayer la presidencia de Chile en una ceremonia republicana en el Congreso Nacional, tras la cual, desde un balcón en el palacio de La Moneda, sede del gobierno, aseguró que “nos han entregado un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar”.

Afirmó que “las finanzas públicas están debilitadas, el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado, las familias se sienten abandonadas por el Estado”.

Resaltó que para enfrentar los problemas en seguridad, salud y empleo, entre otras, “Chile necesita un gobierno de emergencia y eso es lo que vamos a tener; no es un eslogan, es la realidad que vamos a vivir; es orden donde hay caos, alivio donde hay dolor, mano firme donde hay impunidad y esperanza concreta para quienes han sido ignorados”.

El nuevo mandatario prometió “gobernar con carácter, que no es arbitrariedad, sino hacer lo que hay que hacer aunque sea incómodo e impopular; la autoridad tiene que ser fuerte porque nuestro país así lo demanda, no para someter, sino para proteger a los compatriotas”.

Según Kast, Chile enfrenta enemigos reales: “son quienes se han tomado nuestros barrios, corrompido a los jóvenes y quienes han ingresado vulnerando nuestras fronteras para delinquir, explotar a otros y convertir nuestro suelo en tierra de nadie”.

La jornada comenzó con un hecho de sangre que probablemente la marcará por siempre: en la madrugada, en la ciudad de Puerto Varas, mil kilómetros al sur de la capital, un uniformado que participaba en un control policial rutinario recibió un disparo en la cabeza que le causó muerte cerebral.

El grave suceso, que resonó hora tras hora durante los ritos del traspaso del poder –los medios alternaban sucesivamente imágenes de lo que acontecía en el Parlamento con detalles del acontecimiento trágico–, precipitó las primeras declaraciones de Kast, que hizo del crimen una nueva ocasión para machacar acerca de su promesa de ser implacable con la violencia delicuencial que azota al país.

“Cuando atacan a un carabinero nos atacan a todos, aquí va a haber un antes y un después, el que agrede a un oficial agrede a Chile, a la patria, a nosotros, y esto va a cambiar, porque lo vamos a perseguir, lo vamos a encontrar, lo vamos a juzgar y le vamos a aplicar todo el peso de la ley”, aseguró.

El arribo de Kast supone un sustantivo cambio de rumbo en el devenir de Chile, que desde 1990, cuando acabaron los 17 años de dictadura, tuvo seis gobiernos de centroizquierda –dos encabezados por demócratas cristianos, tres por socialistas y uno por el juvenil Gabriel Boric, del Frente Amplio– ante dos del derechista Sebastián Piñera, un inversionista financiero devenido en político que siempre aseguró haber sido contrario al dictador.

El bandazo que acaba de darse, al saltar desde el izquierdista Boric al ultraderechista Kast, luego de un feroz y masivo estallido popular en octubre de 2019, que dio paso a dos procesos constitucionales –uno dominado por sectores progresistas, independientes e indigenistas, y otro por la ultraderecha afín a Kast– y finalmente ambos fracasados; se trata de un asunto que los científicos sociales intentan entender a cabalidad.

Pero ciertamente sí tiene que ver con las desilusiones que la sociedad arrastra respecto de las instituciones públicas, partidos políticos y élites, percibidas como abusadoras, corruptas y alejadas de la cotidianidad de la población.

Dispone blindar la frontera

Tras entronizarse en La Moneda, Kast dedicó tiempo a firmar decretos ejecutivos relacionados con sus promesas: uno, asegurar la fronteras del país para impedir el ingreso irregular de personas, mediante la construcción de zanjas y obstáculos físicos; dos, aumentar la dotación de policías y militares en la zona norte, y la habilitación de centros para la retención y expulsión de aquellos; tres, auditar el estado de la hacienda pública; cuarto, la designación de un vicealmirante a cargo de la seguridad en la “macrozona norte”; cinco, acelerar la revisión de los permisos medioambientales pendientes, “poniendo en el centro a las personas” con el fin de impulsar el crecimiento.