Opinión
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Ciudad perdida

¿Qué quiere Trump de México? // Muerte protegida por balas de Estados Unidos // El gobierno republicano acaba con sus ciudadanos

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o me queda claro: ¿qué quiere el señor Trump de México?

Para nadie es un secreto que entre la verdad del agente naranja y la realidad hay una gran diferencia. La verdad de Trump está construida de falsedades y caprichos, la realidad es otra, son hechos. ¿Está claro?

Por eso es que el señor se atreve a lanzar amenazas veladas sobre nuestro país, mientras la realidad es que los jóvenes de la tierra desde donde dicta el curso del tiempo actual han perdido la fe en la vida. Las barras y la estrellas ya no significan nada para ellos y prefieren escapar del destino manifiesto que les promete la muerte en alguna guerra inventada por Trump, en dosis mortíferas de cualquier droga.

¿Por qué nadie le dice que Nueva York apesta a mariguana, de esa que se produce en los clósets de los departamentos de los chavos en California, por ejemplo?, ¿por qué nadie lo lleva a algunas calles de San Francisco para que mire el espectáculo de los jóvenes viviendo sobre las banquetas, torcidos por los efectos del fentanilo y su desesperación porque no tienen futuro? ¿Por qué no batalla en contra de la adicción que, como él sabe, es una demanda que se tiene que saciar?

Está bien: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga”, según él, pero la violencia de la que habla no es a mentadas de madre, es a balazos, a muerte, y para que eso suceda los violentos tienen que tener los instrumentos que dañan, que matan, y ¿de dónde vienen las armas y la municiones que causan la violencia? ¿De verdad lo ignora el sujeto?

Que alguien le diga que los que mandan las armas y las balas, de todos tamaños, son los mismos que contribuyeron a su campaña y también son los que alimentan el “epicentro de la violencia de los cárteles”, pero esos son intocables, y entonces esa violencia que dice preocuparle nunca terminará porque no querrá atentar contra los vendedores de violencia que lo hicieron presidente.

No entiende que la muerte que llega a sus jóvenes está protegida por las armas y las balas de su propio país. De muchas maneras es el gobierno republicano el que mata a sus propios ciudadanos. ¿Será que no lo entiende?

Tal vez sí, pero de ninguna manera está dispuesto a atentar en contra de sus socios del crimen. Quienes fabrican armas requieren de la violencia para hacer negocio. Sí se acaba con el tráfico de armas, si las armas que se fabrican en Estados Unidos ya no llegan ilegalmente a México, el descenso de la violencia sería más que significativo, pero eso no va a suceder.

Aunque sería casi imposible saber con precisión a cuánto asciende el trasiego de armas, hay estudios serios que advierten que el “negocio” de la muerte significa por ahí de los 500 millones de dólares al año, que benefician a las cerca de 10 mil armerías instaladas en la frontera entre los dos países.

Una de las cifras más aterrantes en todo esto es la que nos dice que el 70 por ciento, más o menos, de las muertes violentas que suceden en nuestro país se realizan con alguna de las armas que provienen del contrabando que no cesa y que llega, según estudios de los propios Estados Unidos, a cerca de 200 mil piezas.

¡Que alguien le diga a Trump que deje de alimentar el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga porque también son signo de muerte para sus jovenes! Nada más.

De pasadita

¿Qué pasa en el Congreso local, que nadie se atreve a poner un alto al caos de las motocicletas? El problema es cada vez más grande y peligroso. Aguas.