a influencia internacional del dólar se asocia con su función como moneda de reserva. Una moneda internacional se usa extendidamente entre países para saldar los intercambios de bienes, servicios y activos diversos. El dólar es preponderante entre las reservas, con 57 por ciento del total utilizado y representa 89 por ciento de las transacciones en los mercados de divisas.
Las condiciones financieras pasan por un periodo incierto y se cuestiona la estabilidad del dólar y sus consecuencias en la estructura y dinámica de los mercados financieros.
Dado el predominio de la economía estadunidense al final de la Segunda Guerra Mundial y tras los acuerdos de Bretton Woods, de 1944, cuando se crearon el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se estableció un sistema de tipos de cambio fijos, junto con la convertibilidad de dólar en oro a un precio prestablecido y se conformó su papel especial como moneda de reserva.
Entre 1971 y 1973, tal sistema se terminó a partir de la declaración de inconvertibilidad declarada por el gobierno de Estados Unidos. El fin de Bretton Woods y la redefinición del sistema monetario significó que los países replantearan sus activos de reserva, sobre todo porque el oro dejó de ser el estándar que respaldaba el valor de las monedas.
Por el uso que cumplen, las monedas de reserva tienen que ser seguras, o sea, que su valor relativo no se reduzca. Y deben, también, ser líquidas; es decir, que puedan usarse en cualquier momento. Los bancos centrales mantienen reservas para administrar el tipo de cambio de su moneda, asegurar la capacidad de pagar las importaciones o incluso para cubrir contingencias, como la de un desastre natural.
Otras monedas usadas como reserva son el euro, con una proporción de 20 por ciento del total; el yen, con 6 por ciento; la libra esterlina, 5, y el dólar canadiense y el renminbi chino entre 2 y 3 por ciento, cada uno. Los principales tenedores de reservas internacionales de divisas son China, Japón, Suiza, India y Rusia.
Los cambios que ocurren, o incluso los que se anticipan en los tipos de cambio, tienen un efecto en la proporción de las reservas por tipo de divisa que se mantienen en los bancos centrales. Esto se deriva del hecho que su proporción está ligada precisamente por el valor relativo.
Así, si se genera la expectativa de que una moneda, como es el caso del dólar y debido a su relevancia, pierda valor, se intentará cambiar la composición de las reservas, lo que incidirá en una presión adicional a su depreciación. El oro es considerado una protección de valor, sobre todo durante los periodos de tensión e incertidumbre económica y política, a lo que se añade la baja de rendimiento de las divisas en los mercados. Estamos en una situación de ese tipo.
Los bancos centrales aumentan la tenencia de oro en sus reservas, que superan la cuarta parte del total, la proporción más alta en tres décadas. Esto ha recordado lo dicho por Keynes en cuanto a que hay un retorno a una “bárbara reliquia”, ya que no corresponde a la deuda de nadie, pero funge como un refugio seguro.
El así llamado “privilegio extraordinario” que ha tenido el dólar enfrenta una nueva situación derivada del uso político que se le ha dado en la relación económica con otros países e, igualmente, en el proceso de gestión interna de la política monetaria, cuya competencia reside en la Reserva Federal (el banco central).
El asunto se centra en el cuestionamiento de la estabilidad de largo plazo de la moneda. Hay una reacción ante esto por parte de gobiernos mediante la diversificación de sus reservas, de sus sistemas de pagos y la facturación de sus transacciones comerciales. Incluso se ha abierto el espacio para el uso de bitcóin, al que ahora se le llama “oro digital” y al que recurren también algunas empresas como un activo de reserva. El propio gobierno estadunidense creó una Reserva Estratégica de Bitcóin en marzo de 2025.
El cambio que se advierte en general es la diversificación y el acceso a otras fuentes que provean de liquidez, pasando de una divisa a otra con mayor flexibilidad. Los estudios indican que se va creando una infraestructura financiera al margen del dólar. El proceso de transformación funciona mediante acuerdos entre países, el uso de medios de pago digitales y redes de inversiones denominadas en otras monedas, pero el dólar sigue siendo la divisa hegemónica, a pesar de las medidas para desdolarizar las transacciones. Esto se sustenta en el más líquido mercado de capitales y lo que esto representa para la eficiencia de los sistemas de pago. La Fed es el banco central con mayor capacidad para soportar al conjunto del sistema financiero.
La función de la Fed tras la crisis de 2008 se ha transformado, como bien lo plantea el estudio de Perry Mehrling titulado La Nueva Lombard Street:Cómo la Fed se ha vuelto el intermediario de última instancia, más allá de su tradicional función de prestamista de última instancia. Este es un aspecto relevante en el modo de operación compleja de los mercados financieros a escala global.
Según el análisis del Banco Internacional de Pagos, de Basilea, el dólar mantiene su posición dominante en el sistema financiero global. La cuestión abarca su función como el vehículo más importante para las operaciones de divisas y, también, en los préstamos internacionales. La proporción del dólar en las transacciones globales supera de modo notorio su participación en el producto interno bruto global, lo que apunta a su relevancia en términos estructurales. En todo caso, el sistema financiero y el reordenamiento de los mercados globales son un proceso en curso en medio de un entorno global crecientemente conflictivo.











