Los temas para la columna // Opiniones diversas sobre un protagonista // Seguirle el paso al presidente de EU, todo un reto
ues con la novedad de que la breve encuesta que decidí llevar a cabo entre los lectores de la columneta para definir los contenidos sobre los que consideran que valdría la pena entablar nuestra charla semanal en futuras emisiones no funcionó, pese a lo sencillo de la disyuntiva planteada, a saber: continuar como lo hemos venido haciendo durante los dos sexenios pasados, es decir, comentar un asunto actual que sea de interés colectivo y compartir la información con la que se cuente o darle seguimiento a las locuras del supuesto nuevo presidente de Venezuela. A partir de aquí es a los lectores a quienes corresponde, si así lo desean, “echar su cuarto a espadas” (vieja expresión de los siglos XVIII y XlX relacionada con la práctica de la esgrima). Hay un buen número de participantes que solicitan se les conteste de manera personal y no dentro del texto que aparece en el diario. Sus motivos tendrán y la columneta respeta el anonimato, pero les sugiere a los abajo no firmantes, el uso de un sobrenombre, de un seudónimo privado que sólo se use para platicar con la columneta, la cual tiene un largo historial de confiabilidad. Pero regresando a la consulta que hice a la multitud, debo decir que me dejó en las mismas y hasta me hizo sentir demasiado naif. Veamos dos o tres opiniones: 1. ¿Para qué te haces? Todo lo que se refiera a esta bestia peluda (Trump) nos interesa y nos irrita, pero no nos recetes una purga cada semana. 2. Di todo lo que sepas. Siempre hay cosas que uno está seguro de que ocultan más de lo que nos dicen. 3. No es correcto que preguntes si debes cumplir con tu obligación. Cumple 4. Si no le echa usted la culpa al presidente Trump de todo lo que él hace por defender a su país y a todos los nuestros, orgullosamente norteamericanos, no le van a pagar su verdadero salario allá donde usted cobra. 5. Se ve que tú nunca has vivido aquí y allá. Quiero a México pero nunca dejaré de usar mi pasaporte, con este documento, pese a ser morenita, en todo en todo el mundo me tratan súper.
Pues estas son algunas respuestas a la absurda disyuntiva que, abrumado por los tiempos tan definitorios que vivimos, me planteé. Me doy por contestado y ya me dirán ustedes si la columneta logra “campechanear” (para los extranjeros: verbo coloquial mexicano que suple a mezclar o combinar). Pero, por favor, tomen en cuenta lo difícil de llevarle el paso al presidente Trump, que usualmente habla 34 horas diarias durante los 40 días del mes.
Tenemos guardadas en el “cajón de sastre”, que diría Miguel Ángel Granados Chapa, algunos reportajes que sólo al leerlos me muero de muina y me propongo tratar en las siguientes columnas, pero resulta que para el día siguiente ya quedaron superados. Por ejemplo, las opiniones de Jane Fonda, de Ellen DeGeneres y Robert De Niro. Tengo también las reacciones de un gran número de artistas y funcionarios del John F. Kennedy Center al darse a conocer la decisión de Trump de convertirlo en un centro cultural organizado bajo sus indicaciones. Se autonombró presidente de la institución y en otra de sus cada vez más frecuentes provocaciones, que apoyan el diagnóstico de su progresivo deterioro cerebral, ordenó que en el frontispicio del centro cultural se colocara el nuevo nombre de la institución: The Donald J. Trump and The John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts. Ayer domingo 8 de marzo, desde la mañana que comencé a leer periódicos, me topé con una nota cuyo encabezado me jaló de inmediato. Leí el texto varias veces porque tenía la estúpida esperanza de un error del reportero o una equivocación en el personaje. Finalmente tuve que aceptarlo y antes de envolverme en la bandera nacional y juzgar sin oír a la involucrada, decidí compartir con ustedes esta información y juntos sacar nuestras conclusiones.











