Lunes 9 de marzo de 2026, p. 25
La escalada de la guerra en Medio Oriente, que expone un nuevo shock, se ha convertido rápidamente en un problema económico global, pues un conflicto de varias semanas provocará un impacto en la actividad productiva, donde las empresas y los bancos centrales están en zozobra, prevén analistas.
La inflación, que no sólo se limita al choque del petróleo y gas, se dispara; los bancos centrales tendrán que cambiar de rumbo y la guerra va a restar necesariamente “unas décimas” del producto interno bruto (PIB) mundial.
Dependiendo de la magnitud del alza del petróleo y de su duración, podría generar un alza en la inflación y con eso eliminar la expectativa de nuevas bajas en las tasas de interés con implicaciones en las valuaciones de las empresas, destacó Carlos Ponce, socio fundador y director general de SNX.
Y es que el choque inflacionario no se limita al petróleo, pues se empezará a afectar la energía, el transporte, la logística, los fertilizantes y también las cadenas de suministro global.
Irán es el tercer país con mayores reservas de crudo del mundo (11.8 por ciento del total) y es el tercer productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, pese a recibir recurrentes sanciones internacionales.
Más allá de lo que produce, Irán controla el acceso al estrecho de Ormuz, punto de tránsito más importante del mundo. Por esta vía circula 20 por ciento del petróleo mundial y cualquier interrupción en esta zona tendría un impacto inmediato en los precios internacionales del crudo.
Según la magnitud del alza del petróleo y de su duración, podría generar un alza en la inflación y así eliminar la expectativa de nuevas bajas en las tasas de interés con implicaciones en las valuaciones de las empresas, expresó Ponce.
De acuerdo con Alejandro Gómez, director general del Grupo de Asesores en Economía y Administración Pública, despacho especializado en consultoría económica y financiera, el shock que se ve es una inflación multisectorial, pues los primeros datos ya muestran aumentos en energía, transporte aéreo y costos agrícolas.
Por ejemplo, la gasolina en Estados Unidos sube de 2.98 dólares a 3.41 dólares por galón en una semana; el costo del transporte aéreo de Asia-Europa sube 45 por ciento desde el inicio de la guerra. El cierre de aeropuertos claves como el de Dubái eliminó casi 20 por ciento de la capacidad global de carga aérea. El combustible para aviación en Europa sube 72 por ciento, presionando tarifas de logística. En tanto, el precio de la urea (fertilizante) sube cerca de 25 por ciento en una semana, golpeando al sector agrícola, principalmente.
“El problema es que estos choques se transmiten rápidamente al resto de la economía: alimentos, manufactura, comercio global, transporte, energía. El riesgo ahora es claro: menor crecimiento y más inflación, lo que podría complicar las decisiones de los bancos centrales en los próximos meses”, precisó Gómez.
En un análisis, comentó que si el conflicto se prolonga, el shock inflacionario apenas comenzaría.











