Egresados consideran que las normales no deben desaparecer, sino actualizarse
Lunes 9 de marzo de 2026, p. 31
Tixtla, Gro., “Aquí (en la Normal de Ayotzinapa) aprendí a juntarme con el pueblo y a luchar con los de abajo; mantener la ideología siempre de izquierda, de transformación, eso es lo que más nos quedó de Ayotzinapa”, dice con orgullo Sergio de Memije García, conocido como El Casetas. perteneciente a la generación 2013- 2017”.
Egresados de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa que participaron en las actividades culturales con motivo del centenario de la institución, coincidieron en que allí aprendieron no sólo a educar, sino también a mantener los ideales de transformación; manifestaron que “las normales rurales no deben desaparecer, sino transformarse, adaptarse a nuestro tiempo”.
–¿Te tocó el problema que se vivió en Iguala (la desaparición de los 43 estudiantes)? ¿Qué recuerdas ahora que ya eres egresado? –se le preguntó a Memije García.
–Sí, así es. Creo que somos los que podemos dar una narrativa del suceso; me gustaría que los demás camaradas estuvieran también aquí en el centenario, algunos desaparecidos; en este caso todavía con la exigencia de búsqueda; otros más caídos todavía, de toda esta persecución política, pero sí te consterna porque Ayotzinapa sabe lo que es formarte, pero también sabe lo que es sufrir.
Desde los 43 seguimos siendo víctimas
Memije García recordó que su primer trabajo como maestro fue en (la sierra de) Filo Mayor; “pero desafortunadamente este proceso de violencia de Estado nos llevó al estado de México, buscamos un lugar más seguro, hacemos familia con otras normalistas y por la inseguridad seguimos siendo desplazados, seguimos siendo víctimas desde los 43 de Ayotzinapa”.
Enseguida presenta a la también maestra: “mi esposa es egresada de (la Normal) de Panotla (Tlaxcala). También participó en el movimiento de los 43; ella es generación 2014-2018, de los 43, y pues mi niño que sigue manteniendo los ideales del normalismo, de maestros normalistas.
La entrevista se realizó en el Taller de Serigrafía de la Normal de Ayotzinapa, en el municipio de Tixtla, luego se colocó a un lado del niño, y pidió a los responsables: “búscale a mijo una playera con la imagen del Che Guevara”; después pidió al menor: “A ver, cante la canción al Partido Comunista (del dueto Anthar y Margarita)”, petición a la que el menor accedió.
El egresado dijo que se dio tiempo de venir al centenario: “doy clases en el estado de México, en la zona Pirámides de San Martín”.
A la Normal de Ayotzinapa llegaron maestros de distintas normales, como Orlando Garduño Jiménez, quien comentó: “Vengo de la Rafael Ramírez (en Chilpancingo), ser normalista es una gran responsabilidad para educar a los niños que van a ser los futuros ciudadanos de nuestro país. Pensé en ser maestro cuando ingresé a la escuela a los 15 años. Las circunstancias de la vida me llevaron por ese camino. Hoy me siento bien, voy contento; de ninguna manera me siento arrepentido o desilusionado, siento que elegí el camino adecuado para mí; esta sociedad necesita ser educada, con maestros preparados y con visión de futuro. He sido maestro en la Costa Chica, en los municipios de Cuautepec y en San Marcos; también en Mochitlán”.
Lester Giovanni Pérez Ortega, de la generación 2001-2005 en Ayotzinapa, comentó: “soy de Michoacán, y allá radico actualmente; pero creo que todos los egresados (de Ayotzinapa) sentimos nostalgia porque nuestra escuela ha perdurado a pesar de los intentos de privatizar la educación y de desaparecer la normal; ahorita cambió el color, pero las formas no. Nos sentimos muy orgullosos de que sea centenaria nuestra escuela; nuestra escuelita, nuestra alma mater, y pues esperemos que siga en lucha, resistiendo.
–Además de ser maestro, ¿qué aprendiste aquí en la escuela?
–Aprendí la cuestión de los murales, participamos unos compañeros realizando Los tres filósofos, me llené de inquietud de la danza también, las estoy reproduciendo en mi comunidad; la cuestión de los logotipos, ahorita también entré al diseño del muralismo, me fui al diseño. Fuimos afortunados, mandamos el diseño de logotipo del centenario, y su servidor quedó seleccionado, entonces es un orgullo”.
–¿En qué comunidades estuviste aquí en Guerrero?
–Trabajé en la sierra olvidada de Tlacoachistlahuaca (Costa Chica); estuve primero en la comunidad de Santa Cruz Yukucani; teníamos que entrar por Putla, Oaxaca; me tenía que salir del estado de Guerrero y entraba después en el Limón Guadalupe. Posteriormente me trasladé a mi estado natal. Voy a terminar mi vida siempre como maestro, siempre, siempre. Estamos frente a grupo, estoy en una comunidad rural, no pienso en lo inmediato cambiarme porque me siento muy contento en mi tierra; hay una comunidad rural; entonces yo creo que son los valores que nos arraiga la escuela normal”.
Norberto Guerrero Santos, egresado de la generación 93-97, dijo: “me trae gratos recuerdos venir a celebrar los 100 años (de la institución); cuando estudiamos aquí nos comportamos como todos unos alumnos en los planes 93 y 9. Teníamos el deseo de salir delante; de estudiar, porque venimos de familias humildes y hoy que estamos como profesores frente a grupo trabajando y venimos a reforzar nuestros conocimientos. Soy de San Jerónimo de Juárez Guerrero, de la Costa Grande. Llegué de 17-18 años, aquí a la normal de Ayotzinapa”.
Yo creo que “las normales rurales, como la de Ayotzinapa, no deben de desaparecer; se deben transformar; deben salir adelante; deben adaptarse a nuestro tiempo. Esa es la lucha que se tiene constante, para que el normalismo siga adelante con esa adaptación a los tiempos. Yo inicié en la Sierra de San Miguel Totolapan (Tierra Caliente) en campamento de Vaca, Toro Muerto, Pericotepec después nos bajaron a Arcelia a lo que es la Rivera del Balsas, ahí en Santo Tomás, El Guayabo, Santo Niño y llegué a Arcelia”.
Finalmente, el subdirector académico de la Normal de Ayotzinapa, Miguel Santos Abraham, señaló: “Yo egresé del Centro de Actualización Magisterial Chilpancingo: “El normalismo es importantísimo en esta situación, nos permite repensar la situación social, convocarnos, realmente es una forma de expresión y, sobre todo, Ayotzinapa es una forma de vida; es una forma de subsistir, a pesar de todas las presiones; es una forma de darnos a conocer en este momento de nuestro centenario; es una forma de dar realce a esta situación de lo que son las normales rurales”. A futuro y siempre “las normales siguen siendo necesarias en todos lados…
–¿Pervivirá el normalismo rural en este país?
–¡Claro, por supuesto! Mientras las injusticias, la inequidad y la falta de recursos afecte a las comunidades, siempre van a hacer falta maestros rurales que nos permitan estar en estos contextos.











