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Exposiciones en el Museo Tamayo promueven los trabajos artísticos en conjunto

En tiempos de crisis social, invitan a apreciar los diálogos en temas como la espiritualidad y la corporalidad

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▲ La muestra Wayamou: Lenguas de lo común recupera más de 100 piezas, entre dibujo, video, escultura, instalación y un mural de los artistas Laura Anderson Barbata y Sheroanawe Hakihiiwe.Foto cortesía del Museo Tamayo
 
Periódico La Jornada
Lunes 9 de marzo de 2026, p. 5

Los intereses de la actual gestión del Museo Tamayo se ven reflejados en las dos exhibiciones con las que el recinto inicia su programa expositivo para 2026: Wayamou: Lenguas de lo común, con obra de la mexicana Laura Anderson Barbata (1958) y de Sheroanawe Hakihiiwe (1971), indígena yanomami de la Amazonia venezolana, y la colectiva internacional El gesto y lo invisible.

De acuerdo con Andrea Torreblanca, directora del recinto, dichos intereses giran en torno al “diálogo con América Latina y el arte contemporáneo”, además de temas específicos como “la espiritualidad, lo performativo, la corporalidad, y entender todos estos cruces en tiempos de crisis social en que la idea de trabajar en común y colectivo es bastante frágil”. Ambas muestras colocan al frente “la idea de lo común, de encontrarse y trabajar en conjunto”.

Wayamou –que significa “solucionar con buena comunidad para no hacer daño o guerra” en yanomami– surgió de un encuentro en los años 90 entre Anderson Barbata y Hakihiiwe, quien decidió convertirse en artista después de asistir al taller de elaboración de papel artesanal con fibras naturales que impartió la mexicana. Desde entonces trabajan en conjunto una serie de proyectos, entre éstos el primer libro de la cultura yanomami.

Percibir el entorno con los sentidos relajados

En esta exhibición, la primera vez que se reúne la obra de ambos artistas, se pretende “hacer un camino del arte contemporáneo que es distinto a lo que conocemos”, apuntó Torreblanca. Comprende más de 100 piezas, entre dibujo, video, escultura, instalación y la comisión de un mural. Como parte de la muestra, en el patio central del museo se instalaron varias hamacas, las que pueden utilizar los visitantes para descansar y percibir el entorno con los sentidos relajados, listos para escuchar, una parte implícita del término wayamou. Más que una cronología, entabla un diálogo entre los expositores que desarrollan también trayectorias individuales.

La obra de Hakihiiwe se ha orientado hacia el rescate de la memoria oral de su comunidad, su cosmogonía y sus tradiciones ancestrales. Comenzó a dibujar inspirado en los símbolos utilizados en la cestería y la pintura corporal yanomani. “Hace mucho tiempo nuestros abuelos y abuelas nos dejaron algo muy importante para seguir haciendo. Continuamos por donde ellos nos enseñaron el camino”, expresó el artista en rueda de prensa.

Justicia social y medio ambiente

A partir de 1992, la artista transdisciplinaria Anderson Barbata ha desarrollado proyectos “sostenibles, centrados en el arte, que integran compromisos colaborativos y participativos para abordar asuntos de justicia social y medio ambiente”. Desde hace mucho ha tenido la inquietud por “observar el mundo natural y pensar en las semillas como metáfora del interior humano”, porque “allí es de donde nos conectamos con el espíritu o la espiritualidad”. Es de la idea de que “con calor y cariño, la semilla empieza a transformarse. Buscaba eso en mi interior, ese momento en que a esa semilla interior le sale esa naricita de la primera raíz que brota y no deja de cambiar, crecer y evolucionar. Eso es lo que sigo buscando, ese alimento para el interior humano, el mío, y también inspirar, si se puede, para que al convivir con las piezas cada persona tenga esa sensación, ese despertar”.

Invitación al movimiento

El gesto y lo invisible, por su parte, integrada por 13 artistas “de diferentes bagajes culturales y geográficos de formación y prácticas”, ofrecen una obra que “de alguna forma versa alrededor de la coreografía, el cuerpo y lo performático, aunque hay piezas que acompañan este diálogo desde diferentes lenguajes”, señaló Abril Zales, curadora en jefe del Museo Tamayo. De hecho, algunos de los expositores fueron bailarines que ahora se expresan mediante las artes visuales, como el canadiense Brendan Fernandes y la estadunidense Trisha Brown.

El título es una “alusión” o “invitación” al movimiento. Es decir, “de reconocer la relevancia que tiene para las células, los organismos, en una microescala, en la regeneración de las partículas para preservar la vida, en un espectro mucho más amplio”. O sea, en qué medida “el movimiento, acompañado desde lo social o lo colectivo, tiene una potencia fuerte también que incluso tiene impacto en la vida urbana, pública y política”.

Los otros expositores son Anthony McCall y Cally Spooner (Reino Unido); Bruce Nauman, Renée Rhodes y William Forsthe (Estados Unidos); Calixto Ramírez y Samara Colina (México); Julio LeParc y Marcelo Brodsky (Argentina), y Rita Ponce de León (Perú).

En su obra 1968, el fuego de las ideas, una instalación sobre la pared, Brodsky examina la “potencia que tiene el cuerpo en la calle”. A este recorrido por los movimientos sociales en diferentes ciudades del mundo ha agregado un texto en referencia a los asesinatos recientes de George Floyd, Renée Good y Alex Pretti. El gesto espontáneo de este último de “poner el cuerpo para defender a una mujer que protestaba en la calle, le costó la vida”.

Zales señaló que las curadurías y exposiciones que se han trabajado para el programa 2026 y en adelante, “enfatizan la investigación curatorial. Es decir, que estaremos viendo muchas muestras colectivas, en las que la investigación y el diálogo son claves para concretar los resultados”.

Las dos exposiciones permanecerán hasta el 26 de julio en el Museo Tamayo (Paseo de la Reforma 51, Primera Sección del Bosque de Chapultepec).