tiendo la petición de amables lectores y extiendo brevemente mis reflexiones sobre la transmisión eléctrica.
Sobre esa gran red aparentemente silenciosa que sostiene e impulsa la transición energética, pero también la lucha por la justicia energética. Con diversos mecanismos. Estaciones de control de voltaje y dispositivos que permiten la transmisión de electricidad y el control de la potencia. Condensadores e inductores pequeños y grandes que almacenan electricidad en un campo eléctrico y magnético y que permiten desfasar la corriente y controlar el factor de potencia.
Interruptores eléctricos de operación automática diseñados para proteger circuitos de sobrecargas. Con los extraordinarios Sistemas de Supervisión, Control y Adquisición de Datos (SCADA) para coordinar centrales, envíos y centros de carga. Para activar y desactivar elementos del sistema. Sin duda, se trata un maravilloso conjunto que hoy experimenta una profunda transformación tecnológica. Permitirá –subrayo con emoción– una mayor descarbonización merced –precisamente– a una penetración eléctrica sustentada en fuentes renovables, en particular eólicas y solares, pero también hidráulicas y geotérmicas.
Los diversos estudios de la IEEE, Power & Energy Society, de la International Energy Agency, de la ENTSOE-E, de la North American Electric Realiability Corporation, que no sólo los de CIGRE, –cito y cumplo con ello la solicitud de amables lectores– coinciden en caracterizar la gran transformación en orden a integrar esa generación renovable –intermitente y volátil– sin alterar la estabilidad, la seguridad ni la confiabilidad del suministro.
Aquí de nuevo ofrezco un breve señalamiento –me lo solicitan– de las actuales innovaciones tecnológicas que lo permiten. Desarrollo de líneas de corriente directa de muy alta tensión (HVDC). Hacen posible transportar enormes cantidades de electricidad a muy alta tensión y grandes distancias, con pérdidas relativamente bajas y –sobre todo– con control preciso del flujo de potencia. Es la base, sin duda, de la creación de enormes “corredores eléctricos”, que vinculan regiones distantes. Incluso países. Transmiten energía de ricas zonas de recursos renovables –desiertos solares, corredores eólicos o complejos hidroeléctricos– hacia los principales centros de consumo.¡Pero cuidado!, es necesario respetar al máximo –sí, absolutamente– a las comunidades y pobladores y propietarias originales de esa riqueza natural.
Sin olvidar el 27 Constitucional. ¡No se ha hecho en todos casos de manera justa e integral! ¡Lo aseguro! Por eso –hoy más que nunca– urge una justicia energética integral. Impecable. Para utilizar con rigor técnico y justicia los convertidores eléctricos de potencia, que soportan una conversión más eficiente entre corriente alterna y corriente directa. Facilitarán la conexión de parques eólicos terrestres y marinos, grandes plantas solares, enlaces eléctricos submarinos, zonas ricas en vapor endógeno y recursos hídricos. Y apoyarán el tránsito hacia sistemas de muy alto voltaje en corriente directa (HVDC) multiterminal.
Y redes de corriente directa malladas con nodos de interconexión y superredes eléctricas internacionales. Asimismo, con redes híbridas (corrientes alterna y directa) que superponen enlaces ya existentes y posibilitan ampliar la capacidad de transmisión así como mejorar el control de los flujos con buena parte de la infraestructura existente. Pero, insisto: únicamente sobre la base de la justicia energética se podrán instalar inversores formadores de red ( grid-forming inverters) que harán posible que centrales solares y sistemas de almacenamiento apoyen la estabilidad del sistema eléctrico, al regular frecuencia y tensión.
Ya no amplío la necesidad de renovados condensadores síncronos, que proporcionan inercia eléctrica, potencia de cortocircuito y soporte de tensión. Y que –reitero– frente a la enorme incorporación de renovables reducen la necesidad de los enormes generadores síncronos tradicionales. Y –de nuevo– recuerdo los sistemas de baterías (BESS). Almacenan electricidad cuando existe abundancia de generación y la liberan cuando el sistema lo requiere.
Pero que hoy –advierto– exigen una nueva regulación para evitar su utilización dispendiosa, especulativa y rentista. Por lo que deben sustentarse también en un nuevo marco de justicia energética con pobladores y localidades donde se encuentran no sólo los recursos naturales limpios –agua, vapor endógeno, sol y aire– sino los enormes corredores de transmisión que los comunicarán. Nunca más energías limpias sobre convenios sucios. ¡Nunca! De veras.












