Acompañar y abrazar a las universitarias de Morelos
ún no enterraban a una compañera cuando ya les habían matado a otra, lo que mantiene a la comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) en paro y en las calles, aun con las amenazas anónimas que han recibido por movilizarse: “por cada facultad que tomemos, van a desaparecer a una chava”, les advirtieron.
El hartazgo puede más que el miedo. Saben que si no protestan continuará la cadena de feminicidios contra jóvenes universitarias o no, y que “hoy son ellas, pero mañana puede ser cualquiera”. Kimberly Joselin Ramos Beltrán, estudiante de la UAEM, fue reportada como desaparecida el 20 de febrero en el campus Chamilpa y fue localizada sin vida el 2 de marzo en las inmediaciones de la institución. Mientras que Karol Toledo, de 18 años y estudiante de derecho en la Escuela de Estudios Superiores de Mazatepec, de la misma UAEM, fue desaparecida el 2 de marzo, después de acudir a clases, y encontrada sin vida el 5 de marzo en el municipio de Coatetelco.
La imagen de un grupo de jovencitas cargando féretros de cartón color blanco tapizados con pintas exigiendo justicia para sus compañeras, precede las movilizaciones de este domingo 8 de marzo, que en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en México se ha convertido en el día de la mujer asesinada, de la madre buscadora, de la joven desaparecida, de la trabajadora acosada, de la niña violentada, de la defensora y la periodista asesinadas.
La universidad, lejos de ser un lugar seguro, se ha convertido en un espacio de vulnerablidad para las estudiantes. Las jóvenes han denunciado robos, falta de alumbrado público, cobros arbitrarios y acoso sexual de parte de docentes, trabajadores y estudiantes. “No llegamos todas”, gritan en las calles de un estado gobernado por una mujer (Margarita González); en una universidad que tienen como rectora a otra mujer (Viridiana Hernández León), a quienes acusan de omisiones e indiferencia. Ser mujer en el poder no es garantía de nada.
Abrazar la lucha de estudiantes de la UAEM es lo que corresponde al resto de la sociedad. No dejarlas solas es un imperativo moral. Este 8 de marzo no sólo se trata de marchar, sino de acompañar.












