Sábado 7 de marzo de 2026, p. 22
Washington. En el Departamento de Seguridad Interior (DHS), algunos funcionarios “lloraron de felicidad” esta semana por el despido de la secretaria de seguridad, Kristi Noem, y afirmaron que “cualquiera es mejor que esa asesina de perros”, reportó el Washington Examiner.
Quienes habían trabajado directamente con Noem y su principal asesor, Corey Lewandowski, descorcharon champán. “La gente en la oficina llora de felicidad”, declaró una persona al medio.
En la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, que forma parte del DHS, el personal expresó su alivio por la partida de la funcionaria, después de que las políticas que implementó durante su mandato de un año ralentizaran las respuestas de socorro en casos de desastre, informó el portal Notus.
Noem se convirtió en la primera víctima importante del gabinete del presidente Donald Trump en su segundo mandato, después de que la despidiera por medio de una publicación en su plataforma Truth Social.
El mandatario designó a Mark-wayne Mullin, senador de Oklahoma, ex luchador de MMA de 48 años y aliado del movimiento MAGA (Make America Great Again), para reemplazarla.
Noem encabezará una nueva iniciativa al dejar su cargo a finales de mes.
Sufrimiento bajo custodia
Las llamadas al 911 del personal de Camp East Montana, en Texas, el mayor centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), se sucedieron a un ritmo de casi una al día durante cinco meses, cada una con su propio relato de dolor y desesperación.
En una de las comunicaciones, un hombre sollozaba tras ser agredido por otro detenido. Uno más se golpea la cabeza contra la pared tras manifestar ideas suicidas. Una mujer embarazada se quejó de un fuerte dolor de espalda y, además, tenía coronavirus.
“Cada día se sentía como una semana. Cada semana se sentía como un mes. Cada mes se sentía como un año”, relató Owen Ramsingh, ex administrador de propiedades en Columbia, Misuri, que pasó varias semanas en el campamento antes de ser deportado en febrero a Holanda. “Camp East Montana era mil por ciento peor que una prisión”.
Los detenidos tienen dificultades para obtener medicamentos y atención médica, pierden cantidades preocupantes de peso por falta de comida y viven con miedo a los guardias de seguridad privada, conocidos por usar la fuerza.
Impulsadas por miles de millones de dólares en nuevo financiamiento, las operaciones de la agencia de inmigración en todo el país han sacudido comunidades, separado familias y creado una cultura de miedo.
Los arrestos masivos han hecho crecer los centros de detención y provocaron que el ICE emprenda una búsqueda nacional de espacio para ingresar a los detenidos.
Lejos de los “peores de los peores” que Trump prometió deportar, los datos de la agencia muestran que 80 por ciento de los internos en el campamento no tenían antecedentes penales y, en cambio, quedaron atrapados en una redada de gran alcance.












