Opinión
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Penultimátum

Jafar Panahi, cineasta perseguido

I

rán se convirtió en una teocracia autoritaria tras la Revolución Islámica de 1979 que destronó al sha, pero, violando todas las normas internacionales, desde la semana pasada su dirigente máximo, el alto mando militar, 140 niñas de una escuela y cerca de 2 mil civiles han sido asesinados por las armas de Estados Unidos e Israel.

No se puede ocultar que el régimen iraní considera cualquier disenso o protesta una amenaza existencial al régimen, a lo que responde con represión, cárcel, tortura y hasta pena de muerte.

Además, el cine, la música, la literatura y el cuerpo de las mujeres (como las que desafían el uso obligatorio del velo) son severamente censurados y pagan con cárcel los infractores a las reglas establecidas por la moral islámica. Larga es la lista de perseguidos; los más conocidos por la opinión mundial son los directores de cine, las actrices, los músicos y los defensores de derechos humanos.

Un cineasta muy perseguido es Jafar Panahi. Comenzó su carrera de ayudante de Abbas Kiarostami (1940-2016), uno de los pocos directores que permanecieron en Irán después de la revolución de 1979.

Panahi ha sido detenido y condenado varias veces con cárcel, arresto domiciliario y 20 años de inhabilitación para dirigir películas, escribir guiones y dar cualquier tipo de entrevista a medios iraníes o extranjeros. Incluso, salir del país.

Por ello no pudo viajar a Berlín en 2015 a recoger el Oso de Oro a la mejor película por Taxi Teherán. Tampoco en 2019 al Festival de Cannes para recibir el premio al mejor guion (ex aequo) por su película 3 caras. Su filme más reciente, Un simple accidente, fue multipremiado el año pasado en festivales como Cannes, donde obtuvo la Palma de Oro.

La filmó de manera encubierta en Irán, sin permisos oficiales, con un método diseñado para pasar desapercibido. El rodaje se organizó con equipo y material mínimos.

Todo el equipo técnico y el equipamiento cabían en dos coches. La posproducción se hizo en el extranjero para reducir el riesgo sobre el material y proteger a quienes participaban en la película.

Como Panahi, otros cineastas, actrices y músicos, han burlado la censura del régimen y mostrado certeramente la realidad de su país.