Opinión
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Imperialismo estadunidense y sionismo israelí: enemigos de la humanidad
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n un reciente comunicado urgente, la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH) ha denunciado ante la comunidad internacional los bombardeos conjuntos perpetrados por los gobiernos de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán el 28 de febrero, que constituye una violación flagrante al derecho internacional, y que –según cifras preliminares–, causó la muerte de 201 personas, de las cuales 160 eran niñas, y alrededor de 700 heridos. Indudablemente, estos bombardeos a un objetivo civil son una grave violación de los Convenios de Ginebra, la jurisdicción internacional humanitaria y la Carta de la Organización de Naciones Unidas, siendo un crimen de guerra cometido con la arrogancia de quienes se creen impunes.

La REDH denunció que esta alianza criminal es la misma que ha bombardeado Irak, destruido Libia, asediado Siria, bloqueado a Cuba y Venezuela y mantiene un genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y en los territorios ocupados. Su objetivo final no es la paz ni la seguridad ni la democracia, sino la perpetuación de un orden mundial basado en el saqueo de recursos, el control geopolítico y la aniquilación de todo proyecto político emancipatorio que ose desafiar su hegemonía.

Quienes integran esta REDH consideran que el ataque contra Irán forma parte de una escalada bélica de alcance global que amenaza con desencadenar una conflagración de consecuencias impredecibles para toda la humanidad. El imperialismo, en su afán de dominio, está jugando con fuego en un escenario cuya gravedad exige la más firme y urgente respuesta de los pueblos.

La REDH expresa su solidaridad militante e inquebrantable con el pueblo iraní. Su dolor es el nuestro, su lucha es nuestra lucha, porque la defensa de la soberanía de Irán es parte de la defensa de la soberanía de todos los pueblos del Sur global. En consecuencia, se hace un llamado perentorio a intelectuales, artistas, movimientos sociales, gobiernos dignos y pueblos libres del mundo a alzar su voz y desplegar su acción solidaria. Se exige el cese inmediato de los bombardeos y que los responsables de estos crímenes respondan ante la justicia internacional. No más impunidad.

La REDH considera que como nos enseñaron los libertadores de nuestra América, desde Bolívar hasta Martí, y como nos recordaron los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez en su lucha inclaudicable, la unidad de los pueblos es la única fuerza capaz de enfrentar y vencer al imperio. En esta hora de definiciones, la consigna debe ser una sola: ¡unidad de los pueblos contra el imperialismo!

Ciertamente, la humanidad enfrenta hoy en día riesgos de suma gravedad y de alcances apocalípticos, como los que llevaron a la última conflagración mundial, con la secuela de al menos 75 millones de muertos (militares y civiles) entre 1939 y 1945. De estas pérdidas humanas destacan la extinta Unión Soviética, con entre 26 y 27 millones; China, entre 15 y 20 millones; Alemania, entre 7 y 9 millones; Polonia, entre 5 y 6 millones; Japón, cerca de 3 millones; Estados Unidos y Gran Bretaña, entre 300 a 400 mil vidas humanas, debido a bombardeos, hambrunas, enfermedades y el genocidio del Holocausto, que acabó con las vidas de unos 6 millones de judíos, comunistas, gitanos, homosexuales, discapacitados y sectores de la población que, acorde con criterios de los genocidas nazi-fascistas, eran llevados a los campos de trabajo forzado, concentración y exterminio.

Es ineludible reiterar una verdad histórica que no puede ser ocultada: la Segunda Guerra Mundial tiene como responsables no sólo a los fascistas alemanes, italianos y japoneses, quienes, deseando un nuevo reparto del mundo, desencadenaron la tragedia bélica más terrible que registra la historia; también es preciso destacar la responsabilidad manifiesta de los imperialistas ingleses, estadunidenses y franceses en el estallido de la guerra. Inglaterra, Estados Unidos y Francia estimularon y permitieron el rearme de Alemania; solaparon el crecimiento vertiginoso de sus fuerzas armadas e invocaron una pretendida neutralidad frente a las agresiones fascistas a Etiopía en 1935, a España en 1936, a Austria y Checoslovaquia en 1938 y a Polonia en 1939. Todas las agresiones nazi-fascistas de la preguerra quedaron impunes y, con ello, se permitió que los sueños de expansión mundial de las potencias del Eje se tornaran cruel realidad. Los gobiernos inglés y francés pasaron por encima de acuerdos internacionales de mutua defensa con Polonia y Checoslovaquia y de la voluntad de sus pueblos, permitiendo desvergonzadamente la ocupación nazi de estos países.

En pleno siglo XXI, parecen quedar en el olvido estas experiencias traumáticas, y una vez más, la humanidad corre el peligro de una tercera guerra mundial que, de llevarse a cabo, provocaría la desaparición de la especie humana y la extinción de vida en el planeta.