Opinión
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Contaminación global
C

on capacidades y esfuerzos múltiples, el gobierno, instituciones y su gente, se empeñan en ordenar y desarrollar su vida organizada. Pero, desde distintos ámbitos, internos y, sobre todo, externos, sobrevienen estrategias y conflictos que la afectan y entorpecen. Aun así, se continúa trabajando en la construcción de emprendimientos, ideas nuevas y esperanzas de bienestar. El desgaste, desafortunadamente, se torna imposible de evitar, pero se sigue adelante en el empeño.

La oposición, como de costumbre, redobla sus ataques simultáneos. Los menores, desde los partidos, alardean, sin base real alguna, de sus apoyos al trumpismo o su intransigencia ante cualquier promoción gubernamental. Los mediáticos, más organizados, lo hacen desde las diversas trincheras acostumbradas, radio-televisión-prensa y academia.

En esos selectos ámbitos, numerosos actores, bien coordinados, lanzan sus alertas, condenas y críticas que, sin declararlo abiertamente, se afilian, voluntariamente, a las voces de los liderazgos externos. Al mismo tiempo, evitan adoptar posiciones críticas respecto a las graves invasiones que emplean, hasta con vanidoso orgullo, desmedido uso de fuerza.

Sería envidiable dedicar la indispensable energía requerida por las transformaciones en curso, para concitar y aumentar la inversión tanto pública como privada. O para intensificar el curso de las nuevas iniciativas (electoral o laboral), como dos ejemplos. Aunque, también, fijar la atención prioritaria en ámbitos precisos: áreas industriales, tecnológicas, minería y de ciencia que reclaman urgente primacía. Pero la irrupción desde el exterior contamina lo que aparece como necesario y conveniente en lo interno. Súbitamente, Israel y, su aliado y poderoso protector estadunidense, lanzan alevoso ataque a Irán. Matan a su presidente y, de paso, a más de un ciento de niñas que, sin deber nada, asistían a su escuela. No se ha escuchado voz alguna aceptando la criminal responsabilidad y que pida disculpas. Aun sabiendo que no habrá, ni debe haber, perdón alguno.

Ahí quedará enclavado ese asesinato colectivo de infantes. Aunque, tanto Benjamin Netanyahu como Donald Trump y sus subordinados cercanos sigan tan campantes y, orgullosos, redoblen celebraciones por sus impunes agresiones. La misma aparición de Melania Trump, en el Consejo de Seguridad, colorea el sainete en la Organización de Naciones Unidas.

No se pueden ocultar las desmedidas y decadentes ambiciones imperiales de los estadunidenses en esa y otras regiones del mundo. A ellas se suman, ahora, las de varios e importantes países europeos que tratan de revivir, sus ya mermadas, defensas de posesiones e intereses. Remanentes de sus aventuras coloniales que no pueden disimular (ver editorial de La Jornada de ayer) Con una actitud idiota, todavía solicitan a Irán que no responda a las andanadas de bombas que les caen encima. Ataques que pronto incluirán, sin duda, a los propios de franceses, alemanes o ingleses y alguno que otro, seudopacifista de su región, que se les agregue. Lo que está sucediendo en el Medio Oriente no puede separase del genocidio palestino.

El sionismo sigue adelante con su loco mito del “gran Israel”. Todo lo anterior no sólo es una aventura más de feroces potencias coloniales, sino que también le suman sus rasgos definitorios –acendrado supremacismo racial– que conllevan en su núcleo interno. Habrá que fijar la atención en el gobierno español de Pedro Sánchez, pues adopta posturas dignas ante estos desmadres trompeanos: ha rechazado afiliarse a las órdenes de la OTAN para aumentar el gasto militar y ha condenado, sin tapujos, las actuales agresiones israelitas.

A todo este embrollo, hay que añadir el acoso destructor de Estados Unidos al gobierno y pueblo cubanos. Caso paradigmático de un país que resiste, con enormes sacrificios, al acoso reaccionario, de corte fascista, para mantener su dignidad e independencia. A esta reciente intensificación de hostilidad petrolera a Cuba se deben añadir otras acciones imperiales recientes. La operación militar sobre Venezuela, y en especial a su dirigencia, es una de ellas. Pero los esfuerzos por alentar gobiernos –con dirigencias cipayas– en Centro y Sudamérica forman el coro necesario para ampliar márgenes de poder imperial.

No tiene Trump fácil su intentona de enfilar deseada ruta en Latinoamérica por donde sus intereses quieren. Brasil, México y, hasta ahora, Colombia marcan sus propias distancias con sendos apoyos populares. Indispensable elemento de poder para mantenerse como autónomas naciones. Este panorama no es gratuito y su coincidencia, en estos tiempos, despierta la atención global. El capitalismo financiero y tecnológico ha coordinado sus ambiciones y da forma y consistencia a sus fuerzas. Habrá qué analizar estos hechos con tales filtros para diseñar las propias estrategias de acción.