Política
Ver día anteriorLunes 2 de marzo de 2026Ediciones anteriores
Servicio Sindicado RSS

Desplegados, un centenar de efectivos

Bajo resguardo militar, el adiós a Nemesio Oseguera

Hay acceso a la funeraria sin restricciones, pero no al ataúd

Foto
▲ Un fuerte dispositivo de seguridad fue desplegado en la calle Gigantes, en Guadalajara, donde se encuentra Funerales La Paz.Foto Arturo Campos Cedillo
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 2 de marzo de 2026, p. 17

Guadalajara, Jal., Cientos de coronas fúnebres, inmensas, con cientos o miles de flores abigarradas, con rosas rojas y crisantemos, espectaculares, uno de los arreglos con forma de gallo, llegaban uno tras otro en pasarela olorosa y multicolor la noche de este domingo a Funerales La Paz, sobre la calle Gigantes 2308, en el oriente de esta capital.

Nadie lo reconoce, pero ni falta hace. Todo indica que ahí se velaba el cuerpo de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, el capo del cártel Jalisco Nueva Generación, abatido una semana atrás en Tapalpa por fuerzas federales.

Manzanas a la redonda, sobre la calle frente a la funeraria, por lo menos una centena de efectivos militares y de la Guardia Nacional a bor-do de vehículos artillados o pie a tierra vigilaban sin impedir el paso ni vehicular ni de personas, mientras el sobrevuelo de un helicóptero completaba la escena de resguardo.

“Estamos aquí desde la mañana”, dice un guardia nacional apostado justo enfrente de la puerta de acceso a la funeraria. “No sabemos si ese señor esté siendo velado aquí, pero por las órdenes que nos dieron y la presencia que tenemos, es obvio que sí”.

Como la puerta de la funeraria está abierta, La Jornada pudo ingresar para corroborar que en el amplio salón con sillones de descanso hay mujeres, no muchas, pero sí la mayoría de los presentes, casi todas jóvenes, algunas con el rostro cubierto, todas vestidas de negro.

Unos hombres preparan en el interior del salón de descanso carne asada en una parrilla que emana olores que se confunden con los de arreglos florales, que no paran de llegar luego de ser revisados en el exterior por los militares y que pasadas las 8 de la noche ya casi no dejaban espacio para más honras luctuosas, aunque ya todas despojadas de los cintillos que por la tarde sí portaban y que, en varios casos, traían las letras CJNG como seña de identidad de la que luego se les despojó por instrucciones de quién sabe quién.

Al fondo del lugar hay un pequeño salón donde está el ataúd, con el cuerpo. Una tentación. Hacia ahí se dirige el corresponsal. Una mujer, joven, se acerca: “¿Quién es usted? No puede estar aquí, salga por favor, aquí no está ese señor que dice que busca, tenga respeto”. Otra mujer, también joven, al saber que se trata de un periodista, es menos cortés: “Váyase. A ver, sáquenlo”.

La vida sigue su curso. Afuera, pese a la presencia militar, al olor a carne asada y a miles de flores que emana de la funeraria, en el interior de una casa muy cercana sobre la misma cuadra, se escucha cómo le cantan Las mañanitas a alguien.