e tanto estar en todas partes y con una abundancia que ya rebasa las capacidades de retención humanas, la información ha mostrado ser en sí una forma de arte. O bien, servir como materia prima del arte. En las décadas anteriores al desarrollo de la inteligencia artificial, con sensibilidad creativa, intención política y sólida información, dos peculiares artistas hicieron arte con la información. Personajes disímbolos, el polítologo y poeta Peter Dale Scott y el archivista y diseñador visual Mark Lombardi, cada uno en su terreno, cumplió los sueños de la razón que la Exégesis, de Philip K. Dick, no logró remontar desde el delirio, la hipergrafía y la locura.
El canadiense Dale Scott (Montreal, 1929) es uno de los analistas más hondos de la actualidad brutal de imperialismo y la cañería de la política interior estadunidense. Durante medio siglo se ha mantenido alerta, metido en los secretos de la política profunda de Estados Unidos. Uno de los maestros más respetados en la Universidad de Berkley, hoy emérito, es una autoridad en literatura de lengua inglesa.
Su padre, FR Scott, también poeta y académico, fue tutor de Leonard Cohen en la Universidad McGill. La admiración de Cohen a su maestro fue de larga duración, y también permitió al cantante establecer con Peter, algo mayor que él, una amistad vitalicia. Véase el breve intercambio epistolar electrónico en La flama (2018), al cruce del poemario Walking on Darkness, de Peter, y el álbum You Want it Darker, de Leonard, ambos de 2016.
A la par de su magisterio literario, ha escrito libros políticos fundamentales. En 1972, en plena guerra de Vietnam, publicó La conspiración de la guerra, alegato definitivo contra la aventura yanqui en el sudeste asiático. Basta citar sus títulos para entender de qué va la obra de Scott, a veces en colaboración: Los asesinatos: Más allá de Dallas, Crimen y encubrimiento: La CIA, la mafia y la conexión Dallas-Watergate; La conexión Irán-Contras; La política de la cocaína, drogas, ejércitos y la CIA en Centroamérica; La política profunda y la muerte de JFK, y Política profunda: Dos ensayos sobre Oswald, México y Cuba. Más recientes: Drogas, petróleo y guerra (2003), El camino al 9/11: riqueza, imperio y el futuro de Estados Unidos (2007), y una reformulación de su libro inicial de 1972: La conspiración de la guerra: JKF, 9/11 y la política profunda de la guerra (2008). A sus 97 años prepara la edición de Deep Events and Deep Politics.
Con tal autoridad, en diciembre pasado envió una carta a The New York Times (NYT) cuestionando la versión del diario por la “disonancia notable” entre las masacres de “traficantes de subsistencia” en el Caribe y la liberación de un traficante convicto por más de 400 toneladas de cocaína. Para Dale Scott, la aparente contradicción no es tal. “La mal concebida y deliberadamente mal llamada ‘guerra contra las drogas’ ha sido una tapadera para la participación de la CIA con los narcotraficantes durante décadas”. Especialmente cierto en Venezuela, subrayaba.
Al indultar a un narcotraficante mientras amenazaba a Venezuela, Donald Trump exhibió grandes contradicciones, sostuvo Scott poco antes del golpe a Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro. Recordó que en 1993, el propio NYT había revelado que la unidad antidrogas de la CIA enviaba a Estados Unidos “toneladas” de droga, en colaboración con el general venezolano Ramón Guillén Dávila, cabeza de la Guardia Nacional de su país, entrenado en Estados Unidos. Y refirió que los investigadores del Servicio de Aduanas que indagaban una incautación de cocaína en 1990 descubrieron que la CIA operó durante años una empresa asociada con altos mandos venezolanos para traficar el adictivo polvo, presuntamente para infiltrar los cárteles colombianos. La empresa de fachada recibía el nombre de cártel de Los Soles, que introdujo grandes cantidades de cocaína en Estados Unidos.
El trasiego, fuera de la rendición de cuentas de las agencias involucradas, se interrumpió con la llegada a la presidencia de Venezuela de Hugo Chávez, quien encarceló al general y expulsó a la DEA. Estados Unidos comenzó a propiciar atentados terroristas, argumentando ahora que se trataba de un narcoestado.
Hay que destacar que Dale Scott se opone a cualquier teoría conspiracionista. Mejor dicho, ha denunciado la verdadera conspiración histórica de Estados Unidos en nuestros países a través del tráfico de drogas y la creación de poderosos cárteles.
Pero hay otro Peter Dale Scott. El poeta. Un hombre racional, conocedor portentoso de la tradición literaria en su lengua. A lo largo de su vida ha publicado Coming to Jakarta: A Poem About Terror (1989); Listening to the Candle: A Poem on Impulse (1992); Crossing Borders: Selected Shorter Poems (1994); Minding the Darkness: A Poem for the Year 2000 (2000); Mosaic Orpheus (2009) y Tilting Point. Especialista en Czeslaw Milosz, su empleo de información, denuncia precisa y datos demoledores ha enriquecido la poesía política en inglés.











