oetas y cantautores han dejado constancia de reivindicar un mundo mejor y una vida digna. Sus letras nos convocan a pensar la esperanza. No dejan indiferentes. Violeta Parra dio gracias a la vida … por un corazón que se agita cuando mira el fruto del cerebro humano…, para distinguir y alejar lo bueno de lo malo, la risa y el llanto, para distinguir la dicha del quebranto. Y Pablo Milanés, llamó a luchar “porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama”, para a continuación mostrar el camino: “la vida no vale nada cuando otros se están matando y yo sigo aquí cantando, cual si no pasara nada. La vida no vale nada si escucho el grito mortal y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga”.
Mientras la necropolítica se adueña de la realidad y el dolor social se expande, el pensamiento crítico se ha caracterizado por enfrentar una visión pesimista, en la cual no hay salida. Sin dejar de lado la verdad que conlleva siempre exponer los hechos en su crudeza, apela a la acción colectiva; reivindica la esperanza. Ernest Bloch, filósofo y humanista alemán, entrelazó el principio de esperanza con la lucha por el socialismo y la dignidad humana. Lo definió como utopía real. Consciente del genocidio nazi, levantó el principio de esperanza. Su combate lo llevo al exilio, pero no sucumbió. No bajó los brazos. Su propuesta fue luchar, luchar y luchar.
Si las luchas por la dignidad humana son el motor de la historia, en el siglo XXI se convierten en una necesidad planetaria. En esta coyuntura es más urgente que nunca reactivar el principio de esperanza. Vivimos en un punto de no retorno, en el cual la especie humana, ha sobrepasado los límites para hacer viable su existencia. En 2009, una treintena de científicos, encabezados por Johan Rockström y Willams Steffen, propusieron nueve indicadores para mostrar los límites planetarios y cómo sobrepasarlos nos hace albergar un futuro de muerte. Desde las llamadas entidades nuevas, referidas a sustancias tóxicas, residuos radioactivos, metales pesados, plásticos, vertidos a la naturaleza; siguiendo por integridad de la biosfera, referido a la pérdida de biodiversidad; continuando por los flujos biogeoquímicos de sustancias químicas, fertilizantes, que alteran el ciclo del agua (lluvia ácida); a lo cual se suman el cambio climático y sus efectos en la vida cotidiana; ampliándose al cambio del suelo, desertización, deforestación y la alteración de hábitat de especies en peligro de extinción; agréguese, el uso del agua dulce para regadíos, agricultura extensiva, recordando que la disponibilidad en el planeta no supera el uno por ciento; tampoco olvidemos la acidificación de los océanos, dos tercios de las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera son absorbidas por éstos; sin menospreciar la carga de aerosoles, cuyo efecto es disminuir la calidad del aire, afectando la respiración y, por último, el agotamiento del ozono estratosférico.
Antonio Turiel, físico y matemático, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en España, especialista en el análisis de la crisis climática, señala respecto a los nueve indicadores anteriormente descritos: “en 2009 se consiguió evaluar siete de los nueve indicadores(…) y se encontró que tres de ellos ya habían sobrepasado su límite de seguridad, mientras otros dos corrían el riesgo de superarlos en los siguientes años. En 2015 ya se habían sobrepasado cinco de los límites planetarios. Y en 2023 se finalizó la evaluación de los dos indicadores ambientales que restaban, pudiéndose comprobar que uno de ellos estaba sobrepasado. Y en 2024 se han sobrepasado seis de los nueve (…), mientras que otros dos empeoran a tal ritmo que no sería sorprendente que dentro de unos años también se hayan sobrepasado (…) sobrepasar sólo uno de estos nueve límites planetarios supone un riesgo claro e inminente para la civilización humana e incluso para la especie”.
Si no se revierte esta dinámica, y todo parece indicar que el camino trazado por los poderes políticos que controlan el planeta, va en sentido contrario, nos podemos encontrar con una crisis global irreversible. Hacer frente al pensamiento liberal-conservador, atrincherado en guerras espurias, por el control de las materias primas, no es una opción, es un deber. El horizonte es desolador. Nos enfrentamos a un totalitarismo bajo el dominio de las tecno-plutocracias. Vivimos la muerte, la persecución de los inmigrantes, el odio al pobre, el genocidio del pueblo palestino, el secuestro del presidente de Venezuela y su compañera Cilia Flores, el bloqueo inhumano a Cuba, sin otro objetivo que mantener en el poder del imperialismo estadunidense y los iluminados que le apoyan. Al decir de Pablo González Casanova se trata no de resistir, sino de pensar para ganar.
Parafraseando al entrenador de futbol, escritor y sicopedagogo Ángel Cappa, quien al ser interrogado por el mal juego de su equipo dejó esta frase: siempre se puede jugar peor. En nuestro caso, si dejamos que las plutocracias sigan controlando el mundo, estemos seguros que siempre se podrá ir a peor.











