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Vallarta vive entre el miedo y la zozobra tras muerte de El Mencho

Habitantes esperan no se haga un hábito vivir con el temor de más ataques

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▲ Una tienda Oxxo fue cubierta con una lona luego de ser incendiada por varios sujetos el 22 de febrero.Foto Javier Santos
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 2 de marzo de 2026, p. 29

Puerto Vallarta, Jal., El miedo y la zozobra se han instalado en Vallarta a una semana de los acontecimientos violentos tras la captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), por lo que los habitantes no se sienten seguros, temen que en cualquier momento los integrantes de esa organización arremetan contra ellos.

“Ojalá y no se haga un hábito vivir con el Jesús en la boca”, dijo un comerciante, cuyo negocio está a una calle de la playa, y fue testigo de la quema de locales. Añadió que el pasado 22 de febrero “hasta el viento daba miedo”.

Ese día, Vallarta fue el epicentro de los ataques del CJNG, las personas de edad avanzada no recuerdan haber vivido una ola de agresiones tan terrible, las explosiones de carros eran una tras otra en pleno centro de la ciudad, en una esquina ardían farmacias, centros comerciales, tiendas Oxxo y Kiosco, fueron más de 200 vehículos y 60 establecimiento incendiados, muchos se ubican en la franja turística de este puerto.

El edificio de la delegación de Ixtapa también fue quemado; a la reportera Guadalupe Martínez le robaron su automóvil y lo incendiaron.

Testigos coinciden en que casi todos los incendios fueron provocados por personas muy jóvenes que llegaban en pareja a bordo de motocicletas, quebraban los cristales de los coches, posteriormente rociaban gasolina y enseguida huían a toda velocidad.

Un vendedor ambulante de 70 años contó: “vine a trabajar, el ambiente se sentía extraño. Primero observé una humareda, cuatro hombres arribaron en dos motos, rompieron los vidrios del carro y le prendieron fuego, se fueron en chinga. También me fui, más vale que digan aquí corrió y no aquí murió”.

La ciudad parece querer borrar lo sucedido. Personas enviadas por el ayuntamiento colocaron en las tiendas Oxxo y Kiosco de la colonia Emiliano Zapata hojas de triplay y lonas blancas, seguía la rapiña, comentaron que tapaban los negocios para evitar que los turistas vieran la destrucción y el saqueo.

Prevaleció el pillaje

En medio del caos del domingo 22, el pillaje prevaleció, algunos residentes dijeron que incluso policías municipales y visitantes extranjeros se apoderaban de botellas de agua, cerveza y lo que encontraran a su paso. Quizás era incertidumbre, y después llegó el cierre masivo de negocios.

A algunos Oxxo, ubicados en la planta baja de condominios de lujo, las llamas alcanzaron las paredes de una segunda o tercera planta, también había motos calcinadas quedaron amarradas con cadenas en el exterior. El olor a quemado prevaleció en buena parte de la ciudad. Los extranjeros se paraban para ver los estragos y tomaban fotos.

En otra tienda de conveniencia, en la avenida Priciliano Sánchez, en Aramara, en un centro comercial había sillas, mesas y todo el local estaba quemado, llamaba la atención que aún quedaba un foco encendido el viernes en la noche.

El impacto, reconoció el gobernador Pablo Lemus, va a durar y afirmó que los elementos de la Secretaría de Marina que arribaron a mediados de la semana “llegaron para quedarse un buen tiempo”.

Marifer Arreola, directora de la Canaco confió en una pronta recuperación, porque “tenemos un sitio turístico precioso, esto que sucedió fue un hecho aislado, trágico. No esperábamos esto, nadie aguarda la llegada de un huracán, ¿verdad?”.

Las huellas del llamado “domingo negro” están presentes en toda la ciudad. Si bien algunos recuerdan la balacera en la discoteca Christine en 1992, cuando el cártel de Sinaloa atacó al de Tijuana de los hermanos Arellano Félix o el secuestro el 15 de agosto de 2016 de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, mientras celebraban un cumpleaños, no se compara con lo del 22 de febrero, cuando Vallarta literalmente estuvo en llamas.

“Nunca había visto esto. Era una tarde con un sol que olía a muerte”, comentó otro residente del centro de la ciudad y que atajó antes de cualquier pregunta: “yo no vi nada”.