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La zona Valles, en Jalisco, corazón del trasiego del CJNG
Enviado y corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 1º de marzo de 2026, p. 11

Teuchitlán, Jal., La zona Valles, en el centro de Jalisco, es el corazón del corredor de trasiego del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que inicia en Villa Purificación, al sur de Jalisco, muy cerca de la costa, y termina en la sierra del noroeste del estado, en los límites con Zacatecas, donde se asientan las comunidades wixaritari.

Es una línea casi recta de caminos y brechas entre el monte que se extiende al menos por 600 kilómetros, controlada de forma sangrienta desde hace años por el grupo delincuencial que dirigía Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho, y que aún hoy que supuestamente hay un repliegue de los criminales muestra la estela de miedo que se impone a quienes viven o se acercan a ese territorio.

En la zona Valles están Tequila y Teuchitlán, municipios cuyos alcaldes están en la cárcel tras ser detenidos por fuerzas federales debido a sus presuntos vínculos con el CJNG.

El de Tequila, Diego Rivera Navarro, es un morenista capturado el 5 de febrero pasado. Y el emecista José Ascensión Murguía, de Teuchitlán, fue detenido en mayo de 2024. Ambos, acusados de ser cómplices del CJNG y señalados por delitos, en el primer caso, de extorsión y secuestro, y en el segundo, por delincuencia organizada y desaparición forzada de personas.

Complicidades

También hay regiones en las colindancias con Michoacán, Colima, Guanajuato y Aguascalientes o Nayarit, donde el imperio del CJNG ha impuesto desde al menos hace una década su ley de terror y muerte, basado en complicidades que incluyen no sólo a políticos, policías y supuestos empresarios, sino hasta integrantes de la Iglesia católica, como José Dolores Aguayo González, más conocido como el padre Lolo.

No obstante, es en la zona Valles donde el miedo sigue presente a casi una semana de la muerte de El Mencho. En particular, en las inmediaciones de los dos ranchos que fueron asegurados en Teuchitlán por fuerzas federales entre 2024 y 2025: el Izaguirre y La Vega.

Llegar al rancho Izaguirre por brechas es jugarse la vida. Ubicado en la delegación de La Estanzuela, los habitantes prefieren permanecer a resguardo el mayor tiempo posible, sobre todo por las noches, cuando es común el paso de camionetas con hombres armados.

En ese rancho, en marzo de 2025, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco localizó un presunto “centro de exterminio” y entrenamiento del crimen organizado, dentro del cual fueron encontrados cientos de prendas de vestir, zapatos y enseres personales.

En la actualidad, dos policías estatales con una patrulla resguardan la entrada al camino que conduce al rancho Izaguirre.

Otra patrulla, también estatal, hace recorridos por las brechas que rodean el lugar, entre milpas de maíz y una tierra fina y liviana que hace remolinos con los últimos vientos de febrero.

Paranoia

En La Estanzuela, los pobladores no sólo alertan sobre la presencia de hombres armados de forma cotidiana y casi ostentosa, sino que advierten del peligro que significa aventurarse a recorrer los caminos y las brechas entre las milpas cercanas al rancho si no se cuenta con protección policial.

Entre el berenjenal de sembradíos, un hombre en bicicleta a lo lejos circula por una de esas rutas, pero a la distancia da miedo reconocer si es un jornalero o un “halcón”. Hasta que se pierde de vista, sin novedad.

Después, una camioneta particular también circula a regular velocidad y levanta una estela de polvo a su paso, pero de forma súbita da vuelta en un recoveco, sin que se pueda identificar a sus tripulantes. Quizá sea la patrulla que a los minutos aparece entre el estrecho camino la que obliga a la retirada de ese vehículo. Quizá.

En general, Jalisco se encuentra sumido en un ámbito paranoico que ningún discurso oficial logra apaciguar; un código rojo cuando ya no hay código rojo porque las autoridades insisten en que todo está bajo control.

Lo ocurrido no es para menos: más de 500 vehículos incendiados a lo ancho de la geografía estatal y una reacción criminal de una magnitud nunca antes vista que ha dejado incubado el miedo.

Ni siquiera en junio de 1994, cuando la larga y vieja historia de los capos y grupos criminales asentados en Jalisco ofreció uno de sus episodios más recordados al estallar un Grand Marquis utilizado como coche bomba a las puertas del salón Camichín del hotel Camino Real, en Guadalajara.

Fue la ocasión en que los hermanos Arellano Félix trataron sin éxito de matar a Ismael Zambada El Mayo, asesinando en cambio a siete personas y dejando a 10 más heridas, con lo que abrieron paso a una novela negra que desde entonces convirtió a Jalisco en una entidad que hizo simbiosis con los grupos criminales.