ese a la raquítica difusión que el cine brasileño ha tenido en nuestro país, se han podido ver filmes espléndidos y contemporáneos de un cine carioca heredero de algún modo, de aquel notable movimiento fílmico de los años sesenta denominado cinema novo, como lo serían: Bye Bye Brasil, Pixote, Tieta, Estación central, Orfeu, Tropa de élite, Ciudad de Dios, Bacurau, Aún estoy aquí y otras más, que recuperan varios de los postulados de aquellas obras que apostaban por una nueva identidad nacional. Aquel, en el que el carnaval, las favelas, la prostitución, el futbol y la música popular dejaban de ser un simple folclorismo pintoresco para trastocarse en temas y testigos de una realidad imperante.
Coinciden en cartelera dos relatos brasileños excepcionales ambientados en dos contextos distintos aunque complementarios: los años setenta vistos en retrospectiva desde el Brasil de hoy y la década de los años ochenta en un par de joyas invaluables e imperdibles: El agente secreto (2025) de Kleber Mendonca Filho, premiada en Cannes y seguro la próxima ganadora del Oscar a Mejor Cinta de habla no inglesa y La hora de la estrella (1985) de la realizadora Suzana Amaral restaurada en 4K, ganadora en su momento de todos los premios del cine brasileiro, triunfadora en La Habana más el Oso de Plata a Mejor Actriz en el festival de cine de Berlín.
Publicada en 1977 –año en el que arranca la trama de El agente secreto–, la novela de La hora de la estrella último libro de la gran escritora Clarice Lispector es traslada de manera fiel y sensible a la pantalla para narrar la historia de Macabea una migrante del Nordeste brasileño que intenta vivir como torpe mecanógrafa en Río de Janeiro. Se trata de una mujer en apariencia, sin atributo alguno: es sucia, indolente, ignorante, poco agraciada y toda su “cultura” proviene de los datos inocuos de una estación radiofónica: Radio Reloj que da la hora minuto a minuto en un contexto cercano al fin de la dictadura en el Brasil de 1985, año del rodaje.
Una extraordinaria Marcelia Cartaxo interpreta a esa jovencita ingenua, pudorosa e infantil que vive al día entre el azar (la cartomanciana) y lo imprevisto y que un día conoce a Olímpico de Jesús (José Dumont notable), un ignorante obrero metalúrgico con ínfulas mayores con el que emprende una patética relación que va de lo hilarante a lo conmovedor. Macabea es un ser puro que se mueve entre la precariedad y el rechazo sin perder jamás su luz y su gran belleza interior. Un filme durísimo de una sensibilidad enternecedora.
Por su parte, El agente secreto abre con un par de secuencias premonitorias como metáfora de todo aquello que se cierne sobre su protagonista Marcelo o Armando Solimoes: el cadáver en una gasolinera cubierto con cartones acosado por perros furiosos y el tiburón que lleva en su interior la pierna de un estudiante asesinado como se sabrá más tarde. La película de Kleber Mendonca no sólo contiene una de las secuencias más impactantes en la historia del cine (la del sicario que va tras Marcelo que inicia en un cine y termina en una barbería) sino que ha logrado construir un retrato trascendental sobre los oscuros años de la represión con escenas memorables cargadas de ironía como el “ataque” de la “pierna velluda”.
No obstante, su fuerza y su importancia radica en la profunda reflexión que propone y que va más allá de la pulsante puesta en escena y ambientación desde los lineamientos de un emocionante thriller político que recuerda tanto a Costa Gavras como al mejor Brian De Palma. Mendonca construye un fascinante retrato sobre la memoria de un país y la memoria familiar, sobre el ayer y la inconsciencia social del presente y se sumerge a su vez en el valor del propio espectáculo cinematográfico, su arrastre popular y las viejas salas de cine trastocadas en otros inmuebles.
El realizador de Retratos fantasmas disloca el pasado y el presente entre un Brasil sensual y sensitivo y la resistencia política y cinéfila para radiografiar a las dictaduras de los años setenta. Explora a su vez los lazos filiales a partir de un hombre perseguido por un pasado político con una brillante interpretación de Wagner Moura, como una suerte de antihéroe noir tropical arropado bajo una exuberante e hipnótica banda sonora. Un clásico instantáneo.
La hora de la estrella se exhibe en La Casa del Cine Mx, Cinemanía, Cine Tonalá, la Cineteca Xoco y El agente secreto, mismas salas más Cinépolis y Cinemex.











