Opinión
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No sólo de pan...

De proyectos sustentables

U

n proyecto sustentable sería, para México y Centroamérica, retomar como base de su reproducción social y económica aumentada, el complejo productivo y autosuficiente de la milpa mesoamericana suficientemente probada en lo que se refiere a su viabilidad secular en el pasado e indefiniblemente productiva a futuro, tal como lo fue durante milenios antes de la invasión europea. Proyecto y tarea factible desde el corto plazo hasta un futuro muy ampliado. Pero, sabemos que este proyecto demasiado fácil, porque tendría el apoyo apabullante de la aplastante mayoría de la sociedad mexicana, no despertaría en cambio ningún entusiasmo entre la clase económicamente dominante, cuyo peso es el de quienes se han enriquecido con el mercado de la comida y bebidas chatarra, mercaderías que caerían, si regresara la dieta mexicana a los mercados. No obstante, la sensibilidad social de la presidenta Claudia Sheinbaum que, hay que reconocérselo: pese a que su formación académica de científica, también es una persona notoriamente sensible a lo humano de los humanos, y no sólo a su producción cognitiva competitiva, dato que podría permitirnos imaginar y hasta creer al grado de enrolarnos en acciones colectivas detonadas desde Palacio Nacional, comprometiéndonos en un giro radical y virtuoso para recuperar la figura del ejido sembrado de milpas y con las comunidades que, como su denominación indica, abaten las pirámides del poder en cualquier nivel que sea y dan muestra de ser tres veces más productivas que la sociedad de pequeños campesinos y, menos aún, de acaparadores de la actividad agrícola con base en la mecanización a ultranza.

Pero, como no podemos irnos a la fila de los que sólo miran mordiéndose las uñas (ya casi no tengo) o los altivos y altivas del laissez-faire, seguiremos insistiendo sobre el tema y más aún cuando nuestro último entorno (pocos años quedan a nuestra generación) no tiene hoy otro quehacer que defendernos y defender a México en medio de una enredada política mundial, cuya finalidad sería disminuir el número de habitantes del planeta, dejar sólo a los que serían formados para algún fin planeado por el Imperio, que ya se anda preparando para ampliar su territorio a otros planetas.

Porque si no fuera así, que alguien me diga, ¿por qué estas últimas guerras se ensañan contra niños, niñas y mujeres? ¿Por qué no se detiene el deterioro de los más jóvenes y se les elimina con drogas cuando no cayeron antes por balas o ataque de drones? Pues porque se están eliminando posibles combatientes sin arriesgar una gota de sangre de gringos o sionistas: en cambio eliminan sin riesgos de una a tres generaciones completas, y así se aseguran los invasores enfrentar menos opositores en las próximas dos décadas, durante las cuales –imaginan los cazadores– ellos mismos se encargarán de adiestrar para su causa... O mejor dicho: la de sus amos.

Mueran la historia y la memoria. ¿Qué Herodes no hizo lo mismo? Hay de donde sacar hilo para tejer una actualidad apocalíptica... Y nosotras, nosotros y los demás, ¿qué rayos hacemos?