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Desde otras ciudades

El Museo Nacional de Ámsterdam está dedicado al arte universal

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▲ El Rijksmuseum, donde no sólo se exhiben pinturas, incluso armas y cerámica.Foto Alia Lira Hartmann
Ám

sterdam recibe al año entre 20 y 25 millones de turistas que se censan por las noches de hospedaje, así sea una sola. La población local no llega ni al millón de ciudadanos; aunque se han adoptado medidas para frenar el turismo masivo, nada parece detener a viajeros de todo el mundo.

En el centro de la ciudad, la Museumplein es una plaza que alberga tres museos que reciben millones de visitantes al año. El Rijksmuseum, el Stedelijk y el de Van Gogh. En verano, cuando la masa turística desborda la ciudad, no tener reservadas entradas con antelación puede resultar una desagradable sorpresa.

En el corazón de esta especie de isla cultural se levanta orgulloso el Rijksmuseum, una de las joyas de los Países Bajos, uno de los más emblemáticos de Europa y referente mundial del arte y la historia. Más que un simple recinto de exhibición, es una obra maestra en sí mismo, tanto por su imponente arquitectura como por la riqueza de sus colecciones. Su significado en español es Museo del Estado.

Su fundación se documenta en 1798, pero abrió sus puertas al público en 1800. Entonces se encontraba en La Haya, en una parte de Huis Ten Bosch, el palacio que es la residencia oficial de la familia real neerlandesa: el rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima, junto con sus tres hijas: las princesas Amalia, Alexia y Ariana, antes también vivía aquí la reina Beatrix, madre de Guillermo.

El museo se trasladó a Ámsterdam en 1808 por decisión del entonces rey Luis Napoleón, hermano del emperador francés. El suntuoso edificio es una marca inconfundible y una especie de palacio de arte diseñado para impresionar al visitante. Abrió en 1885, tras varios años de construcción, bajo la dirección del arquitecto Pierre Cuypers.

Su diseño combina elementos del gótico holandés con rasgos renacentistas que evocan la grandeza de los grandes edificios europeos del siglo XIX. Lo que más destaca en su arquitectura es la fachada de ladrillo rojo combinada con ornamentaciones de piedra, las torres que se levantan con una simetría casi perfecta.

Más de un millón de objetos son parte del acervo, no todos se encuentran expuestos y los que están guardados en los archivos se administran en exhibiciones temporales. Entre las piezas más destacadas están La ronda de noche, de Rembrandt van Rijn, que data de 1642 y con seguridad es la más famosa del museo.

Así lo testifican la cantidad de visitantes que se concentran frente al cuadro de más de 4 metros de largo y 3 de ancho. La iluminación es tenue, lo cual permite concentrarse en el magistral uso de la luz y sombra por parte del maestro neerlandés, donde destacan los rostros iluminados en la indumentaria de la época de más casi veintena de personajes. Es considerada un símbolo de la Edad de Oro neerlandesa, el siglo XVII. Rembrandt (1606-1669) es el pintor más destacado de este periodo.

Otra obra en la que los visitantes se detienen es La lechera, de Johannes Vermeer, un retrato íntimo de la vida cotidiana, donde en apariencia simple acto de servir leche desde una jarra se transforma en una representación que evoca que lo cotidiano guarda también un valor para la historia.