estino, le llaman en el mundo de la música tradicional; desde el misterio de la constancia, Cipriano le llama azar. Compositor, flautista, saxofonista, armonicista crecido entre “sonidos y zumbidos”. De abuelo y padre metidos en luchas ferrocarrileras y movilizaciones estudiantiles.
“Mi padre, dirigente universitario; mi abuelo, general, fue a protestar con uniforme del ejército y lo pasaron a retiro, porque tuvo los güevos. Hay una fotografía de él protestando en una plaza pública con uniforme de general. No creo que haya generales así ahora. Cipriano también, como mi padre y como yo.”
La figura de la abuela es entrañable; ella le proveyó de sus primeros asombros en la música:
“Una relación hermosa, de vivir a una cuadra, y la abuela: ‘Te vas a convertir en drogadicto’, ¡visionaria!. (…) la radio en la casa de la abuela; había discos de Louis Armstrong, un amigo llevó una cosa de Miles Davis, fue: ¡Órale! ¿Qué es eso? Y un amigo que llegó de Texas con un disco de los Beatles: ¡Puta! ¿Qué fue eso?.”
Ingeniero químico, Cipriano padre deseaba que sus hijos siguieran una carrera similar, pero el hijo quedó embrujado cuando le enseñó a tocar la armónica. El azar lleva a sus manos un folleto de la Escuela Nacional de Música: “¡Se estudia la música, no jodas!”. A los 18 años el joven impredecible decide su camino de vida.
“Mi padre decía ¿qué onda?, yo: ya me conoces. Al día siguiente ¿cómo va?, ya me conoces. Hasta que ese día le dije: Ya. Escuela Nacional de Música de la UNAM. Dijo: ¿En México?, en México. ¿Cuándo? Esta noche.”
Cipriano partió al entonces llamado Distrito Federal la noche en que lo anunció a su familia. Vivía en San Cosme, donde antes se encontraba la ENM, allí encontró a su compañera de vida: la flauta transversa: “Me transformó la vida. Me prestaron una flauta transversa, nunca había visto una. Fue un enamoramiento acá; todos los días la tocaba, estuve dos años en la ENM”.
Era 1968, las actividades escolares se fundieron con la actividad política. Cipriano adquirió cierto liderazgo en las brigadas estudiantiles. La víspera del 2 de octubre, su padre llegó al Distrito Federal decidido a llevárselo a casa.
“Mi papá me salvó. Llegó a las 6 de la mañana:
–¿Y tú qué?
–Pues soy dirigente
–¡Qué dirigente ni qué la chingada! agarra tus cosas porque nos vamos.
–No. Tengo una reunión a las nueve, vamos a pintar, hay marcha a medio día. Papá, no me puedo ir.
–Si no te estoy preguntando, nos vamos.
A los tres días vemos la televisión y me dice: ‘Mira tú movimiento’. Era de no creerlo. Él lo intuyó, porque ya le había tocado un movimiento en San Luis, en el 59.”
Por azar o por destino, Cipriano tenía muchos caminos que recorrer.
“Azar la música, azar la flauta, azar San Cosme, azar el 68, azar Brasil (…) Me tocó uno de los grandes guitarristas de afro, João de Aquino; mi conecte con Brasil fue el afro hasta el día de hoy. Esa corriente en Brasil es poderosísima; dos años en Río, y al poco tiempo una banda que se llamó Conexonido e inmediatamente después La Nopalera.”
Vendrán Conexionido (1972) y Talón San Cosme (1973), laboratorios de jazz-rock, afro y progresivo donde se gestó el proyecto de La Nopalera.
“Talón San Cosme era una música muy libre, muy creativa y con La Nopalera se redujo esa libertad sonora, se hizo más combativa, más de organización, partidos, comités y todo eso.”
Tras un enriquecedor periplo por centro y Sudamérica, vuelve a México en 1976; conoció a Marcial Alejandro y a Maru Enríquez, con quienes formó el grupo La Nopalera, una fuerte labor política con el PMT, Heberto Castillo y Demetrio Vallejo.
“Participar en huelgas, en paros. Canciones con afán de organización; juntarse, abrir ojos, ver la situación. Señalar otras situaciones en Centroamérica y Sudamérica. Arrejuntar materiales para encauzarlos, era nuestra forma de participar. Hacíamos pintas, al día siguiente tocábamos, así era la cosa, correteados y todo.”
Para los años 80, la reducción de espacios de expresión en la “apertura democrática” generó dudas y cambios en la canción social. Para Cipriano, la plataforma partidista era una opción, el desafío, la libertad creativa y calidad musical.
“Era muy reducido lo que podíamos hacer, pero creíamos en una apertura total a nuestro trabajo, divulgarlo. Una tremenda letrística, tremenda armonía y tremenda rumba.”
Calidad, inventiva musical y actitud festiva en canciones efectivas políticamente. Su obra, siempre colectiva, sigue creciendo, conectando con músicas y voces de otros lugares, hermanando culturas. Prueba de ello es una trayectoria fructífera e imparable. Por nombrar una parte: Nueva Canción (1976), Crece la Audiencia (1978), Tremendo Alboroto (1979) y La Rabia Dominio Público (1980), son los discos de La Nopalera.
Hay un compilado editado en 2015; el proyecto Mitote Jazz, entre 1989 y 2008; Som Bit 2013-2016, y recientemente sus proyectos Ciprianodonte: A la breve distancia de un soplido (2018) y Universonoro. En tiempos tan canijos (2023). ¡Saludes, compañero Cipriano!
Basado en una entrevista con Arturo Cipriano, en junio de 2013.
* Autora de Cantar de fuego











