José Agustín Ramírez-Bermúdez presenta hoy en la FILPM su versión del clásico gótico // “Hice las ilustraciones muy chavito; intentaba desarrollar un estilo”, dijo a La Jornada
Domingo 1º de marzo de 2026, p. 4
La figura de Drácula vuelve siempre de noche. Desde las páginas de Bram Stoker hasta la memoria de quienes lo leyeron por primera vez a escondidas, con una linterna improvisada y el pulso acelerado, como ocurrió en la adolescencia de José Agustín Ramírez-Bermúdez (Ciudad de México, 1975).
Años después, aquella lectura clandestina reaparece en imágenes y en un epílogo en la nueva edición de Drácula, publicada por Alfaguara, que será presentada hoy, último día de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).
En este volumen, Ramírez-Bermúdez enlaza el texto original con una experiencia que lo ha acompañado en distintas etapas de su vida.
Ese primer acercamiento fue “casi iniciático”: ocurrió en una azotea y dejó una huella duradera. Desde entonces, el vínculo no se interrumpió. “Es algo que nunca he abandonado del todo”, compartió en entrevista con La Jornada.
Volvió a ese universo en distintos momentos: durante sus años de formación como ilustrador y, más tarde, como espectador atento de sus adaptaciones cinematográficas. Cada regreso permitió contrastar sus recuerdos con las versiones que el tiempo fue acumulando.
Sobre ese proceso, Ramírez-Bermúdez se detuvo en cómo el cine ha modificado la percepción del texto original: “cuando hacen una adaptación reviso la novela para ver si es cierto lo que recuerdo, y casi siempre descubro que le inventan, le quitan y le ponen. Incluso propuestas consideradas clásicas, como la de Francis Ford Coppola, agregaron una historia de amor que no está en el libro original, pero que después se volvió canon.
“Este volver constante no debilitó mi interés; al contrario, lo afianzó. El ritmo de la obra, su tono oscuro y la atmósfera gótica mantienen una atracción persistente, incluso desde una lectura contemporánea.”
Las ilustraciones que acompañan esta edición nacieron hace más de dos décadas, cuando fueron pensadas para una colección juvenil que nunca llegó a publicarse. “Las hice cuando estaba muy chavito, apenas intentando desarrollar algún estilo”, añadió el también articulista.
De trazo lineal y con influencias del cómic y del grabado, fueron concebidas originalmente a color, aunque finalmente se optó por el blanco y negro, decisión que dialoga con su práctica actual.
“Nunca me fascinó mucho mi paleta de colores, y hoy trabajo casi siempre así”, señaló Ramírez-Bermúdez. “El rencuentro con esos dibujos resultó ambivalente. De un conjunto cercano a 50 ilustraciones, más de 20 quedaron fuera. Muchas no me gustaban, me daban pena”.
Otras, en cambio, se mantuvieron y terminaron integrándose al volumen, junto con la portada –la única a color–, que conserva un tono rojizo asociado con la sangre y el crepúsculo. “Son sentimientos encontrados, porque hoy quizás haría algo completamente distinto, pero también me dio gusto que no se quedaran perdidas”.
El epílogo abre uno de los núcleos más potentes del libro: el vampirismo como clave para leer la vida y la escritura de José Agustín (1944-2024), su padre. Noctámbulo riguroso, escribió siempre de noche, mientras el día quedaba reservado para el sueño.
Esa rutina marcó la vida familiar y tuvo costos evidentes en su salud. “Eran hábitos extremos, pero su obra es brillante e innegablemente trascendente”, comentó su hijo.
De ahí surge el símil del vampiro, criatura nocturna que lucha contra sus propias tinieblas. La imagen alude tanto a los horarios invertidos como a una forma de estar en el mundo marcada por la intensidad, la disciplina y una curiosidad insaciable. La convivencia no siempre fue sencilla, pero el legado resulta claro: el acceso temprano a los libros y a múltiples universos imaginativos.
La biblioteca del padre, que permanece intacta, fue el espacio desde el cual se escribió el epílogo. Se trata de un acervo vasto y singular donde conviven literatura gótica, ciencia ficción, fantasía y clásicos universales. Poe, Lovecraft, Hoffmann y los grabados de Doré aparecen allí como presencias constantes que influyeron de manera decisiva en su sensibilidad visual.
El texto recupera también un artículo que José Agustín publicó en 1967 sobre Drácula, donde admiraba la atmósfera del relato, pero cuestionaba su simpleza moral. En esa lectura crítica, Ramírez-Bermúdez se siente cercano a su padre.
La oposición tajante entre el bien y el mal ayuda a explicar por qué tantas versiones posteriores intentaron complejizar al vampiro. “Quizá por eso todos agregaron una historia de amor, porque el esquema original parecía demasiado simple”, comentó Ramírez-Bermúdez.
Aun así, persiste el deseo de ver una adaptación plenamente fiel al texto, aunque reconoce el valor de versiones como las de Murnau, Coppola o la reciente Nosferatu, de Robert Eggers. Ninguna, sin embargo, reproduce exactamente la novela.
Más allá del ámbito literario, Drácula funciona como espejo de miedos colectivos persistentes: plagas, racismo, epidemias y totalitarismos, así como una lógica circular de víctimas y depredadores. El vampiro aparece entonces como un arquetipo oscuro de deseos reprimidos y como un reflejo de impulsos que el ser humano no ha querido abandonar, pero que el mito permite nombrar.
Para Ramírez-Bermúdez, esta edición es “casi una Biblia del vampirismo”, en un contexto donde la proliferación de versiones es posible por la ausencia de derechos de autor. “Vivo a la sombra de mi padre, pero es una sombra muy cálida y generosa”.
La presentación del libro se realizará hoy a las 19 horas en la Capilla de la FILPM, con la participación del ilustrador, acompañado por Bernardo Fernández, Bef, y Margot Cortázar.











