Opinión
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Pemex: la difícil recuperación
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etróleos Mexicanos (Pemex) informó que del cierre de 2024 al de 2025 su deuda se redujo de 97 mil 632 millones de dólares a 85 mil 248 millones, una disminución de 13 por ciento que representa el monto más bajo en los últimos 11 años. Si se compara con el saldo de 2018, la deuda financiera es 19 por ciento menor. En su reporte enviado a la Bolsa Mexicana de Valores, la empresa pública también registró una caída de 94 por ciento en sus pérdidas, las cuales pasaron de 780 mil 587 millones de pesos en 2024 a 45 mil 201 millones de pesos en 2025; así como la liquidación de 580 mil millones de pesos en adeudos a proveedores, lo cual contribuye a proteger el empleo y reactivar economías regionales.

Los 85 mil millones de dólares que todavía arrastra la empresa pública en pasivos financieros, así como el hecho de que opere con pérdidas, dejan claro que su situación todavía es delicada y que está lejos de ser el motor de la economía nacional que fue hace décadas. Por ello, para entender la magnitud del avance es necesario ponerlo en perspectiva: pese a disponer de los precios internacionales del crudo más altos en la historia (119 dólares por barril ajustados por inflación), durante el calderonato (2007-2012) la deuda de Pemex subió de 67.4 a 80.9 mil millones de dólares y en manos de Enrique Peña Nieto (2013-2018) se disparó ese último monto a 129 mil millones de dólares. No puede olvidarse que de 2012 a 2016 la paraestatal fue encabezada por Emilio Lozoya Austin, procesado por operar el fraude de Agronitrogenados, la compra de instalaciones chatarra a precio inflado en beneficio del empresario Alonso Ancira. En el mismo periodo, la producción de Pemex se derrumbó de 3.5 a 2 millones de barriles diarios por la combinación de agotamiento de yacimientos, saqueo y desinversión intencional, a fin de impulsar la agenda privatizadora.

El ex presidente Andrés Manuel López Obrador recibió una empresa en proceso de desmantelamiento, un marco legal diseñado para transferir todas las ganancias a privados y todas las pérdidas al Estado, una producción en caída libre, además de una deuda incontrolable en Pemex y en el conjunto del sector público. Que en ese contexto el crecimiento de los pasivos de la compañía se haya revertido y disminuido en 17 por ciento, ilustra el esfuerzo de recuperación del patrimonio nacional y reversión de las manifestaciones más salvajes del neoliberalismo que tuvo lugar el sexenio pasado y continúa en el actual. Está claro, por ejemplo, que los logros anunciados ayer deben enmarcarse en la Estrategia Integral de Capitalización y Financiamiento de Petróleos Mexicanos presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en agosto pasado, cuyos ambiciosos objetivos incluyen estabilizar la producción en 1.8 millones de barriles de petróleo diarios; aumentar la producción de petrolíferos de alto valor, como gasolinas, diésel y turbosina; relanzar la industria petroquímica e incrementar la producción de fertilizantes; reducir los costos de operación con adecuaciones logísticas; incrementar la producción de gas natural; explorar nuevos yacimientos con manejos sustentables; impulsar las energías verdes, y garantizar la justicia social con proyectos que integren a las comunidades locales.

El difícil salvamento de Pemex y los enormes adeudos que le quedan por cubrir no son motivo para desahuciar a la empresa, como pretendieron los gobernantes del ciclo neoliberal, sino un recordatorio de la destrucción y los retrocesos que las derechas infligen a un país cuando llegan al poder. Por ello, cabe congratularse por los avances en la recuperación de la empresa insignia de México y hacer votos por que nunca más el patrimonio nacional sea botín de unos cuantos.