n mensaje lleno de aliento es el enviado a la nación por el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional. El caso era presentar los hechos que se dieron en la detención y posterior deceso de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, conocido por ser el líder del cártel Jalisco Nueva Generación ( CJNG), uno de los criminales más buscados.
Innovando en las formas de hacerlo, el informe fue exhaustivo, minucioso y emotivo, seguido por otras versiones en un formato claro, detallado, atractivo para quien lo conocería, el pueblo. Bien por ello.
Pero hubo un contenido no verbalizado que tiene tanta trascendencia por su esencia como los hechos narrados. El mensaje tuvo la virtud de exponer a la nación la fortaleza y confianza que puede tenerse en las fuerzas armadas en el cumplimiento de sus misiones constitucionales.
Sin expresarlos, se derivaron del informe otros valores: el general Trevilla se reveló como todo un comandante cuando insistió en que es un principio universalmente aceptado que los ejecutantes de una operación sean aquellos que la planearon, cierto absolutamente cierto, pero él lo hizo como un acto de justicia, de desprendimiento personal.
Había algo más en el significativo mensaje. Por razones de hombría de bien, nada dijo sobre el hecho, también es universalmente aceptado, que es el comandante y sólo él quien puede poner en movimiento un proceso de planeación que concluye con la decisión, que es también un acto en el que el comandante es el único que debe asumir la totalidad de la responsabilidad. La generosa referencia a los planificadores y ejecutores del tema fue un acto de integridad como comandante por parte de Trevilla.
Sin mención, el informe fortalece otros principios del universo militar: para las tropas no hay mayor estímulo en el desempeño de sus deberes que ser conducidas por un comandante admirado. Es en este sentido que se crea el vínculo que fortalece el espíritu de cuerpo.
Es la satisfacción que se establece al saberse bien mandado, de admirar, base del respeto, a aquel de quien recibirán órdenes frecuentemente exigentes de esfuerzos extremos, incluso hasta en quién confiará la seguridad de su vida.
El momento cumbre, insólito, fue el quiebre emocional del secretario Trevilla al pedir una memoria por los caídos. Ver un acto de íntima humanidad en quien se presume que deba ser inmutable fue el mejor abono por las altas cualidades del general, bien por él.
El estado de ánimo que produjo es posible capitalizarlo en beneficio del país. Ese entusiasmo por labrar un esfuerzo compartido pueblo-gobierno es la conclusión del momento. La emoción no excluye a la razón, nadie duda que el operativo puede ser sólo un eslabón.
Otros retos podrán venir, pero hoy el gobierno de la presidenta Sheinbaum es más fuerte, es más comandanta de las tropas de su país. Es titular de un gobierno excepcionalmente fuerte.












