os disparates del ex director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) alentaron los fuegos del debate en torno a la Nueva Escuela Mexicana (NEM), una discusión necesaria y urgente que no debe cerrarse, por lo que propongo observar algunos puntos a cuatro años de aplicación de la NEM en las aulas de educación básica (2022-2026).
Quisiera recuperar la experiencia que comparte el doctor Ángel Díaz Barriga en una charla en la Universidad Veracruzana (https://www.youtube.com/watch?v=3FwiawdUUwc&t=1703s). Él señala que la NEM nació inicialmente como idea impulsada por Esteban Moctezuma cuando fue secretario de Educación Pública, en un intento por deslindarse de las políticas del “viejo régimen” y alinearse discursivamente con el proyecto de la Cuarta Transformación. El propio Díaz Barriga calificó de “tomadura de pelo” el parlamento abierto en materia educativa, aquella consulta pública organizada en 2019 por la Cámara de Diputados y el Senado, que terminó sin incidir sustancialmente en las decisiones finales, pues éstas se tomaron en el escritorio del entonces secretario.
En 2020, con la llegada de la pandemia, la SEP entró en una etapa de malas decisiones. Díaz Barriga denomina ese momento como “fraude pedagógico”, que el secretario Moctezuma mostrara visión empresarial al contratar Google Educación y presentar la estrategia con el lema “Desaprendiendo para aprender”, acompañado por directivos de Google.
Cuando se da cuenta de que no puede la educación básica funcionar por medio de Internet y de computadoras porque sencillamente es imposible, entonces se va a Aprende en Casa, pagando una millonada a las televisoras privadas y concesionarias, todo esto mientras las y los docentes de todo el país eran consumidos por la desinformación y el sistema gerencial educativo, que exige productividad docente con pruebas.
Con la llegada de la maestra Delfina Gómez a la SEP se intentó reordenar y sistematizar las explicaciones que hasta entonces había ofrecido Esteban Moctezuma sobre la NEM, buscando traducir ese discurso inicial en una propuesta curricular más estructurada. Este esfuerzo se materializó en el plan de estudios para la educación prescolar, primaria y secundaria 2022, en el que hay diversos cambios para la práctica educativa docente, desde cómo se organizará el conocimiento para el aula (de asignaturas fijas a campos formativos), Aprendizaje Basado en Proyectos Comunitarios (tema ya trabajado en educación indígena, multigrado, el Consejo Nacional de Fomento Educativo y en la educación popular), etcétera.
Desde ese momento, los procesos de capacitación se volvieron una locura: se impulsaron jornadas intensivas con nuevos conceptos, nuevas categorías y nuevos libros de texto, muchas veces mediante el modelo de “cascada” (coordinadores estatales capacitan a regionales, éstos a directivos y finalmente a docentes) o por medio de los consejos técnicos escolares.
No sorprende que un porcentaje significativo del magisterio haya recurrido a la compra de planeaciones ya elaboradas; en Internet proliferan sitios que venden planes alineados a distintos programas.
Sin embargo, reducir la discusión de la NEM a sus errores de conducción política sería insuficiente; pienso que es necesario distinguir entre el nivel de decisiones administrativas y el nivel de posibilidades pedagógicas que el marco curricular habilita en el aula; he escuchado grandes puntos a favor, como la propuesta de Ana Laura Gallardo (https://www.youtube.com/watch?v=wCl8adqhBVY) del codiseño curricular. Según su planteamiento, hoy el docente de educación básica puede construir conocimiento pedagógico formal a partir del análisis de su entorno. Esto implica reconocer que lo nacional no es una esencia fija, sino una construcción que ocurre desde lo local.
Gallardo dice que saberes que históricamente fueron considerados atraso o falta de calidad pueden convertirse en base legítima para la construcción del conocimiento escolar. Al explicar la relación entre programa sintético y programa analítico, señala que el docente siempre realiza un proceso de resignificación en su práctica; la construcción contextualizada del conocimiento ocurre de facto en el aula, la diferencia es que ahora el marco curricular busca reconocerla institucionalmente.
Aun así persiste la pregunta de fondo: ¿esta posibilidad resuelve realmente el problema de la autonomía profesional docente? La implementación concreta sigue dependiendo de condiciones estructurales, culturales y administrativas que no necesariamente han cambiado al mismo ritmo que el discurso curricular.
Comparto la visión de Luis Hernández en su artículo del 24 de febrero: la remoción de Marx Arriaga no cierra la disputa por la NEM ni por los libros de texto gratuitos. Por el contrario, la intensifica y la desplaza hacia el terreno político; los problemas en la política y la confrontación con sectores opositores han convertido la discusión educativa en un campo de lealtades y descalificaciones, en el que se habla más de traiciones, redes e intenciones que de pedagogía, currículo y aprendizaje.
Si algo deja claro esta coyuntura es que la NEM no puede sostenerse únicamente en la confrontación política ni en la defensa acrítica de sus promotores. A cuatro años de su implementación, el debate debe regresar al terreno pedagógico, evaluar contenidos, reconocer errores, fortalecer la formación docente y garantizar condiciones reales para que la autonomía profesional no sea sólo un enunciado normativo.
* Profesor











