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“Siempre hemos vivido en el apocalipsis”, asegura László Krasznahorkai

El Nobel de Literatura abandona su reclusión y reaparece en un acto público en Barcelona

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▲ El escritor László Krasznahorkai durante una rueda de prensa en el Centro de Cultura Contemporánea, en la capital catalana.Foto Europa Press
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 26 de febrero de 2026, p. 4

Madrid. Desde el pasado 11 de diciembre, cuando recibió el Nobel de Literatura, el escritor húngaro László Krasznahorkai se ha recluido en la soledad de sus libros para avizorar desde ese rincón secreto el devenir del mundo. Y él, que sigue escribiendo con pluma y papel “para intentar comprender un mundo cada vez más confuso”, decidió reaparecer públicamente en un acto en Barcelona, en el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) de la capital catalana, desde donde reconoció que “siempre hemos vivido en el apocalipsis, es la forma en que se ha desarrollado la historia”.

Krasznahorkai, que nació en Gyula, Hungría, en 1954, había cancelado hace un par de meses una charla que tenía previsto hacer en el CCCB junto con su traductor y amigo Adan Kovacsics, pero el vendaval del Nobel de Literatura le obligó a cancelar para centrarse en el discurso de recepción e intentar defender su intimidad, rota por las llamadas constantes y el foco incesante de las cámaras. Pero ahora, ya más reposado, decidió recuperar ese compromiso para reaparecer públicamente.

Vestido de negro, como es habitual en él, y con su larga melena blanca compareció en el centro cultural para hablar de su literatura, de las “baratijas” que se han puesto de moda en la literatura y hasta del futuro incierto que espera a su país si en abril gana las elecciones el ultraderechista Viktor Orban, incluso recomendó que si se cumplen esos vaticinios lo mejor que pueden hacer sus compatriotas es “huir”.

En cuanto a su forma de escribir, Krasznarhorkai reconoció que aunque su mano izquierda “está cada vez más cansada”, es con la que sigue escribiendo sus libros, con pluma y en papel, fiel a la tradición del poeta húngaro Endre Edy, que se negó a usar la maquina de escribir porque aseguró que ese artilugio “era incompatible con la poesía”.

Algo similar cree el Nobel húngaro, que a partir de esa costumbre para asomarse a su propia literatura disgregó sobre el mundo y las nuevas tecnologías: “no creo que el arte tenga mucho que ver con la dirección que ha tomado el mundo. La tecnología es maravillosa, pero el arte nos lleva mucho más lejos. Nos puede hacer volar hacia un espacio libre. El arte nos eleva, pero luego nos devuelve a la Tierra, no como los cohetes de Elon Musk”. Y fue más allá, al sostener que “ahora mismo hay baratijas muy populares que serían impensables hace años. Son los enemigos de la literatura”.

La visita de Krasznarhorkai a España también tiene que ver con la inminente publicación de su última novela traducida a nuestro idioma, Herscht 07769, que se publicará en la editorial Acantilado, con la que ha publicado títulos como El barón Wenckheim vuelve a casa, Tango satánico y Guerra y guerra.

Pobreza y miseria

Durante su encuentro con la prensa, el escritor húngaro reconoció que hay dos palabras con las que se suele relacionar su literatura: “miseria” y “apocalipsis”. Sobre la primera aseguró que no escribo sobre la miseria, sino sobre la pobreza. Son dos términos parecidos, pero no iguales. Los pobres tienen su cultura. No tienen dinero, pero tienen espíritu. La miseria es la pobreza absoluta, tanto en lo terrenal como en lo espiritual. Pero quizá me tendría que haber esforzado más en representar el estado de miseria total, que es en lo que estamos cada vez más empantanados en el mundo. Aun así, no reduciría lo que escribo a un reflejo de la miseria social”.

En ese sentido: “me aferro con dos dedos, o quizá sólo con uno, al arte de calidad. El arte nos ayuda, sí, pero en las últimas dos décadas no he leído ningún libro sobre una persona en la miseria a quien sólo le queda su dignidad. Esa persona quizá podría ser el objeto de mi obra”.

Y en cuanto a la segunda palabra, apocalipsis, Krasznahorkai explicó que la primera en utilizar esa palabra para explicar su obra fue la escritora Susan Sontag, que lo llegó a definir como “el maestro del apocalipsis” y que tiempo después, cuando le dieron el Nobel, el jurado lo definió de nuevo con ese vocablo, al justificar el galardón en su “obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”.

Y añadió: “mucha gente se rio de esa afirmación; lo que puedo decir a ese respecto es que el apocalipsis es algo continuo, no es un supuesto de último momento, sino que es la forma en la que se ha desarrollado la historia. Es una dinámica de caer y levantarse. Siempre hemos vivido en el apocalipsis, es la forma en que se ha desarrollado la historia”.

El Nobel húngaro citó ejemplos concretos de esa deriva siniestra del mundo: “Gente mala como Vladimir Putin ha existido siempre. Las cosas no van bien, claro, pero es que nunca han ido bien, aunque siempre ha ocurrido algo que nos ha salvado, que ha hecho que avancemos en este mundo. En mis libros son los ángeles los que traen un mensaje revelador y son sacrificados por los pecados colectivos. Pero algo ha cambiado en los últimos años: antes los sacrificaban porque comprendían sus mensajes y les resultaba ofensiva una verdad tan desnuda; ahora ni siquiera lo entienden, ni siquiera saben que es un mensaje, pero los siguen sacrificando”.