Opinión
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Oposición e insidias
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a captura y muerte del capo mayor –Nemesio Oseguera– en estos presionados días, puso en acción un conjunto de insidias de la derecha opositora. Como si fuera un concierto de cantaletas, sacaron a colación viejas rencillas contra el ex presidente López Obrador y su política de seguridad: atención a las causas y efectiva guardia nacional. Adjuntan, sin prueba alguna más allá de sus colonizadas pulsiones, suposiciones de participación del gobierno estadunidense. Unos acentuando la inteligencia que guío todo el proceso. Otros asegurando diversos tipos de participación externa, desde el normal acompañamiento, hasta el auxilio de sus fuerzas de élite. Alegando que “fueron ellos” los principales actores en esta exitosa operación. Una que, ciertamente, estuvo a cargo del Ejército Mexicano. Con numerosa presencia de la Guardia Nacional. No aceptan, estos derechosos difusores, que sus connacionales son capaces de hacer lo necesario para asegurar una eficaz lucha contra los cárteles. Organizaciones criminales que, hay necesidad de recordar, tuvieron tiempo, y auxilio de complicidades, suficiente para su desarrollo en los gobiernos prianistas.

Sin importarles las múltiples muertes de soldados y policías, se lanzan a inscribir, como críticas periodísticas, agresiones envueltas en un palabrerío de ociosas consignas. La más socorrida de éstas relacionada con el fracaso de la supuesta política de AMLO: abrazos y no balazos. Una pegatina verbal que nunca fue política de gobierno y, menos aún, de Estado. Pero no se cansan en retraer al presente, en un estéril, reiterado y continuo intento, por desacreditar a la pasada y transformadora administración popular. Quieren insertar a la presidenta Sheinbaum en un pleito que implique separación o, mejor aún, rompimiento con su antecesor. Intentona que ha caído, una y otras veces, en rotundos fracasos mediáticos. El pueblo elector sigue firme en su respaldo a las dos sucesivas administraciones de la llamada 4T.

Al no poder negar el éxito del combate a la violencia criminal que ha venido sucediendo, recurren a subterfugios varios. Uno se ocupa en ningunear, hasta negar, la estadística del Inegi, que sostiene la decreciente incidencia de muertes violentas y de otros delitos. Sucesos que iniciaron su ruta de contención –a partir del año 2018– descendiente en 2021, para acentuarse durante 2025 y meses adicionales. Otras aducen una tramposa comparación entre el actual trabajo de seguridad y lo hecho en el pasado inmediato. Alegan que, ahora sí, se combate efectivamente al crimen organizado. Se cambiaron los abrazos por balazos y, eso, lo predican como eficaz causa del buen resultado actual. No reconocen, ni por un instante de veracidad, que ahora se cuenta con una Guardia Nacional de 150 mil efectivos. Todos ellos, razonadamente, distribuidos en todos y cada uno de los estados de la República. Una policía militarizada, equipada, bien pagada, organizada y entrenada que, día con día, se gana el aprecio ciudadano. Esta sustituyó a la precaria e ineficaz policía, heredada del prianismo, penetrada por el crimen hasta límites ya bien conocidos.

Hay que recordar los intentos de la oposición por bloquear la creación de esa guardia que, ahora, es un eficaz instrumento para combatir al crimen. Negaron todos y cada uno de los pasos para su formación y, en especial, su anexión a la Secretaría de la Defensa. No hay, en el presente, operación alguna que no la use, con buenos resultados, para múltiples tareas. Unas que van desde auxilio en catástrofes como también operativos de búsqueda de desaparecidos hasta control de sucesos que causan alarma colectiva. Sus 25 infortunadas bajas en los recientes enfrentamientos confirman su activa participación. La misma estabilidad del país es auxiliada por esta institución que fue montada, en sus cuestionadas y combatidas etapas, en sólo tres años por el anterior gobierno. El extremo de las insidias de opositores mediáticos bajo consigna es la torpe sugerencia de que, doña Claudia, logra su independiente capacidad decisoria a partir de la captura y muerte del tristemente famoso El Mencho. Ella la tiene a partir de los millones de votos obtenidos y de su renovado respaldo popular. No porque un columnero le reconozca, con sus insidias, esa novedosa capacidad e independencia. La estrategia para reducir la inseguridad y buscar la tranquilidad de la población, tiene firmes principios de eficaz continuidad.

La táctica opositora no descansa ni siquiera en medio de los varios triunfos obtenidos en la lucha contra el crimen. El extremo lo ejemplifica la pertinaz oposición al tratar de negar, (por una mención, en el reporte del general R. Trevilla de lo que ocurría ese domingo) que no fue la Presidenta quien dio la autorización del operativo comentado. Ser la cúspide decisoria gubernamental, no está, ni ha estado, bajo duda razonable alguna.