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El imperio contraataca
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a 62 Conferencia de Seguridad de Múnich tuvo méritos agradecibles. El pasado 13 de febrero, Marco Rubio dio ahí un discurso exhibicionista explicando el alcance del proyecto MAGA. Instalado con naturalidad en la dialéctica del amo y el esclavo, desde un supremacismo blanco sin inhibiciones, se abrió la gabardina para mostrar sus armas a los infantes: sus congéneres europeos, a los que ve disminuidos.

Es fácil ver en MAGA a un lunático que dice que él es el mejor en todo de todos los tiempos. Eso no cambiará, irá a peor. El fondo de ese proyecto es el relanzamiento del capitalismo cueste lo que cueste: invadir, bombardear, robar, secuestrar, matar, que lo que está de por medio es la vida del sistema. Todo lo dijo Rubio con la serenidad del amo que, sin pensarlo, “sabe” que el mundo consiste en amos y esclavos. Nietzsche, Hegel, Marx, hablaron de esa personalidad sobrada de “razones” para ser el amo.

Rubio: “Nos encontramos ante una nueva catástrofe global (...) más apocalíptica y definitiva que cualquier otra en la historia de la humanidad (…) abrazamos [un día] una visión dogmática del comercio libre y sin restricciones (…) lo que provocó la desindustrialización de gran parte de nuestras sociedades, la deslocalización de millones de puestos de trabajo de clase media y trabajadora al extranjero y la entrega del control de nuestras cadenas de suministro (…) muchas naciones han invertido en enormes estados del bienestar a costa de mantener su capacidad de defenderse.

“Y en la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades (…) La desindustrialización no era inevitable (…) fue una elección política consciente, una empresa económica de décadas que despojó a nuestras naciones de su riqueza, de su capacidad productiva y de su independencia. Fue una tontería (…) que nos dejó dependientes de otros para satisfacer nuestras necesidades (…) La migración masiva (...) ha sido y sigue siendo una crisis que está transformando y desestabilizando a las sociedades de todo Occidente. Juntos podemos reindustrializar nuestras economías y reconstruir nuestra capacidad para defender a nuestro pueblo.

“Durante cinco siglos (…) Occidente se había expandido: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados y sus exploradores salían de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo. Pero en 1945 (…) Europa estaba en ruinas (…). Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por revoluciones comunistas ateas y por levantamientos anticolonialistas (…) entonces, como ahora, muchos llegaron a creer que la era de dominio occidental había llegado a su fin (…) Pero nuestros predecesores reconocieron que el declive era una elección (…) que se negaron a tomar (…), y esto es lo que el presidente Trump y Estados Unidos quieren hacer de nuevo ahora, junto con ustedes (…) la alianza que queremos es aquella que no se ve paralizada por el miedo, el miedo al cambio climático, el miedo a la guerra, el miedo a la tecnología (…) queremos una alianza que se lance con valentía hacia el futuro. Y el único miedo que tenemos es el miedo a la vergüenza de no dejar a nuestras naciones más orgullosas, más fuertes y más ricas para nuestros hijos”.

El amo blanco imperialista mostró que su sensación de superioridad no es emoción fingida, sino poder genuino: Occidente es y ha sido superior en todo, por toda la historia. Nadie le produjo sus adversidades; nadie sería capaz de lograrlo, fueron autoinfligidas. Es hora de retomar las riendas de mando que no debió soltar nunca. Se manda con el látigo en la mano.

Como escribiera Mehdi Hasan, de The Guardian: “olvídate de MAGA, bienvenido MEGA (Make Empire Great Again). El discurso de Rubio es una idiotez, pero es necesario tomarlo en serio porque lo que dice, lo dice con las bombas en la mano. Hay que tomarlo en serio, porque la ‘reindustrialización’ que MAGA quiere alterará por tiempo indeterminado la economía mundial, sin que el objetivo pueda ser alcanzado. Queda claro que a Rubio le importan un comino los cientos de millones de muertes ejecutadas, incitadas y suscitadas por el sistema colonial. Igual matamos cerdos para alimentarnos”.

Para Rubio, los miles de millones de seres humanos que viven en la periferia son el esclavo en su lugar: la necesidad de nombrarlos es nula. Hay otras opiniones. Stephen Holmes, de Project Syndicate, escribió que Rubio es JD Vance con medias de seda. Los europeos aplaudieron a rabiar a Rubio; después se percataron de “las medias”; pero los desacuerdos entre ellos cunden.

La desindustrialización –el arribo masivo de empresas del centro capitalista a la periferia– fue correlativa de la industrialización de Asia, con China en primer lugar. Ese doble hecho creó las tensiones geopolíticas del presente. Los aranceles locos, la persecución fiera de migrantes y la nueva expansión nuclear de Estados Unidos no revivirán su industria una vez dominante. A la vista, Estados Unidos c’est fini.