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Se cumplen 50 años del primer álbum de The Ramones, banda estandarte del punk
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▲ Los cuatro de Brooklyn tenían una imagen uniformada, de pandilla juvenil, idea que cautivó a la juventud mexicana.Foto tomadas del Facebook de The Ramones
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▲ Los cuatro de Brooklyn tenían una imagen uniformada, de pandilla juvenil, idea que cautivó a la juventud mexicana.Foto tomadas del Facebook de The Ramones
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Martes 24 de febrero de 2026, p. 7

Eran ruidosos, supuestamente rudimentarios y en cada lugar que tocaron inspiraron la creación de nuevos grupos. Este año se cumple medio siglo del disco debut de The Ramones, la banda que escribió las reglas de un género, cambiando los requisitos para formar una banda a partir de la segunda mitad de los 70.

The Ramones marcó varios puntos de quiebre: la fórmula parecía básica: aprender lo mínimo necesario de un instrumento para escribir un puñado de canciones y ejecutarlas con velocidad y furia, con una carga musical que tuvo a Iggy Pop y sus Stooges como un temprano interés común, pero también a las producciones de Phil Spector y Shadow Morton, que cuadraron orquestación, instrumentación eléctrica y vocales corales con una historia, dentro de la breve duración de la cara de un disco de vinilo simple. En 1976, el virtuosismo del rock progresivo estaba en su apogeo y para este grupo de renegados eso significó un llamado a la guerra por oposición.

Luego de un tiempo buscando la alineación adecuada, The Ramones quedó conformado por Tommy Ramone, que inventó la forma de tocar la batería que caracterizó al grupo, y terminó por convertirse en productor; Dee Dee Ramone, bajista y compositor de algunas de las mejores canciones; Johnny Ramone, que transformó sus limitaciones en la guitarra en un estilo personal, y Joey Ramone, el cantante que desafiaba la idea de cómo debía lucir la persona al frente del escenario.

Los temas de las canciones trataron sus obsesiones adolescentes, desde canciones de desamor hasta cine de terror clase B, y necesitaron poco tiempo para llegar al punto, una reacción a la era del solo de teclado eléctrico. La vestimenta de una chamarra de cuero, unos jeans y unos tenis Converse All Star contribuyeron a la sensación de “yo también puedo hacerlo”, que The Ramones indudablemente inculcó al público de diferentes continentes. El efecto contagio no necesitó de un manifiesto que lo respaldara fuera de los discos, fue creado con más práctica que teoría.

No eran fáciles de imitar, a pesar de que producían esa ilusión: ni la técnica de hi-hat en la batería ni las pocas notas de bajo tocadas con actitud inigualable, tampoco el estilo de tocar barras en la lira eléctrica con golpes descendentes ni la capacidad de escribir letras que aún hoy parecen cultura pop instantánea.

De Pantitlán a Ecatepec

Antes y después de su presentación en el ex Balneario Olímpico Pantitlán, el 26 y 27 de septiembre de 1992, The Ramones dejaron huella en los punks locales. Los cuatro de Brooklyn tenían una imagen uniformada, de pandilla juvenil, idea que cautivó a la juventud mexicana desde los comienzos del rocanrol. Hasta tienen su propio museo en Ecatepec, el Casa Ramones Club, en el que se exhiben objetos relacionados con la banda en un espacio diseñado por Arturo Vega, creador del icónico logo del conjunto.

El estilo directo de The Ramones no tenía competencia directa en Nueva York, todos eran diferentes: New York Dolls y Johnny Thunders tenían una herencia de The Rolling Stones, Blondie tenía una onda más pop y una sex symbol de cantante, Television era expresionista y con letras oníricas, Patti Smith era una poeta intelectual y Lou Reed era superior y giraba sobre su propia órbita. Ser definidos como punks fue un arma de doble filo para The Ramones: por un lado, definió al perfil de sus fanáticos y, por otro, los excluyó de la masividad de la radio, al quedar asociados con la violencia que se atribuyó a Sex Pistols.

En su autobiografía Poison Heart, editada en 1998, Dee Dee Ramone comenta: “yo no podía tocar una canción de rock compleja como Dazed and Confused y, sin embargo, alcancé reconocimiento y respeto en el mundo de la música”,

En una entrevista de 2009 con Craig Leon, productor del primer larga duración ramonero, explicó por qué lo entusiasmó colaborar con grupos nuevos: “trabajé con estos artistas porque eran músicos locales que satisfacían mi gusto de entonces. No tenía idea de que ninguno de ellos iba a ser recordado o enaltecido tantos años después. El género era aún muy joven entonces y, exceptuando la mente de unos pocos periodistas con perspectiva del futuro, no existía realmente un consenso sobre la historia del rock”.