Lunes 23 de febrero de 2026, p. 15
Trabajar de noche, esencial en numerosos sectores productivos, es visto como algo normal. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que la gente que labora entre las 22 y las 6 horas es más propensa a padecer enfermedades metabólicas, cardiovasculares y, en algunos casos, cáncer. También son más frecuentes las afectaciones sicológicas.
En México, alrededor de un millón de personas tienen estos horarios, según la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Entre los sectores con turnos por la noche destacan las fábricas, los servicios de salud, transporte y seguridad, así como los centros de entretenimiento.
Marisol García Prado, sicoterapeuta del Centro de Sicología Integrativa de la Ciudad de México, explicó en entrevista para La Jornada que si bien este horario es bastante común, quienes trabajan por la noche tienen una mayor predisposición al estrés crónico, ansiedad y síndrome de desgaste profesional (burnout), que se define como un estado de agotamiento físico, emocional y mental.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal, 3.6 millones de adultos en México padecen depresión. Esta cifra se vuelve más relevante al tomar en cuenta a las personas que laboran por la noche, ya que una de las principales consecuencias es el trastorno del estado de ánimo.
“Si de por sí trabajamos bajo un estrés constante, en la madrugada, un horario en el que ya debes descansar, este estrés aumenta más y recae sobre nuestro sistema nervioso. El cerebro nocturno funciona a contracorriente, lo cual provoca fatiga, irritabilidad, depresión, trastorno del sueño, cambios de humor y un aislamiento social y emocional”, comentó la especialista.
García Prado añadió que además de la depresión y el aislamiento social causado por el turno nocturno, también hay un riesgo significativamente mayor de presentar ideación suicida y conductas autolesivas, en comparación con los trabajadores diurnos.
También hay un grupo de enfermedades que se presentan más en los empleos de noche.
Y hacerlo por un periodo prolongado conlleva riesgos para la salud física debido a la cronodisrupción, es decir, la alteración de los ritmos circadianos (el “reloj biológico” interno que regula los periodos de descanso y actividad).
De acuerdo con algunos estudios de la Organización Mundial de la Salud, los turnos de noche aumentan la probabilidad de desarrollar cáncer por la interrupción de los ritmos circadianos. Esto se debe a la poca producción de la melatonina, una hormona con propiedades anticancerígenas que se produce durante la noche y en la oscuridad.
De igual manera, la alteración del sueño eleva la presión arterial, aumentando el riesgo de hipertensión y arritmias cardiacas.
Además, durante la noche hay una mayor tendencia a ingerir alimentos menos saludables, lo que genera sobrepeso, alteración de los niveles de glucosa y resistencia a la insulina. Con el tiempo se presenta la diabetes tipo 2.
Vivir a contracorriente: testimonio de la fatiga
Norma Itzel Juárez, asistente médica en el Instituto Mexicano del Seguro Social, contó a La Jornada que desde hace 16 años trabaja tres veces por semana durante la noche, de las 20:30 a las 8:30 horas. Afirma que a causa de su horario, poco habitual y con menos descanso que si fuera diurno, sufre pérdida de cabello a causa del estrés, ha incrementado de peso debido a la mala alimentación y se siente más ansiosa durante el día, además de que tiene los ojos resecos, cambios de humor drásticos y depresión por el entorno.
Generalmente, una persona con un trabajo nocturno suele dormir dos horas menos en comparación con la gente que tiene un empleo diurno. “Físicamente, es agotador; al día siguiente te sientes cansada, como si te hubieras ido a una fiesta, pero sin alcohol. Al llegar a casa me cuesta trabajo descansar porque no tengo una rutina común; a lo mucho duermo cuatro horas de corrido porque tengo otras actividades. Incluso los días que no me toca trabajar mi reloj interno ya está programado para ir tarde a la cama y no descanso”.
En su momento, como madre soltera, Norma eligió esta jornada pensando en cubrir las necesidades de sus hijos. Actualmente, ya sufre las consecuencias del trabajo de noche, que se reflejan en su salud física y mental. Comenta que tuvo una crisis de ansiedad en el trabajo: “Nadie toma en serio este tema de la ansiedad y el estrés en el hospital, pese a tener a un sicólogo y un siquiatra a nuestra disposición. Realmente estás tan inmerso en tus actividades que te cuesta reconocer que necesitas ayuda”.











