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Para Cuba, soberanía y solidaridad
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uestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, reconocida en el mundo por ser una mujer con poder político, con seriedad y serenidad como características, se ha referido varias veces en las últimas semanas al espinoso asunto de Cuba, el país caribeño en la perversa mira del presidente Trump y, eso sí, con una resistencia firme y patriótica de los cubanos, pueblo acostumbrado a enfrentar situaciones críticas.

La historia de México ha estado desde hace siglos, desde nuestros inicios como virreinato de la Nueva España, ligada a la de esa hermosa isla del Caribe, que cierra por el este al Golfo de México y está en el camino entre Europa y nuestro continente americano. De Cuba llegaron los primeros exploradores españoles a nuestras costas: Juan de Grijalva y Francisco Hernández de Córdoba. De Cuba embarcó Hernán Cortés sin imaginar siquiera la histórica hazaña de su vida, la conquista del Anáhuac. Nuestras historias, de Cuba y México, de México y Cuba, han estado entrelazadas y ahora lo están nuevamente.

Cuba fue la última colonia que perdió España en 1901, por el levantamiento de José Martí “el apóstol” y otros caudillos como Máximo Gómez, Antonio Maceo y Carlos M. de Céspedes, todos ellos apoyados por el poderío estadunidense que, para ese tiempo, ya era evidente y que, a toda costa, quería imponer en nuestro continente su Doctrina Monroe.

Un dato curioso, aunque es bien sabido: por qué se llama “cuba libre” a esa mezcla tan popular en mi juventud y aún ahora es obvio, pero lo recuerdo a pesar de que en mi gusto ha sido desplazada por la “paloma” y en otros gustos por las “margaritas”.

Corren distintas versiones acerca de la mezcla del ron con Coca-Cola y de cómo con esa bebida se brindaba por la libertad de Cuba, separada de España, pero convertida en un “protectorado gringo”, al que los más cínicos llegaron a considerar centro de disipación de los soldados gringos y luego de turistas, que disfrutaban en la isla de diversiones y espacios para desmanes que les eran prohibidos o al menos criticados en su tierra.

Cuba logró la independencia y luego la ha sostenido con muchas dificultades; con la revolución cubana iniciada por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Raúl Castro y otros líderes logró derrocar al gobierno pelele de Fulgencio Batista y establecer un gobierno de izquierda a contrapelo de lo que la Casa Blanca quería, pero con el indudable consenso popular interno.

En la Casa Blanca, con distintos matices, han visto con recelo la segunda independencia de Cuba y han impuesto un bloqueo comercial y económico, injusto y contrario al derecho internacional; el gobierno republicano de Donald Trump, con su inclinación autoritaria y creyéndose la falacia de que son ellos la policía del mundo, ha querido apretar el nudo y ahogar un poco más al país caribeño, impidiendo que reciba energéticos y otras importaciones indispensables para el bienestar y sobrevivencia de los cubanos.

Para nuestro gobierno, que ha sostenido su respeto a Cuba, no esfácil su manejo, pero lo ha hecho con prudencia y al mismo tiempo con firmeza. Envió buques con ayuda humanitaria y cuando ha podido también petróleo.

La actitud de la Presidenta de México demuestra congruencia, firmeza y decoro; apoyada en razones humanitarias, pero también en el derecho internacional ha defendido una posición independiente, difícil, pero firme y digna. Los dos conceptos que ha usado, tanto ante organismos internacionales como en el discurso cotidiano de las mañaneras, han sido uno de carácter ético y otro de carácter eminentemente jurídico.

Ha afirmado que debe respetarse el concepto jurídico de soberanía, la independencia, el poder que tiene el pueblo de un Estado para elegir su forma de gobierno y a sus gobernantes, sin esperar opinión, el apoyo o anuencia de gobiernos ajenos. Este concepto jurídico, que México ha sostenido con base en la Constitución y en principios básicos de derecho internacional, muestran a la vez prudencia, convicción y autoridad moral.

El otro término, que junto con el de soberanía se encuentra en el título de esta colaboración, es el de la “solidaridad”. Nuestra Presidenta lo ha usado con autoridad moral y plena convicción; México no puede menos que ser solidario y fraterno, con un estado que, como el nuestro, pertenece a lo que todo el mundo conoce como Latinoamérica; con Cuba y los demás países latinoamericanos compartimos historia, arte, cultura, lengua y tradiciones religiosas. La solidaridad se explica por sí misma, se ejerce cuando una persona o una comunidad apoyan a otra persona o a otro grupo humano, por razones puramente éticas y de reconocimiento al otro que requiere ayuda o apoyo moral.

La Presidenta, con firmeza y serenidad, ha defendido a Cuba; no sólo con razones jurídicas, sino con hechos. Sin exageraciones ni desplantes, como es ella, una sonrisa, la vista al frente y con clara autoridad moral envió ayuda y sostiene principios.