usan George falleció en París el pasado 14 de febrero a los 91 años. De origen estadunidense y nacionalizada francesa, Susan fue una de las más importantes figuras en denostar el capitalismo en los pasados 50 años. Se destacaba por su elegancia y refinada voz. Pero, sobre todo, por su entrega a las causas justas y su autoridad para explicar las estructuras de la inequidad. A lo largo de su carrera escribió 17 libros, traducidos a varios idiomas, incluyendo varios al español, por ejemplo, La trampa de la deuda o Pongamos a la OMC en su sitio.
Toda su obra es de suma importancia para América Latina, crítica al sistema de Bretton-Woods y el Consenso de Washington. A foro al que fuera, como los sociales mundiales y europeos, era figura central. Es acreditada por acuñar la frase “otro mundo es posible” y publicó un libro con ese título, añadiendo la condicionante “si”, como llamado a la acción. La frase ha sidoasociada con la zapatista “un mundo dondequepan muchos mundos”, y ambas, como una confrontación directa al TINA ( there is no alternative) de Margaret Thatcher.
Fue presidenta honoraria del Transnational Institute (TNI) de Amsterdam y de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana) Francia; fundadora de ambas organizaciones. Como dice el TNI en su obituario, Susan siempre defendió una visión objetiva y honesta de la magnitud de la tarea progresista. Por formidable que pudiera parecer, Susan creía que el sistema tenía grietas y, como ella decía, “sólo tenemos que salir con nuestros picos y trabajar a lo largo de las fallas”. Advierte Susan: “o logramos juntos un nuevo nivel de emancipación humana, y lo hace-mos de manera que preserve la Tierra, o dejaremos atrás el peor futuro que el capitalismo y la naturaleza pueden deparar a nuestros hijos… (trad. propia; https://www.tni.org/en/profile/susan-george).
Como explica el capítulo francés de ATTAC, la organización global contra la deuda externa y otras injusticias: “politizada por su oposición a la guerra de Vietnam y la acogida que Francia brindó a personas estadunidenses insumisas, su espíritu internacionalista nunca vaciló. Durante aquellos años de guerra y represión, trabajó para llevar a Europa a un think tank estadunidense, el Institute for Policy Studies, que se convirtió en el TNI con sede en Ámsterdam, del que fue presidenta” (https://tinyurl.com/mw5686za). John Cavanagh, quien dirigió por más 20 años el IPS de Washington, dice, en la página de condolencias de Susan, que “hemos perdido un verdadero tesoro de colega, aliada y líder”. Cita su primer libro, Cómo la otra mitad muere, el cual “ayudó a que el mundo cambiara su visión acerca de la pobreza y el desarrollo…Tenía un don para traducir complejas realidades en bella prosa”.
Tuve la suerte de conocer a Susan en París en 1998, en un sencillo café en un barrio popular cercano a la Gare de L’Est. Fui a una gira a algunas ciudades europeas en búsqueda de articulaciones para nuestro trabajo de cara a las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM). Nuestro objetivo en la entonces Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio era incidir para lograr un acuerdo diferente al TLCAN; uno con sentido social y basado en derechos humanos, en contraste con el aperturismo comercial y de privilegiar la inversión extranjera. Le entregué copia de nuestro primer informe (Ciudadan@s de México ante la Unión Europea), elaborado a partir de un foro con decenas de organizaciones y expertos en el Convento del Carmen en la Ciudad de México (destaco la participación del reciente también fallecido maestro John Saxe-Fernández). Pareció maravillada, pues ella estaba en el centro de la campaña contra el Acuerdo Multilateral para las Inversiones (AMI), el cual buscaba imponer un tratado de protección de inversiones a nivel global, pero diseñado y comandado desde la OCDE, el llamado club de los países ricos, al que Salinas de Gortari nos había inscrito.
El AMI fracasó en gran medida debido al rechazo de Francia (dada la “excepcióncultural”) y al liderazgo de Susan en movi-lizar a miles de trabajadores y organizaciones. En el TLCUEM no se pudo incluir un capítulo de inversiones porque en 2000 el tema aún no era competencia de la Unión Europea, sino de sus países miembros por separado. ¡Pero ojo! a partir del Tratado de Lisboa de 2007 la Unión Europea obtuvo esa facultad y ahora los gobiernos tanto de México como europeos pretenden imponer un capítulo de inversiones que contenga, por ejemplo, la posibilidad de demandar a países en tribunales supranacionales (ISDS por su siglas en inglés).
Susan advirtió en una publicación del IPS y TNI (y otros) que “cuando las empresas hablan de “barreras” al comercio, nosotros llamamos a esas mismas medidas “salvaguardias” para la salud, el bienestar y el medio ambiente de las personas. Las empresas no quieren absolutamente ninguna restricción al acceso a los recursos naturales, como han dejado claro varios juicios de arbitraje. Basta con que pongan un pie para que tengamos quedecir adiós a los recursos naturales de países pobres, incluyendo necesidades básicas como la tierra, el agua o los bosques” (https://tinyurl.com/yc6pjvrx).
Susan George nunca estuvo en contra del proyecto de integración europea, pero sí de sus acuerdos terceros que “no tratan sobre comercio, sino sobre poder: no tratan de aranceles, sino de control corporativo de las regulaciones… se negocian en secreto… y son casi imposibles de revertir“. Esa es la verdad sobre la “modernización” del TLCUEM que se pretende firmar en estos días. Susan George fue un pilar para desentrañar los obscuros mecanismos del dominio capitalista a través del llamado “libre comercio” y para la lucha global por la justicia y la democracia.











