a semana pasada Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, pronunció un discurso en el contexto de la Conferencia de la Seguridad, en Múnich, que ha suscitado los comentarios más contradictorios entre los estudiosos de las relaciones internacionales, particularmente entre ese país y el resto del planeta.
Llaman la atención dos comentarios aparecidos en la revista The Atlantic, en la que el profesor Eliot Cohen, por un lado, y la escritora Anne Applebaum, por el otro, chocan en su apreciación de lo dicho por Rubio. (The Atlantic febrero 17/2026). Para Cohen, el discurso de Rubio fue un respiro para los ahí presentes. Recuerda que el año pasado, primero el vicepresidente Vance y después Hegseth, secretario de las fuerzas armadas, dijeron que de no seguir las prescripciones de Donald Trump, el panorama de las relaciones entre Estados Unidos y Europa sería difícil y complicado. Agrega que Vance conminó a los líderes europeos al apoyo de países que, como el de Víctor Orban, en Hungría, hacen lo posible por seguir las huellas de su jefe Donald Trump. Hegseth fue más allá e incluso insultó a los países que integran la OTAN, advirtiéndoles que sin Estados Unidos esa organización sería inútil y pronto sucumbiría. No fue, digamos, una clase de diplomacia ni acercamiento del gobierno de Donald Trump con los países europeos. Rubio, concluye Cohen, trató de suavizar la dureza con la que Vance y Hegseth espantaron a los diplomáticos reunidos. En cambio, Applebaum y otros críticos señalan que Rubio emitió una serie de conceptos que lo caracterizan como una persona del sector de cristianos sajones que preferirían que Estados Unidos estuviera poblado por ciudadanos con esas mismas características. Su discurso fue simplemente una versión edulcorada, y editada por alguna plataforma de inteligencia artificial, de lo que sus compañeros habían advertido previamente para después viajar de Múnich directamente a Hungría, donde, de entrada, le dijo a Orban que “el presidente Trump está profundamente interesado en que su gobierno salga adelante”, una clara referencia al deseo de que triunfe en las próximas elecciones. Aparentemente, olvidó que en 2019 firmó una carta denunciando que Orban estaba erosionando la democracia en Hungría, concluye Applebaum.
En su periplo europeo, Rubio atinó a expresar, en un leguaje más delicado y terso, lo que habían dicho Vance, Hegseth y su propio jefe apuntando la forma en que se transformaran las relaciones entre Estados Unidos con Europa, y con Latinoamérica también, por cierto.
En este contexto, vale referirse a lo sucedido en las últimas semanas entre el gobierno de Trump y algunos países latinoamericanos, donde la mano de Rubio como arquitecto de la política exterior de Trump ha sido fundamental. En el caso de Venezuela, la promesa de Rubio de “resolver el asunto de la dictadura de Maduro” se cumplió, al menos a medias, con su secuestro y la caída del gobierno, ya que los cimientos en los que se apoyaba Maduro permanecen en esa nación. Ahora, con el aval del gobierno estadunidense, un grupo de compañías petroleras tendrán nuevamente acceso a los recursos naturales de Venezuela.
El otro gran proyecto de Rubio es la reconquista de la tierra de sus ancestros y de los cubanos que encontraron refugio en Miami tras la caída de la dictadura de Batista y la llegada de Fidel Castro. La historia de la revolución c≠ubana, sus tropiezos, vicisitudes y errores es de sobra conocida. Al respecto hay mil y una opiniones sobre la forma en que naufragó la utopía cubana. Nadie puede negar la miseria en que el pueblo cubano vive, según consta en algunos de los libros de Leonardo Padura, pero de ahí al remedio que aspiran Trump y Rubio hay un grandísimo trecho. Ni moral ni éticamente se puede buscar la “salvación” de millones de cubanos acabando con ellos. Si de verdad se quiere que vivan en la democracia y la libertad, al estilo Trump, debe haber formas más civilizadas de intentarlo.
Ha sido muy caro defender y preservar los valores y la herencia cultural para los millones de cubanos que aún viven en la isla. En última instancia en ese trance se cristalizan dignidad, estoicismo, angustias e injusticias, de difícil comprensión para muchos otros.











