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Maromas verbales marcan las relaciones exteriores del presidente

Secretarios “lavan con cordura” la incoherente política de Trump

El vicepresidente, el secretario de Estado y el titular del Tesoro de EU, obligados a explicar de forma racional los giros contradictorios del Ejecutivo en su trato con otras naciones

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▲ El presidente Donald Trump con sus colaboradores más cercanos y encargados de difundir su estrategia internacional, en la presentación de la Junta de Paz para Gaza, el pasado jueves. Abajo a la izquierda, el vicepresidente JD Vance; arriba de izquierda a derecha, el enviado especial Jared Kushner, el secretario de Estado Marco Rubio y el representante de la Casa Blanca, Steve Witkoff.Foto Afp
Corresponsales
Periódico La Jornada
Lunes 23 de febrero de 2026, p. 25

Washington y Nueva York., Una nueva palabra ingresó al léxico político de Estados Unidos: “sanewashing” o “lavacordura”, la cual representa el proceso de darle una explicación racional y sensata a los giros caóticos, contradictorios y, para algunos, hasta locos de la política estadunidense bajo el presidente Donald Trump.

Las maromas verbales no son nada fáciles. El portaviones que navegaba cerca de las costas de Venezuela y después amenazó a Cuba ahora ha sido enviado a Medio Oriente como parte de lo que algunos medios de comunicación comparan con la concentración de poder militar en esa región desde la invasión de Irak en 2003. En el mismo día que el presidente Trump inauguró la reunión de su Junta de Paz, cuya primera tarea está enfocada a reconstruir a Gaza, que Israel destruyó con bombas estadunidenses, el mandatario republicano reconoció que contemplan bombardear a Irán, algo que podría ser inminente según expertos que conversan con funcionarios de la Casa Blanca.

El mandatario, quien ofreció como tema de campaña poner fin a las guerras “estúpidas” e “incesantes”, reconoció que ha realizado ataques militares al menos contra siete países en su primer año de regreso a Washington: Venezuela, Siria, Irak, Irán, Nigeria, Yemen y Somalia. Además, ha amenazado realizar acciones bélicas en México, Colombia, Cuba, Groenlandia y Panamá. “Este hemisferio es nuestro” ha repetido el secretario de Estado, Marco Rubio, al agregar que “no vamos a permitir que el continente americano sea una base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos”.

El resurgimiento de la Doctrina Monroe

En noviembre, el gobierno de Trump emitió su Estrategia de Seguridad Nacional, que resucitó de manera explícita a la Doctrina Monroe. Ese documento presagió el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la intensificación de la presión contra Cuba, pero sí estaba ausente en ese documento la exigencia de Trump de que Groenlandia tenía que ser incorporada a Estados Unidos, quiera o no. Esto se debió a que el presidente aún no había hablado de su nueva prioridad antes de la publicación del documento.

Seis semanas más tarde, el gobierno emitió su Estrategia de Defensa Nacional en enero, publicada por el recién rebautizado Departamento de Guerra, que de repente incluyó esa nueva prioridad: “garantizaremos el acceso militar y comercial estadunidense a terrenos claves, especialmente el canal de Panamá, el Golfo de America (para el resto del mundo, lo que se conoce como el Golfo de México) y Groenlandia”.

El mandatario ha proclamado que la Junta de Paz, de la cual es presidente, controlará Gaza y que su yerno Jared Kushner está “diseñando” el desarrollo de bienes raíces, bases militares y vivienda que será construido sobre los escombros del genocidio cometido por Israel.

Mientras asume control del territorio del pueblo palestino, Trump también ha repetido otros deseos de expansión territorial de su país, declarando que Canadá debería convertirse en el estado 51, o tal vez Panamá y Groenlandia también.

“Este es un presidente de paz”, ha insistido Rubio, mensaje que se le ordenó resaltar al personal del Departamento de Estado.

Los personas claves

Lo que Rubio, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el vicepresidente JD Vance entienden es que una parte significativa de la base política del Trump opina que Estados Unidos se había enfocado demasiado sobre guerras y comercio exterior y no lo suficiente en mejorar la economía para la gente dentro de este país –de ahí viene en parte la consigna “America primero”. Para Rubio y Vance, ambos con ambiciones presidenciales para 2028, buscar la manera de presentar sus políticas dentro de esa óptica es clave para sus futuros políticos.

“Siendo franco con usted, realmente no me importa qué le suceda a Ucrania de una u otra manera”, comentó el entonces senador JD Vance en un programa de Steve Bannon –el ex estratega político de Trump– en 2022 antes de que fuera seleccionado como compañero de fórmula de Trump en las elecciones de 2024. “Sí me importa el hecho de que en mi comunidad ahora mismo, la causa principal de muertes entre 18 y 45 años de edad es el fentanilo mexicano que ingresa por la frontera sur”. En privado, se dice que el vicepresidente es una voz insistente en contra de nuevas operaciones militares externas.

Otro jugador clave en la política exterior del gobierno de Trump es el secretario del Tesoro, Bessent. Mientras el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y el representante de Comercio de Estados Unidos, Jamieson Greer, también están involucrados en decisiones sobre políticas comerciales, Bessent es percibido como el vínculo clave con Wall Street y el gran empresariado. A él le cae la tarea de explicar cómo la políticas arancelarias erráticas del presidente podrían ser claves en ampliar el acceso a petróleo y minerales críticos mientras se reduce el masivo déficit presupuestal.

Fue Bessent el que convenció a Trump el año pasado de anunciar una pausa en implementar los aranceles que estaban deprimiendo a los mercados de bonos. Todo indica que el presidente le hace caso o por lo menos lo escucha.

Rubio es otro de los jugadores principales en política exterior, un ex senador que siempre ha sido asociado con el ala intervencionista neoconservadora de la cúpula política estadunidense. Pero ahora el cubanoestadunidense ha sido obligado a torcer sus políticas para servir a su jefe y su base política.

“Somos parte de una civilización, la occidental. Estamos atados entre nosotros por los lazos más profundos que comparten las naciones, forjados por siglos de historia compartida, la fe cristiana, la cultura, herencia, idioma, ancestros y los sacrificios que hicieron nuestros antepasados para la civilización común a la que nos tocó heredar”, declaró Rubio a su público en Múnich, Alemania, este mes.

Aunque varias fuentes informan a La Jornada que Rubio es la fuerza principal detrás de los esfuerzos estadunidenses para derrocar al gobierno de Cuba y aislar a China, en Alemania su enfoque fue describir la política de “America primero” de su jefe. “Con una cadena de suministro occidental para minerales críticos que no sea vulnerable a la extorsión por otros poderes y un esfuerzo unificado para competir por los mercados en las economías del Sur global”, es prioritario, afirmó. “Juntos no sólo podemos retomar el control de nuestras industrias; podemos prosperar en las áreas que definirán el siglo XXI”, aseveró el funcionario. Es casi la misma formulación que emplea Bessent.

Al rescate

Pero aunque todo eso suena racional y tiene cierto sentido, el jefe de Rubio, Bessent y Vance logra complicarlo, incluso hasta contradecir a sus empleados, quienes acto seguido tienen que lavar con cordura esas incoherencias.

La semana pasada, al platicar con reporteros en un vuelo a Georgia, preguntaron a Trump sobre un comentario de su antecesor Barack Obama de que los extraterrestres son reales. “Él dio información clasificada. No debería hacer eso”, respondió al parecer confirmando que el gobierno tiene pruebas de vida extraterrestre. Sin duda, los lava-cordura ahora tendrán el desafío de elaborar una política de “America primero” antes que extraterrestres.