Lunes 23 de febrero de 2026, p. 3
Con formación musical y en letras, Mariana Elizondo debutó en el ámbito literario con Ella quiere ir a París, novela de corte testimonial en la que la protagonista –una joven que acaba de superar la adolescencia– se traslada a la capital francesa para descubrir, entre notas de clavecín y silencios rotos, que huir no es perderse: es encontrarse.
Publicada por Editorial Jus, esta obra fue presentada el sábado pasado en la 47 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), en una amena conversación entre Elizondo y la poeta, narradora y traductora María Baranda.
La autora explicó que este relato surgió de una necesidad personal: mantener vivos sus primeros años de juventud, cuando decidió afincarse a París entre 1978 y 1984 para estudiar clavecín.
“Fue una etapa fundamental para mí, y todo el tiempo me la narraba a mí misma para no olvidar, para recrearla, porque tenía una nostalgia muy grande de lo que fueron esos años, con su frío, su hambruna y lo que viví, pero fui feliz. Es la única etapa de mi vida donde me sentía yo tal cual, libre, con mis objetivos muy claros, mis ganas puestas en escena.”
Detalló que el paso del relato oral a la escritura se dio cuando comenzó a estudiar literatura: “se me fue llenando el mundo de palabras. Todo eso que yo me contaba se fue yendo hacia una zona literaria. Me interesaban imágenes que tenía en mi cabeza, sensaciones, y quería dejar constancia de eso”.
Un aspecto central en esa necesidad de registrar la memoria, dijo, fue su interés por el clavecín, instrumento al que considera “bizarro” dentro del contexto mexicano. “Es una música como oscura, tenebrosa. Yo quería dejar constancia de ese universo que solo contiene el clavecín”.
Sobre París, Elizondo aseveró que se trata de un personaje más: “es una entidad con mucha vida”. Refirió que en aquella época carecía de muchas cosas, entre ellas ropa, dinero y apoyos.
“El frío se me hacía muy fuerte, también tenía mucha hambre. Pero esas carencias me llevaron a encontrar caminos virtuosos. La carencia ayuda mucho. Pienso que ahora esto de dar todo a los hijos los empobrece, porque no tienen necesidad de nada, están colmados”, agregó.
Al asumir las influencias que nutren su relato, Elizondo habló del teatro y su participación en la obra Lástima que sea una puta, de John Ford, dirigida por Juan José Gurrola a finales de la década de 1970.
“Esa obra me abrió a otro mundo. Era un mundo rojo de violencia, sangre, incesto, pecado. Yo era la única pura, tenía 16 años, mi vestuario era blanco. Era un ser diferente en medio de un mundo perverso. Me tocaron casi 100 representaciones, porque me fui a París.”
Inquirida por Baranda, la autora sostuvo que esta novela “no tiene padres tutelares. Sí leía mucho a los autores franceses. También es muy cercana el cine, porque en principio escribí esta historia pensando en que fuera llevada al cine. La narrativa está concebida en términos cinematográficos: hay momentos donde se detiene la escena, o una cámara oculta se aleja o se acerca”.
Ante una pregunta del público sobre la influencia de su padre, el reconocido escritor Salvador Elizondo (1932-2006), y su entorno intelectual, la escritora aclaró que no hubo tal y que influyeron más las personas cercanas a ella, gente de su generación.
“Con el mundo de mis padres intelectuales viví muy incómoda. Mi papá era muy crítico, muy juzgador. De ese mundo intelectual fue del que huí, porque no me gustaba. A algunos los leí, pero no me entusiasmaban, prefería muchísimo más a las voces de mi generación.”
Tras subrayar la precisión del lenguaje de Mariana Elizondo, María Baranda destacó el sentido profundamente humano, vivencial y por momentos crudo de Ella quiere ir a París, ya que habla de la singularidad del amor y la locura, de la soledad y la amistad, del abandono sufrido en la infancia.











