El historiador habló con La Jornada sobre Historias, rostros y semblanzas, tercer volumen de sus Obras escogidas // Presentará el libro en la FIL de Minería
Lunes 23 de febrero de 2026, p. 2
El historiador, ensayista y científico social mexicano Enrique Semo habla sin titubeos a sus 95 años. No suaviza lo que piensa. Cuando se le pregunta qué rasgo de la herencia colonial sigue vivo en México, responde sin rodeos: “lo que persiste con mayor fuerza del sistema colonial novohispano es el racismo. No como prejuicio individual, sino como una forma histórica de organizar la desigualdad y naturalizarla”.
El autor conversó con La Jornada sobre Historias, rostros y semblanzas, tercer volumen de sus Obras escogidas, que se presentará este 28 de febrero en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).
El libro reúne sus primeros trabajos de historia económica y 20 perfiles de militantes e intelectuales de izquierda con quienes compartió luchas y afectos, textos que, según Semo, deben llegar a un público nuevo.
“En todos ellos decidí no incluir textos recientes, que aún circulan ampliamente. Mis primeros trabajos de historia, escritos a principios de los años 70, son testimonio de la construcción de un método propio en el estudio del capitalismo mexicano. Por eso merecían ser conocidos por nuevos lectores”, indicó.
Aclaró que no se trata de nostalgia, sino de método: de la construcción paciente de una mirada que requirió años para afinar.
“Tardé años en desarrollar un método inspirado en el marxismo”, comentó, enumerando sus ejes: la centralidad de los modos de producción, la importancia de la estructura rural, hacienda, rancho y ejido, México como actor en la relación entre capitalismo dominante y dominado, el papel de las revoluciones, las luchas sociales desde finales del siglo XVIII y la definición histórica de izquierda.
Cada elemento constituye un marco que permite comprender la sociedad colonial en su conjunto. Al explicar que la explotación colonial “penetró todos los poros de la sociedad novohispana”, precisó que no se limitaba a la violencia visible: “Se trata de algo más profundo y duradero”.
Luego relacionó esa realidad con el surgimiento del capitalismo temprano. “El colonialismo nace al mismo tiempo que éste, como parte esencial de su expansión inicial. No son fenómenos paralelos, sino un mismo proceso”.
Desde ese origen, destacó que la relación con las sociedades americanas estuvo marcada por dominio, explotación y racismo. En la Nueva España se configuró una estructura social en la que “un pequeño grupo de españoles ocupa la posición de clase dominante y los pueblos amerindios la de explotados”.
Para sostener ese orden no bastó la violencia. Fue necesaria una jerarquía que hiciera parecer natural lo que era histórico. “El racismo cumplió precisamente esa función. Definió quién debía mandar, quién trabajar, quién obedecer y quién podía aspirar al honor, al conocimiento o al poder”, añadió.
“El sistema de castas, más que simple exceso”
El sistema de castas y la limpieza de sangre no fueron simples excesos ideológicos. Funcionaron como mecanismos eficaces para garantizar la reproducción del orden social, que no desapareció con la Independencia.
“Las independencias y el discurso del mestizaje no lo erradicaron; en muchos casos lo ocultaron. La desigualdad contemporánea y la asociación entre pobreza y color de piel constituyen una herencia directa de esa larga historia”, recordó.
El teórico y militante enfatizó la unidad de la economía colonial: “La economía novohispana forma un todo”.
El burócrata virreinal podía ser encomendero, comerciante, dueño de minas y obrajes. Las formas de explotación cambiaban, como la encomienda, el comercio desigual o el repartimiento, pero obedecían a la misma lógica. Las estructuras sociales integraban cultura, religión, organización política y economía, mostrando cómo la historia económica y social se entrelaza.
La memoria y el afecto ocupan un lugar central en el libro. “Una de las mayores satisfacciones de mi vida ha sido compartir luchas, amistad y afectos con mucha gente valiosa”, puntualizó Enrique Semo (Sofía, Bulgaria, 1930).
Las 20 biografías incluidas, entre ellas las de Valentín Campa, Arnoldo Martínez Verdugo, José Revueltas, Heberto Castillo y Adolfo Sánchez Vázquez, fueron escritas en distintas épocas. Reunidas ahora, adquieren un sentido de reconocimiento y gratitud.
“Compilar todos los artículos dedicados a cada uno de ellos en un solo texto es una expresión de sincero y genuino agradecimiento de mi parte”. Su reflexión sobre la izquierda parte de una premisa histórica: ésta y la derecha deben definirse y redefinirse en cada tiempo y lugar.
Dimensión internacional
Afirmó que este sector político busca reducir desigualdades, ampliar derechos, defender la inclusión social y garantizar el acceso universal a educación y salud. También subrayó su dimensión internacional.
“Un tema central actualmente es la lucha por la paz y contra la guerra”, puntualizó, al referirse a conflictos globales que preocupan a los movimientos progresistas.
En su propia vida, teoría y práctica nunca caminaron separadas. Desde joven lo marcó una frase de Marx: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. La cita, añadió, no quedó en el papel. “Ser de izquierda solamente en teoría, en mi caso hubiera sido una felonía”.
Incluso la coyuntura política aparece en sus agradecimientos. En Historia del capitalismo en México (1973) dejó constancia del impacto del 68: “Las luchas que libraron en ese año… inspiraron este libro y aceleraron su terminación”.
Sobre el nuevo volumen, destacó la introducción del periodista Luis Hernández Navarro, a la que calificó de “excelente” y aseguró que “enriquece cualitativamente el tomo”. Semo sugirió “leerla con atención como parte del debate sobre la concepción marxista de la historia de México”.
Historias, rostros y semblanzas se presentará este 28 de febrero a las 13 horas en el Salón de la Academia de Ingeniería de la FILPM. El autor estará acompañado por Hernández Navarro, Elvira Concheiro, Jaime Ortega y José Ángel Leyva.
Con su característico humor, el historiador advirtió que no habrá solemnidad: “Quedan cordialmente invitados a esta actividad polémica”.











