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¿La fiesta en paz?

Exitosa exposición de pintura taurina en la Casa de la Cultura de Celaya // Donaciano R. Botello o el arte de llevar la fiesta de los toros a domicilio

E

n plena era prohibicionista de la tauromaquia en la capital del país y otros estados, ¿cómo hablar de exposiciones taurinas ejemplares? Pues cuando se practica un sentido más amplio de democracia –gobernar para todos– y una perspectiva más plural de la cultura, capaz de frenar la sensiblería oportunista de legisladores trepadores que aprueban leyes sin conocimiento de causa pero con los ojos puestos en mejores huesos como retribución a su mal politizado animalismo.

El sábado 14 de febrero fue inaugurada en la Galería Salvador Zúñiga –maestro de artes plásticas, escultor y precursor del actual Instituto Municipal de Arte y Cultura de Celaya– del enorme ex convento agustino del siglo XVII, una insólita exposición pictórica, tanto por la calidad, cantidad y variedad de obras como por la nutrida asistencia al evento, cerca de 300 personas entre taurófilos y no, al decir de los organizadores.

En el recorrido por tres amplias salas, los visitantes pueden admirar –hasta el 14 de abril– unas 85 obras de diferentes épocas, autores y formatos entre óleos, tintas, acuarelas, dibujos, bocetos, esculturas, cabezas de toros y vacas bravas, así como un precioso terno verde olivo de los años treinta, recamado de oro y sin alamares. Fue magnífico ver a niños, jóvenes, adultos y mayores, interesados y sin prejuicios, contemplar toros en el campo y suertes en la plaza de artistas de luces que inspiraron esas obras.

Un montaje ágil, armónico y atractivo a cargo del maestro José Llaca, Coordinador de Galerías del Instituto, los museógrafos Antonio Sánchez y Alejandro Rivas, asistidos por Carolina Guillén y Abigail Montes, un breve y sustancioso texto de Luis Meseguer y el grupo Flamenco Al Compás, de la bella maestra Paloma Fuentes, fueron el marco a la selección facilitada por Donaciano R. Botello, renombrado fotógrafo adicto al coleccionismo de obra taurina desde hace 33 años y que con conocimientos, pasión, compromiso y esfuerzo ha logrado reunir en un amplio salón de su casa unas 250 obras de autores mexicanos, invaluable memoria histórica, plástica e identitaria de la tauromaquia de México.

Poco antes se llevó a cabo en el amplio patio del ex convento una charla-conversatorio con el autor de esta columna que tituló “La tauromaquia de México. Tradición secuestrada”, donde entre otras cosas señalaba la inexcusable falta de tutela de sucesivos gobiernos capitalinos –escoja partido– para custodiar, proteger, defender y salvaguardar la multicentenaria tradición taurina de la capital de los abusos de los autorregulados, reclamando a la actual administración que, con el apoyo incondicional del Congreso de la Ciudad de México, decidiera prohibir esa tradición en vez de tutelarla, incorporándose así a la banda de secuestradores dentro de la fiesta.

“Yo era aficionado a la fotografía –cuenta Botello– pero por influencia de mi hermano mayor, furibundo martinista, me acerqué a la plaza de Querétaro, donde trabajaba. Desde el tendido le había sacado unas fotos a Manolo Martínez y lo busqué en su hotel para que me las autografiara. Se las llevó su mozo de espadas, regresó y me dijo: ‘que pases’. Manolo me preguntó: ‘¿cuánto valen?’ ‘No sé, le dije, yo venía a que me las autografiara’.

“Después de la corrida regresé sin saber cuánto cobrarle y Manolo, que jugaba a las cartas, me dijo: ‘No te apures, lo que les gane a estos cabrones te lo doy’. Como fotógrafo lo acompañé dos años a diferentes plazas e inauguró mi primera exposición fotográfica en Querétaro. Hoy faltan personalidades y rivalidad.”