n 1954, Luis Alcoriza colaboró junto con el director Roberto Gavaldón, José Revueltas y Rafael García Travesí en la adaptación de Sombra verde. En ella, asomaba el tema del hombre que se abandona a una libertad sexual sin ataduras. El protagonista (Ricardo Montalbán), un ingeniero de la ciudad perdido en la selva veracruzana, se salva de morir ahogado en una cascada y se enamora de Yáscara (Ariadne Welter) una joven que ha crecido libre y sin prejuicios. Parte de esa idea, sería retomada por Alcoriza en su tercera película como realizador: Tiburoneros (1962) que exhibe la Cineteca Nacional este lunes 23.
Obra maestra de Luis Alcoriza, se adelantó al cine mexicano del nuevo milenio con ese su tono realista-costumbrista que deambula entre el documental y la narrativa de ficción, para crear una suerte de fábula moral sobre la libertad individual. Tiburoneros proponía una visión emotiva y descarnada ajena a todo tipo de impurezas melodramáticas y de prejuicios moralistas. Julio Aldama en el mejor papel de su carrera, es el hombre solidario que consigue equilibrar una vida familiar con esposa e hijos en la capital y su pasión por el mar y la pesca, acompañado de una bella nativa infantilizada y sensualmente salvaje (“Quién se mué”, dice a cada rato), de un ayudante torpe pero bueno (Alfredo Varela Varelita), y un niño parlanchín y sensible (David del Carpio), alejado de los chamacos ñoños del cine nacional de entonces.
Alcoriza contrasta la sensualidad y la brutalidad cotidiana de una zona costera de Tabasco con la frialdad de una ciudad que tiende al tráfico y a la expansión urbana, donde las personas parecen vivir en un mundo idílico sin complicaciones, mientras en la costa, los personajes apenas sobreviven con el constante trajín, enfermedades y el sudor de un trabajo agotador. Lejos de las pasiones desatadas por hembras costeñas al estilo de los filmes de Ninón Sevilla, Lilia Prado o Meche Barba, el realizador relata un universo de hombres duros y violentos, olvido económico y satisfacciones inmediatas sin sentimentalismos y complacencia, donde impera otra moral más libre y concreta.
Aurelio (Aldama) trabaja en un barco tiburonero que le ha cedido don Raúl (Tito Junco), dueño de una empacadora de pescado. A su vez, Aurelio le da trabajo a Chilo ( Varelita) y al niño Pigua. No sólo eso, Aurelio ayuda a la joven Manela (Dacia González) de 17 años con la que mantiene una relación íntima para que ella y sus hermanos (Noé Murayama y Amado Zumaya), su padre y su cuñada (una irreconocible Irma Serrano) puedan trabajar con una lancha para pescar atún y róbalo.
Aurelio ahorra lo más que puede para enviar dinero a su mujer, su madre y sus hijos en la capital a quienes no ha visto en unos tres años, al tiempo que convive con la dureza cotidiana: el compadre enfermo (Enrique Lucero), El Costeño (Eric del Castillo), buen tipo, entrón pero agresivo a quien tiene que ponerle un alto, o El Tuerto (Mario Zebadúa Colocho), borrachín que empeña todo el tiempo su ojo de vidrio. Sin embargo, la vida de Manela y de Pigua se trastoca cuando Aurelio, quien en verdad los quiere, decide regresar a su hogar con su esposa Adela (Amanda del Llano), su madre (Conchita Gentil Arcos) y sus hijos mayores: Sadi Dupeyrón y Yolanda Ortiz más dos pequeños.
Lo curioso es que en la capital, su mujer es bella, buena, sonriente, sus hijos son responsables y estudiosos, su madre es adorable y su cuñado le ha propuesto un magnífico negocio; la ciudad no es la representación del mal, pero sí de la artificialidad y la laxitud. Por ello, Aurelio no se halla ahí. Es decir, se trata de un hombre proveedor y honesto que se enamora de una joven ingenua con una sexualidad e integridad a flor de piel, a quien termina prefiriendo por encima de la vida estable y gris con su mujer e hijos a quienes es evidente que adora. En ese sentido, el guion de Alcoriza va más allá del planteamiento de Sombra verde.
Escenas notables como la de Pigua y su amigo bebiendo leche dulce de lata y comiendo sus sardinas, aquella de Aurelio abofeteando a su compadre por cortar las redes de Manela, las escenas íntimas de ésta y Aurelio y sobre todo la amarga despedida de ambos en el muelle, o el encuentro entre Aurelio y su esposa en la intimidad y el diálogo final entre éste y su hijo a las afueras del Politécnico, donde el chico estudia. Una joya indiscutible de nuestro cine.
Tiburoneros se proyecta este lunes 23 a las 18 horas en la sala 4 de la Cineteca Xoco. Entrada libre, cortesías en taquilla.












