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La América de Bad Bunny
E

n 1987, el artista chileno Alfredo Jaar montó en Nueva York una instalación con el propósito de detonar una conversación sobre el significado de la palabra “América”, tan naturalizada en Estados Unidos como sinónimo de “patria”. En una pantalla de Times Square, Jaar desplegó una animación con el mapa de Estados Unidos y la leyenda “ This is not America” y luego la frase “ This is not America’s flag” sobrepuesta a la bandera de la barra y las estrellas. El objetivo del artista era cuestionar la apropiación de ese nombre por un solo país, a costa de la exclusión de un continente. La imagen de Jaar apareció más recientemente en el video musical del rapero puertorriqueño Residente, titulado también This is not America, en parte una respuesta a Childish Gambino, un rapero africano-americano que había lanzado This is America, en el que denuncia la racialización de la violencia en Estados Unidos. En un segmento de su canción, el ex vocalista de Calle 13 afirma: “América no es sólo USA, papá. Esto es desde Tierra del Fuego hasta Canadá. Hay que ser bien bruto, bien hueco. Es como decir que África e’ sólo Marrueco’. Estos canalla’ se les olvidó que el calendario que usan lo inventaron los mayas”.

El video y la letra tocan las problemáticas generadas por el sistema capitalista y la manera en que se expresan en Latinoamerica, así como el espíritu de lucha de los campesinos, indígenas y tribus urbanas: maras, migrantes, mujeres zapatistas. El video es también un depósito de memoria. Aparece Víctor Jara, el cantautor chileno asesinado por militares, como un botón de muestra de la violencia política promovida por Estados Unidos a través del apoyo a dictaduras como la de Pinochet, en Chile, en 1973 (“la nueva trova cantando en plena dictadura”, dice Residente). En la pieza hay un énfasis en la naturaleza extractivista de las relaciones entre las élites y las poblaciones de los países latinoamericanos, así como entre éstos y el corporativismo global. Las personas en los barrios y las comunidades rurales aparecen resistiendo a la policía y a los militares. Sin embargo, también figuran jóvenes jugando al futbol o una pareja bailando tango en medio de las calles convertidas en campo de batalla, mientras Residente afirma: “Hoy le doy duro a los tambores hasta que me acusen de maltrato. Si no entiendes el dato, pues te lo tiro en cumbia, bossanova, tango o ballenato”.

( Aquí estamos, siempre estamos, no nos fuimos, no nos vamos.)

La instalación de Alfredo Jaar y el video musical de Residente son antecedentes y contribuyen a contextualizar la intervención de Bad Bunny en el Supertazón, sobre todo hacia el final del espectáculo, cuando el Conejo Malo exclamó “ God bless America” y enseguida nombró a casi todos los países del continente americano. También hay ecos del pensamiento de José Martí, el gran promotor de la independencia política, cultural y epistémica de los países de América Latina respecto a fuerzas imperialistas y en particular Estados Unidos, a quien consideraba una amenaza probada. En su ensayo Nuestra América, Martí argumenta que los países latinoamericanos son diversos, pero tienen raíces comunes y pugna por su inserción en el mundo sin olvidar ese tronco común. El reconocimiento de lo anterior pasa por crear formas de gobierno que han de avenirse a la manera en que están constituidos los países: “el gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”. Arremete contra las élites que buscan imponer modelos foráneos a costa de la sumisión de los pueblos: “No hay batalla entre civilización y barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.

Según Martí, “el problema de la independencia no es el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”. Martí pensaba que las trincheras de la razón eran más poderosas que cualquier otra arma, pero advertía en contra del neocolonialismo que reaparece en la forma de un tigre que regresa de noche al lugar de la presa: “no se le oye venir porque viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima”. El poeta y ensayista cubano escribió Nuestra América en 1891, siete años antes de la llamada guerra hispano-estadunidense que trajo como consecuencia, entre otras cosas, la relativa independencia de Cuba y la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos. Ya para entonces, México había perdido parte de su territorio.

Mucho se ha hablado de los símbolos que Bad Bunny manejó en el escenario. También se le ha denostado por considerar la suya como una crítica blanda, de un alcance limitado dentro de un sistema que lo engulle todo para inmovilizar los impulsos de rebeldía. Martí, quien hablaba de la importancia de alzar en los brazos a la gente común, tal vez hubiera visto los intentos del Conejo Malo con simpatía, porque reconocía la importancia de la cultura en la construcción de la autonomía y estaba convencido de que el fuego del corazón podía contribuir a “deshielar la América coagulada”.