os cubanos siempre han estado orgullosos de la belleza de su tierra. Lo cierto es que tienen razón, aunque a veces, de acuerdo con su ancestral tendencia a la exageración, lo magnifican un poco.
Cuando la canción que lleva este título se puso más de moda, al comenzar los años 60, hace ya seis décadas, una vez sacudida la dominación estadunidense, con toda justicia pudieron agregarle al aserto de marras: “ahora, sin yanquis, me gusta más”. No estábamos entonces seguros de que podrían sostenerse mucho tiempo al margen de los gringos, pero estábamos dispuestos a hacer todo lo posible para ayudar.
Cuando sobrevino el desembarco de contras de la Revolución en Bahía de Cochinos, por caso, fui uno de aquellos treinta y tantos jaliscienses (de los cuales no sé si alguno vive todavía), que nos apersonamos en la calzada Tacubaya de la Ciudad de México, para ofrecerle al embajador cubano nuestros servicios (“nuestros pechos”, le dijimos) para defender la Revolución.
Recuerdo que el hombre aquel, entre burlesco y emocionado, nos agradeció nuestra “intención”; hizo una lista con nuestros nombres, y nos mandó de regreso a casa con la promesa –con cara muy formal– de que seríamos los primeros en ser llamados si llegaba a ser necesario. Como puede suponerse, ello nunca sucedió.
También recuerdo que nos dieron de desayunar y que, ya de regreso a Guadalajara, caímos en la cuenta de que no habíamos dejado información alguna para ser localizados…
De cualquier manera, participamos con entusiasmo en cuanta pública manifestación fuimos requeridos, mayormente en la Ciudad de México, a favor del Che, de Fidel, de Camilo y demás…
Tuve la fortuna de que no tardé mucho en visitar ese país en unos viajes que llamábamos 7x7: siete días por siete mil pesos. Fui con mi papá, quien me ofrendó ese regalo indeleble al término de mi licenciatura, y él también satisfizo su deseo.
Es claro que no me topé con lo que esperaba, pero pude superar la desilusión y pude mantenerme, en términos generales, como partidario de dicho gobierno anteponiendo la idea de que otros países del Caribe, que también conocí, incluyendo Puerto Rico, donde viví más de un año, estaban peor.
Fue en los años 80 cuando mi chamba en la Secretaría de Relaciones Exteriores me llevó con frecuencia a diversas partes de Cuba y puede dar por válidas ciertas críticas de los enemigos de su Revolución, aunque ésta siempre salía mejor parada, lo mismo que ahora, al establecer la comparación con los países del vecindario caribeño y centroamericano…, a pesar de que éstos, en general, gozaban de las simpatías del “imperialismo” yanqui.
Me tocó viajar a Cuba en muchas ocasiones, de manera que puede decirse que la conozco bastante bien casi de punta a cabo, y, si bien es cierto que suceden cosas que no nos pueden gustar, el saldo es en realidad sumamente favorable.
En muchísimos aspectos la situación cubana es envidiable y muchos la quisiéramos para la mayor parte de los países de “nuestra América”, como la definió el “apóstol” cubano José Martí.
Bien cierto es que hay elementos problemáticos en su sociedad –¿en cuál no?–, también lo es que goza de muchas circunstancias envidiables para muchos otros países: tal es el caso de la educación y la ciencia, de la salud pública y de la medicina en general, el deporte y demás.
Todo ello da lugar a unas condiciones de vida que, en circunstancias normales, abren paso a unas expectativas y calidad que ya quisiéramos para nuestros países.
Es cierto que ahora pasan un mal momento, pero aun así el común de la población goza de un básico nivel que muchos envidiarían. Simple y sencillamente: la pobreza extrema ha desaparecido.
De ahí que considere una obligación moral que los latinoamericanos colaboremos con ella ahora que se ha visto sumergida en una crisis económica como resultado de las trapacerías gringas, por obra y gracia de un gobierno federal de Estados Unidos de América que resulta ser abiertamente fascista.
Por fortuna, muchos mexicanos y naturales de otras naciones están dando muestras de solidaridad que dan la esperanza de que Cuba conseguirá superar las dificultades que actualmente padece por su cercanía con Estados Unidos de América y la ruindad de su administración.












