Victor Hugo y la expresión de su legado
n 1901, los descendientes y amigos cercanos de Victor Hugo (1802-1885) propusieron al ayuntamiento de París establecer un lugar que llevara el nombre del célebre escritor, poeta y figura política, similar a las de Dante, Shakespeare o Goethe. El sitio elegido fue la mansión ubicada en la bella plaza de los Vosgos, donde residió entre 1832 y 1848, y propiedad del ayuntamiento. La iniciativa fue aceptada y se realizaron las obras de adaptación necesarias para convertirla en un museo.
En 1903 fue inaugurado, y en él se encuentran los objetos y colecciones que sobre Victor Hugo y su obra tenían las familias de sus herederos. Con la regalías de la edición final de sus escritos se adquirieron mobiliario y pinturas importantes de la época, a las que se agregaron donaciones de artistas del siglo XIX. El lugar también es testimonio de la dedicación y magnanimidad del destacado dramaturgo, novelista y editor francés Paul Meurice. Fiel seguidor, amigo cercano y su albacea testamentario, durante el exilio de Hugo, gestionó sus intereses y adaptó sus obras al teatro.
El museo alberga miles de pinturas, dibujos, esculturas, grabados, fotografías, manuscritos y una espléndida biblioteca. En una ocasión, Victor Hugo dijo haber nacido para decorador. Esa faceta tan poco conocida del autor de Los miserables se muestra ahora por medio de la exposición Hugo el decorador, en la que también lo descubrimos como arquitecto y diseñador de interiores. Él concebía la decoración como una extensión de su espíritu y su poesía, creando ambientes exuberantes en los que las paredes, los suelos y los techos se convierten en soportes de creación.
Ilustrada con fotografías, dibujos y películas, transmite admirablemente la creatividad casi barroca del poeta. Se descubre la puesta en escena de sus propios decorados o sus reproducciones de objetos de la más diversa procedencia, y a la vez su imaginación gráfica, su obsesión como coleccionista.
La exposición permite descubrir a Victor Hugo de otra manera, y nos hace sentir más cerca de él. Es también una expresión de su vida familiar. Esto último, gracias a los elementos materiales y tangibles que perduran en el corazón del museo.












