Paristas acusan de traidores a gobernadores que apoyan la reforma laboral
Viernes 20 de febrero de 2026, p. 21
Buenos Aires., Extrema violencia y ciudades militarizadas, marcaron el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT), que tuvo un acatamiento de 90 por ciento, al paralizar el transporte público, a lo que se sumaron denuncias del opositor bloque peronista de Unión por la Patria, Izquierda Unida y otros partidos fragmentados, sobre la traición de varios gobernadores, entre ellos algunos de esta corriente, que ordenaron a sus congresistas acompañar al oficialismo y aprobar la reforma laboral impulsada por el presidente, el ultraderechista Javier Milei, que anulará no sólo derechos de los trabajadores, sino regresa al país 100 años atrás.
Esto evidenció que el país vive una dictadura encubierta, una falsa democracia, cuando el Estado controla a los legisladores, la justicia, los medios de comunicación y entrega la nación a Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña, como se ha denunciado, mediante la alianza derechista Juntos por el Cambio (Propuesta Republicana) y Unión Cívica Radical, ambos fragmentados.
Milei, bailando en Washington
Mientras Milei estaba en Estados Unidos, junto al presidente Donald Trump, donde apareció abrazado y cantando con su par Victor Orban, primer ministro de Hungría, en la reunión inaugural de la llamada Junta por la Paz, Argentina vivió una de las jornada más graves, después de las amenazas de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteverde, quien acorraló a la prensa local y extranjera como denunció la Asociación de Corresponsales. La reforma laboral oficialista elimina también el estatuto del periodista y leyes constitucionales.
El paro general se cumplió en todo el país con fuertes movilizaciones en esta capital y en ciudades como Rosario, La Plata y Mar del Plata, entre otras. Jorge Solá, del Sindicato del Seguro, resaltó “el enorme acatamiento del paro general” y recordó que su organización realizó 12 movilizaciones y cuatro paros “en poco más de dos años y un mes del gobierno de Milei”, al destacar que “hemos sido consecuentes y responsables, no solamente en mantener la paz social ante la protesta, la negación al diálogo y los reclamos que hemos hecho, no solamente por las pérdidas de puestos de trabajo, del poder adquisitivo y de las prestaciones de salud, sino por el rompimiento del tejido social y productivo que se lleva adelante”.
Indicó que “este proyecto retrocede 100 años en derechos individuales, colectivos y en la búsqueda que tiene como corazón la transferencia de recursos de los trabajadores hacia el sector empleador”.
Octavio Argüello, de Camioneros, y Cristian Jerónimo, del combativo Sindicato de Empleados del Vidrio, agradecieron a los trabajadores que se adhirieron a la huelga y criticaron, no sólo al gobierno de Milei, sino a los gobernadores y legisladores que apoyaron la reforma laboral.
Argüello advirtió a los diputados: “no traicionen más a su pueblo. Llegaron por el voto de los trabajadores, del pueblo, no lo traicionen porque tenemos memoria”.
Jerónimo señaló que “no vamos a parar hasta que cambie el rumbo político y económico”, y vaticinó que “volveremos a construir una nación que otra vez le dé oportunidad a los 47 millones de argentinos”.
La imagen de una represión extremadamente violenta fue más fuerte, pero similar a lo sucedido la semana anterior contra un escaso número de manifestantes pacíficos, golpeados y brutalmente heridos, entre ellos, varios jubilados, la vanguardia de la resistencia, periodistas y fotógrafos lesionados.
Al cierre de esta edición se libraba una batalla en la Cámara de Diputados con momentos críticos y escandalosos. Se esperaba que el debate se extendiera buena parte de la noche. Quitaron micrófonos a los opositores, con un apresuramiento que evidenció las carreras de último momento de los oficialistas “libertarios” para buscar legisladores y sentarlos, ya que la discusión es punto por punto, y en esto saca a la luz la temible realidad de un proyecto que condena al país a la miseria, la desocupación, la persecución y la barrida de todos los derechos que convirtieron a Argentina en un país respetado.












