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John Saxe-Fernández, el león antimperialista
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on la electricidad “no se juega. No se puede poner ni una parte en manos de empresas extranjeras, y menos en empresas que funcionan desde la jurisdicción estadunidense; es un grave riesgo. La electricidad es un derecho humano”, recordó John Saxe-Fernández en una de sus últimas entrevistas antes de fallecer a causa de una insuficiencia cardiaca, la noche del pasado 5 de febrero, a los 86 años, en su casa del Desierto de los Leones. Hoy, el gobierno de Estados Unidos está asfixiando la fuente de energía eléctrica de Cuba con el bloqueo a las exportaciones de petróleo mexicano y venezolano. Actualmente el concepto de la “presidencia imperial” que John Saxe-Fernández desarrolló es más vigente que nunca para caracterizar el poder que se genera desde la Casa Blanca y que provoca la tensa situación geopolítica regional en el mar Caribe ( Terror e imperio, 2006).

En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM había que preparar la clase lo más puntual y claramente posible sobre el método y la imaginación sociológica del pensador Wright Mills. Se trataba de la primera parte metodológica del seminario de titulación que el ayudante de investigación y docencia tenía que impartir a los estudiantes de los últimos dos semestres de la licenciatura en relaciones internacionales. Una semana después, los estudiantes se integraban a la clase de posgrado de John en la materia geopolítica y geoeconomía del capital.

El esquema pedagógico de John, como él mismo lo recordó en el conversatorio-homenaje organizado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) con estudiantes el 22 de enero de 2025, fue el mismo que aprendió en sus clases de teoría crítica del filósofo germano-estadunidense Herbert Marcuse.

La intensidad –y a veces explosividad– de John al analizar los temas de estudio impactaban en estudiantes y al público que lo escuchaban. Era como presenciar a alguien que había vivido y conocía las entrañas del “complejo militar industrial” del imperio estadunidense.

La familia paterna de John era de origen ruso y profesaba el judaísmo; había migrado desde San Petersburgo a Nueva York a principios del siglo XX. Tiempo después su madre y padre lo concibieron en Cartago, Costa Rica, donde a la edad de 18 años ingresó como militante en el Partido de Liberación Nacional de José María Figueres. El abuelo de John trabajaba en la empresa eléctrica de Costa Rica. De ahí su tenaz inspiración en la administración de la energía como política de Estado.

Como lo recordó John en esa reunión en el CEIICH, su tía abuela, quien vivía en Nueva York, lo había impulsado a estudiar en Estados Unidos. En la Brandeis University de Boston se encontró con la teoría crítica de Herbert Marcuse. En ese programa, el ayudante impartía la primera clase y 15 días después era el turno de Marcuse. Esa misma era la forma de trabajar de John con su equipo en la UNAM. Confiaba en su gente, colegas, amigos y correligionarios ideológicos.

“La indignación es un acto de amor”, espetó en una ocasión John. Esa frase atravesó su juventud cuando se enteró, a los 14 años, de la trágica historia del despojo de más de la mitad del territorio mexicano por Estados Unidos como consecuencia de la guerra entre 1846 y 1848. En 2002, ya como profesor investigador de la UNAM y naturalizado mexicano, publicó una de sus obras primordiales, La compraventa de México, donde hizo una sociología de las élites de ambos países en el proceso de acumulación del capital neoliberal. Así, en el ámbito internacional, una de las notables aportaciones de John ha sido indudablemente el vínculo entre el análisis de ese “complejo militar industrial” y su aplicación no sólo en América Latina en la segunda mitad del siglo XX durante el intervencionismo estadunidense, sino también en las guerras en Vietnam, Afganistán e Irak.

“Estados Unidos todavía piensa que América Latina es su finca de donde puede extraer los recursos naturales”, comentó John el año pasado mientras continuaba la guerra entre Rusia y Ucrania, en pleno ataque genocida contra la franja de Gaza y cuando comenzaban las amenazas directas contra México y Venezuela. En esa entrevista, expresó que el capitalismo está en una crisis extrema, agudizando la lucha de clases e incrementando el orden de probabilidad de más guerras. Inspirado en parte por Paul Sweezy, para John la fase de acumulación del capital que provocó las intervenciones de Estados Unidos en otras regiones del mundo durante el siglo XX se explicaba por el desarrollo del capital monopolista que extrae energéticos fósiles y que en los años recientes ha promovido el negacionismo del cambio climático. Impone así la relación de poder con una “unilateralidad agresiva”, en el contexto de la crisis hegemónica de la potencia militar. “Estamos siendo amenazados brutalmente (por Estados Unidos) y nos ofende a todos (…) Es un momento histórico; estamos en medio de una agresión imperialista”, explicaba John con expresividad y firmeza, como queriendo morderle la yugular al imperio.

En cerca de 14 libros publicados y en sus intervenciones John hacía especial hincapié en la órbita imperial y su materialización en el Comando Norte de Estados Unidos, cuya geografía comprende a México y a Cuba. Hoy, como ha narrado en estas páginas Luis Hernández Navarro desde La Habana (11/2/26), la política de bloqueo del petróleo a la isla caribeña atenta contra la vida de enfermos y niños en hospitales y clínicas. Ahora vemos y sentimos los efectos de dicha estrategia sin máscaras y con la erosión del derecho internacional.

En su último artículo en La Jornada, “COP30: sombras y luces”, John criticó el enriquecimiento extremo de la plutocracia y el sometimiento a los combustibles fósiles, dentro del contexto de lo que llamó “el colapso climático antropogénico en curso”. Hace algunos años, John se había afiliado a Morena por cierta afinidad de principios estratégicos respecto a la política energética nacional. Sin embargo, en una entrevista publicada por Pepe Sobrevilla (20/6/25) protestó: “Tenemos silencios que no conviene tener. No recibo información del partido sobre cómo es la lógica legal internacional que va a usarse en esa transformación (4T)”. Ahora que habrá negociaciones para remplazar el T-MEC resulta trascendente vigilar, cuestionar e incluso impedir la entrega de cualquier milímetro de soberanía, independencia y libertad en México.

Las exportaciones de hidrocarburos de Venezuela ya volvieron a la órbita imperial estadunidense y la amenaza se cierne sobre México. El pueblo de Cuba está en la asfixia energética. Hoy, aunque de desiertos y partidos políticos se trate, es preciso seguir acudiendo al viejo John, aunque en soledad se tenga que esperar casi 100 años para ser tan sabio como un león en el vasto oasis antimperialista.

* Ayudante de investigación y docencia de John Saxe-Fernández (2007-2008); actualmente es profesor en la Universidad de Nuevo México.