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Isocronías

Miguel, poeta nayarita

E

l zenzontle: “En la mañana verdegris de abril / canta extasiado / como sus ancestros / parado en la plebeya rama / de un guamúchil”… Así comienza este poema del recientemente fallecido –en su natal Jala (o Xala), Nayarit–, Miguel González Lomelí, a los 86 años de edad. Y continúa: “Hipnotizado caigo al pozo luminoso / de donde brota la insensata / invención de su canto // Lo busco. Me acerco. Me ve y calla // Displicente emprende el vuelo / va a parar lejos, en un mezquite // Ahora las centellas de su trino / se deshacen en la bruma negroazul / del Ceboruco”. El texto parece tener tres finales: en “guamúchil”, en “Ceboruco” y el remate, con los versos: “Ya no puedo acercarme / al misterio de plumas / La autopista se interpuso entre los dos”. Algunos se habrían contentado con la primera estrofa, algunos otros hubieran cerrado en la quinta, y Miguel sin perder pulso llegó hasta la sexta.

Doña Luisa: “Baja del Ceboruco / con sus ochenta y cuatro años / refrescados / aunque el sol se clave en medio del día // Trae en la cabeza un balde / repleto de nopales // A diario deja el pueblo / y sube a las faldas del volcán / en busca de guayabas o aguamalas / de popotes para las escobas / o a pepenar en los sembrados / el maíz o el cacahuate / que dejan los campesinos / cuando la pizca terminó // Trae en su voz y en su mirada / un halo primitivo y fecundo / que viene de muy lejos // Cuando el sol centellea en lo alto / del cielo de Xala / entra por las calles arenosas / como ellas, en silencio / Parece un fantasma de luz”.

González Lomelí, de formación normalista, es referente indispensable en el ámbito educativo nayarita, aunque no sólo. Cuando lo conocí era apicultor, cosa que me maravilló. Con estudios en sicología y pedagogía, fue asimismo director de dos escuelas técnicas y catedrático en la Universidad Autónoma de Nayarit. Se le recuerda como un excelente maestro y ser humano. Sobrevivió al temblor del 85, vivía en el edificio Nuevo León, y no mucho después sufrió un cáncer que también superó. Como docente, poeta, cronista e investigador escribió varios libros, entre ellos Tema y variación y Otra vez la luz.

La Comunidad de Artistas e Intelectuales de Nayarit me invitó, todavía siglo XX, a dar un taller de poesía. Año y medio luego de recibirme en el aeropuerto, Miguel confesaría que al sólo verme se dijo: “¡Nos equivocamos!” Muy buen camino.