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Circunstancia y decisión
L

as dudas, críticas y seguridades al oficialismo por la ayuda a una Cuba atribulada, coinciden, internamente, con tensiones que afectan la unidad de Morena y al mismo gobierno. A la ya casi tradicional oposición a todo lo que huela, imaginen o, en efecto, suceda alrededor de la isla, ahora se suman acciones coordinadas de la derecha nacional. Se siente fortalecida y apoyada por su versión internacional.

La actual oposición derechista, derivada de la tradicional postura de colaboración mexicano-cubana, se ha visto, en días recientes, renovada y sumamente activa. Sus personeros no son militantes de la oposición partidaria, sino actores difusivos, ya sean éstos, individuos incrustados en la academia, formando grupúsculos sociales o dentro de medios de comunicación, incluyendo a ciertas instituciones empresariales (ver Carlos Fazio, La Jornada, 16/2/2026). Su reciente coincidencia –tal vez coordinada– fuerza a un cuidadoso tratamiento decisorio. Aunque, por recientes sucesos, que ciertamente marcan la actualidad del país, se les debe dar formulación político informativa exhaustiva.

Cuatro sucesos oficiales que involucran a individuos de la vida pública tuvieron lugar en estos movidos días, dos de ellos de altos vuelos y distintos orígenes. Uno, coordinador en el Senado de la fracción de Morena; el otro, funcionario principal de la fiscalía del país. Ambas remociones eran esperadas con entendible urgencia. Las promovían desde el interior del movimiento renovador u opositores con inseparable ahínco sospechoso. Uno y otro, considerados herencias negativas del pasado. De todo este embrollo se han derivado efectos diversos, pero, en general, enfilados a la renovación del ambiente de Morena y el oficialismo.

Los otros dos personajes restantes no ocupaban niveles de primera línea burocrática. Uno, funcionario de tercer orden en la Secretaría de Educación Pública, estuvo encargado de los cruciales textos gratuitos; el otro ejercía como director del CIDE, es decir, del Centro de Investigación y Docencia Económicas; ambos con varios años al frente de esos relevantes organismos. Sendos grupos, activos en la vida pública nacional, no dejaron momento alguno para insistir en su separación. La totalidad de éstos de franca orientación neoliberal, sin soslayar las más extremas versiones de esa corriente. Su impacto en el presente obedece no tanto a que hayan sido removidos, sino que ello fue debido a sus bien conocidas posturas ideológicas; ideas y posiciones compartidas con activos grupos de militantes de las izquierdas nacionales; ambos personajes conectados con influyentes y relevantes líderes morenos.

Esta coincidencia, al inicio del segundo año del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, ha complicado la visión de su presente, pero, particularmente, la del futuro. Posiciones oficiales que, hasta este día, son compartidas por la población mayoritaria, aunque ello no exento de revisión continua. En un primer acercamiento a esta problemática, que ciertamente ha nublado el panorama, aparece la interrelación entre la decisión de auxiliar al pueblo cubano con los castigos prometidos por Donald Trump. Arriesgar afectar la marcha nacional por la continuidad del auxilio petrolero a la isla era y es de serio riesgo inminente. Aun así, duras fuerzas internas votan por no ceder ante la presión, pues equivaldría, alegan, a manosear la soberanía y los principios justicieros. La conclusión llevaría a una administración, que se juzga transformadora, a verse medrosa para aceptar los riesgos acarreados por las transformaciones prometidas. Lo que ha quedado en la trastienda informativa del oficialismo exige puntualidad. No está claro que el despido de estos activistas sólo obedeció a problemas por su accionar burocrático. Si lo fueron por desacuerdos ideológicos, el asunto quedaría prendido a un imaginario que no coincide con la apertura y el respeto a las diferencias. Esto último es delicado para la vida interna de Morena y el pensamiento y la visión de la Presidenta. Las manifiestas y ruidosas alegrías de la derecha difusiva por los despidos obligan a saldar motivaciones. Éstas requieren precisiones que no se saldan, sino se complican, con los ofrecimientos de embajadas; datos laterales que confunden en lugar de asentar respeto por la dudosa importancia del individuo.

Mientras haya continuidad en este embrollo habrá efectos negativos concomitantes para todos los involucrados. Las perspectivas que invoquen seguridades para un desarrollo económico mejorado y justiciero son prioritarias. Dar cauce y control a este tipo de problemas de orden político no tiene que constituirse en escollo para crecer. Para ello es requerido sensible trasteo operativo que corra al parejo de toques sin titubeos. Es decir, visualizar, desde una variada perspectiva, el liderazgo cupular de una nación que lo demanda.