Opinión
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La resistencia interna contra Donald Trump
E

l segundo triunfo electoral de Donald Trump dejó un tanto inmovilizada a la oposición política y de la sociedad civil. Al iniciar frenéticamente su nuevo periodo presidencial y hacer efectivas promesas de campaña para restaurar la, llamada por él, grandeza americana, paulatinamente han ido acrecentándose acciones de resistencia en distintos espacios de la sociedad estadunidense.

Al comienzo de la nueva administración trumpista escribí en estas mismas páginas: “Es casi imposible que el restauracionismo pueda alcanzar su objetivo, pero quienes buscan avanzar mirando hacia atrás van a intentar por distintos medios construir un paraíso excluyente, en el que sólo haya cabida para ellos. Las movilizaciones para mantener cerrada la caja de Pandora, que jubilosamente Trump quiere abrir del todo, tendrán que fortalecerse y ser creativas, en particular dentro de Estados Unidos. La clase política que se opuso a Trump en 2024 está pasmada; su derrota electoral sigue causándole estragos. Ante esto es el tiempo de las organizaciones civiles, los proyectos comunitarios y ciudadanos que no solamente puedan contener la oleada que amenaza con llevarse logros y garantías que se daban por inamovibles, sino que sean capaces de abrir cauces para el advenimiento de un orden social más generoso para todos” (“Trump: el avance del retroceso remasterizado”, https://www.jornada.com.mx/2025/03/05/opinion/023a2pol).

Hay varias razones por las cuales Trump está perdiendo apoyo en grupos que antes lo respaldaron. Una de ellas es el desencanto entre quienes no vieron que las políticas impulsadas por el candidato republicano tendrían graves consecuencias para ello(a)s. Ha sido así en el caso de los votantes latinos, entre los cuales si bien la candidata demócrata en 2024, Kamala Harris, cosechó 53 por ciento de los votos, por su parte Donald Trump obtuvo 45 por ciento, 10 puntos porcentuales más que cuando fue derrotado en 2020. Lo(a)s sufragantes latinos que favorecieron a Trump muy pronto tuvieron evidencias de la política migratoria que se lanzó no nada más contra ello(a)s, sino también tuvo afectaciones en personas y familias que estaban protegidas por programas que permitían su estancia legal en Estados Unidos.

El sistema electoral estadunidense es engañoso, ya que si solamente se constatan las cifras de los votos electorales, la conclusión, como en 2024, es que Donald Trump tuvo un triunfo arrasador. Kamala Harris se hizo de 226 votos electorales, mientras Trump, de 312. El voto popular fue de 48.3 por ciento para ella y 49.8 para él. La diferencia fue 1.5 por ciento. En realidad prácticamente la mitad rechazó el programa político de Trump. Ahora todas las encuestas muestran claramente que la aprobación ciudadana al gobierno desciende conforme avanza su cuatrienio; así lo muestra el sondeo del prestigiado Pew Research Center publicado a finales de enero, en el que 37 por ciento respalda la gestión del presidente. Falta consolidar con votos el descontento en las elecciones del próximo noviembre, en las cuales se dirimen 435 puestos en la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado.

La organización de opositore(a)s en Estados Unidos a Donald Trump gana terreno en medios tradicionales y alternativos; unos y otros han dado espacio a encarcelamientos y deportaciones exprés que violan el debido proceso al que tienen derecho las personas. Las redadas han levantado protestas entre quienes no son los objetivos primarios de los agentes antinmigrantes, porque los operativos son efectuados con tales niveles de agresividad que mueven a la indignación de ciudadano(a)s contrarios a la criminalización de lo(a)s que buscan espacio dentro de una sociedad forjada por migrantes. Las bien organizadas redes de activistas que se anteponen a los agentes de ICE para que no puedan efectuar operativos no solamente evidencian en distintas partes de Estados Unidos la forma en que aprehenden a infantes y adultos, sino que también han tenido repercusiones trágicas como la muerte en Mineápolis, a manos de integrantes de ICE, de Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti.

Es conocida la derecha evangélica embelesada con Donald Trump, menos lo es la corriente que desde sus valores de fe es decididamente contraria al trato inhumano e históricamente ha construido formas de proteger a los perseguido(a)s. En tal tradición nacieron redes que facilitaron en el siglo XIX la huida de esclavo(a)s del sur de Estados Unidos al norte mediante el conocido como ferrocarril subterráneo. Ahora se han sumado a las iglesias históricas de paz (cuáqueras, anabautistas/menonitas, entre otras) sectores de diversas denominaciones, incluida la Iglesia católica, que destinan santuarios para la defensa legal de los migrantes y hacen acopio de alimentos para distribuirlos en hogares donde están recluidas familias que no salen por temor a ICE.

En el mundo artístico y cultural es vigorosa la oposición al supremacismo de Donald Trump. Actores y actrices de renombre, dentro y fuera de los foros cinematográficos, son implacables contra la arrogancia del poder trumpista. Incluso empresario(a)s resisten las presiones del presidente y lo desafían, como hicieron los patrocinadores del Supertazón al negarse a eliminar del programa a Bad Bunny. Esto último, que pudiera parecer anecdótico no lo es, porque por cauces inesperados se abre paso una realidad más amplia que la deseada por Trump.