El gran espectáculo
maginen a todos los mexicanos pegados al televisor durante más de tres horas; o a la tercera parte de los gringos en las mismas condiciones. Los únicos momentos de descanso son para ir al baño o para conseguir una hamburguesa, un guacamole mexicano o una cerveza. Algo parecido pasó en el reciente Supertazón, cuando 133.5 millones de espectadores vieron este espectáculo en tiempo real.
La derrama de recursos que generó el evento fue de miles de millones de dólares. El costo de un anuncio de 30 segundos fue en promedio de 8 millones de dólares, contra 3 millones en 2010. Se trata del espacio de televisión más cotizado, no sólo en Estados Unidos sino a escala mundial, en el que se dan cita grandes marcas para presentar sus productos. Junto con el anuncio en televisión se preparan contenidos digitales, manejo en redes sociales y una exposición en todo tipo de medios de difusión.
La visibilidad que alcanza el partido marca el valor de los equipos. En orden descendente, los cuatro equipos más valiosos se cotizan como sigue: Vaqueros de Dallas, 13 mil millones; Carneros de Los Ángeles, 10.5 mil millones; Gigantes de Nueva York, 10.1 mil millones, y Patriotas de Nueva Inglaterra, 9 mil millones de dólares.
El evento no sólo generó carretadas de dinero, sino transformaciones en la vida y mentalidad de los espectadores. Cada anuncio creó expectativas de consumo, pero lo más importante desde la perspectiva social es el impacto que causó el espectáculo de Bad Bunny en el medio tiempo.
Un territorio olvidado entre la mayoría de estadunidenses, como es el caso de Puerto Rico, mostró parte de su cultura. Esta isla es y no es Estados Unidos. No es un estado de esa nación, pero tampoco tiene independencia de la gran potencia desde 1898.
El espectáculo de medio tiempo recuperó la memoria histórica de un pueblo, dio a conocer una realidad alterna, se convirtió en un acto de protesta y de fuerza, en un movimiento de resistencia y de diferenciación frente a la América anglosajona.
Puede gustar o no la música de Bad Bunny, pero el evento fortaleció la identidad de Puerto Rico. Además, abrió un espacio para dar a conocer parte de la cultura latinoamericana que paso a paso gana fuerza en Norteamérica.












