A la chita callando
ientras el Kremlin, convencido de que cuenta con el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, más interesado éste en colgarse medallas como mediador que en resolver conflictos bélicos, sigue obsesionado con imponer a Ucrania su ultimátum de capitulación para dar por terminada su “operación militar especial”, la Casa Blanca comienza a llenar el vacío que Rusia se ve obligada a dejar en la órbita de sus “intereses vitales”.
Estados Unidos –a la chita callando– está entrando con fuerza en una zona antes vedada como es el Cáucaso del sur, formado por tres repúblicas ex soviéticas: Georgia, distanciada de Moscú desde la pérdida de Abjasia y Osetia del sur, que se declararon independientes con el apoyo del ejército ruso; Armenia, que se decía aliada de Rusia para conservar Nagorno-Karabaj, enclave azerí en suelo armenio; y Azerbaiyán, que ganó la guerra con los armenios ante la pasividad de los rusos y el apoyo decisivo de los turcos.
De repente apareció Trump en el centro de la foto de la ceremonia de firma del tratado de paz entre Armenia y Azerbaiyán, en Washington, y empezó a hablarse de las bondades del corredor de Zangezur que Estados Unidos va a construir, y proteger con paramilitares, para unir territorio azerí, atravesando suelo armenio, con su exclave, la república autónoma de Najicheván.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, acaba de visitar Ereván y Bakú para ofrecer, cual Santaclós de Ohio, grandes proyectos de cooperación en áreas como la energía nuclear con fines pacíficos y la construcción de una supercomputadora y centro de datos, o sectores como desarrollo de la inteligencia artificial y venta de armamento moderno (drones para Armenia; lanchas costeras para patrullar el mar Caspio para Azerbaiyán).
Afianzarse en el Cáucaso del sur para Estados Unidos es, además, una maniobra geopolítica para eludir la red de rutas comerciales que está creando su gran competidor en el espacio postsoviético, China, que por medio de inversiones millonarias lleva años expandiendo su presencia en las repúblicas ex soviéticas de Asia central.
¿Y Rusia? Nada puede hacer para impedir que otros ejerzan el papel protagónico que debería corresponderle como sucesor de la Unión Soviética, de no agotar todos sus recursos en la guerra contra Ucrania.











